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Mensaje en la botella

Elecciones municipales: ha pasado un año

A algunos les parece que fue ayer y otros no se creen que solo haya pasado un año desde las últimas elecciones municipales. Pues así es. Casi 365 han transcurrido desde que los cordobeses fuimos a votar en lo que un servidor considera uno de los procesos electorales más importante, como es designar a los concejales de tu pueblo o ciudad. Ojo. Y digo concejales, porque como he repetido en más de una ocasión, los ciudadanos no elegimos directamente a alcaldes o presidentes. Son los plenos y los parlamentos lo que tienen esa potestad, pero nosotros no, por mucho que haya quien quiera confundir y engañar tirando de demagogia. Aunque hoy las prioridades de los vecinos son otras, sobre todo por lo que estamos padeciendo con la crisis sanitaria del covid-19, lo cierto es que la renovación de los ayuntamientos sigue siendo un acontecimiento que genera interés, porque son los entes locales los que marcan gran parte de nuestro día a día.

¿Y qué pasó en Córdoba? Pues que hubo sorpresas y decepciones, como casi siempre. En la capital, la candidatura del actual alcalde, José María Bellido (PP), dio el campanazo y ganó los comicios claramente, al obtener nueve de los 29 sillones de Capitulares, mientras que el PSOE de Isabel Ambrosio subió a ocho, la lista de Ciudadanos de Isabel Albás llegó a cinco, la de IU de Pedro García bajó a tres, la de Vox de Rafael Saco sumó dos y la de Podemos de Cristina Pedrajas logró otros dos. En fin, la confirmación del bibloquismo entre derecha e izquierda, de manera que se abrió una nueva etapa en el Ayuntamiento con Bellido a la cabeza tras cuatro años de cogobierno de izquierdas entre PSOE e IU.

¿Y en la provincia? Pues las urnas la mantuvieron pintada de rojo y el PSOE fue la fuerza más votada en ciudades clave como Lucena, Puente Genil, Palma del Río o Montilla y arrasaron en muchos pequeños municipios. De 907 concejales en pugna en todos los ayuntamientos, los socialistas lograron 405; el PP, como segunda fuerza, consiguió 259 ediles, e Izquierda Unida quedó tercera con 135 actas. Ciudadanos se quedó con 23 ediles. El PSOE logró 33 alcaldías con mayoría absoluta y en otros 11 municipios ganó con una mayoría relativa. El PP obtuvo la mayoría absoluta en 11 localidades -dos con relativa-, mientras que IU logró diez ayuntamientos con claridad. Además de Córdoba, los populares ganaron con claridad en Priego, Cabra y Pozoblanco.

También se conformó un nuevo gobierno en la Diputación -esencial para los pequeños municipios- con una reedición del pacto entre PSOE e IU, de manera que Antonio Ruiz se aseguró cuatro años más en la presidencia del Palacio de la Merced, en cuyo plenario se estrenaron Ciudadanos y Vox. Eso es lo que votamos los cordobeses y es el panorama político que tenemos en nuestros municipios hasta 2023. Por ello, de nada sirve pensar que si hoy se repitieran esos comicios, el resultado sería otro.

Más allá de hacer un recordatorio de lo que pasó hace un año, el grado de responsabilidad de quienes salieron elegidos ese día continúa siendo el mismo. Si me apuran, incluso más que entonces, porque la crisis sanitaria del covid-19 está causando estragos no solo en la economía en general, sino en la de muchos hogares que se ven en serias dificultades para atender necesidades tan básicas como la alimentación. Esos más de 900 hombres y mujeres que nos representan en los plenos de los 77 ayuntamientos de la provincia adquirieron un compromiso que ahora más que nunca deben cumplir, cada uno en el papel que les otorgamos los ciudadanos y la aritmética de cada corporación. Bien está mirar atrás, reconfortarse en el triunfo de aquel día o lamentarse de la decepción por no haber logrado su propósito, pero ante todo deben mirar por el bien general y orillar egos e intereses partidistas.

Ahora que nuestra vida se mide en clave numérica y en fases, a ver si logramos eludir la fase confrontación para entrar en la del diálogo y la concordia, que buena falta nos hace. Y ya de paso, que todos aparquen también la política ficción, que para eso ya tenemos Encuentros en la tercera fase, que es una película menos aburrida que lo que algunos proponen.

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