Córdoba CF - Real Murcia | La crónica Como un equipo menor (2-2)

  • El Córdoba pierde una ocasión de oro para relanzarse en la tabla al pinchar en casa ante un igual

  • La expulsión de Valverde, errores graves y una incapacidad alarmante anulan el doblete de Willy

Los jugadores del Córdoba CF protestan la expulsión de Carlos Valverde.

Los jugadores del Córdoba CF protestan la expulsión de Carlos Valverde. / Juan Ayala

Apenas seis horas le duró al Córdoba CF la ventaja de depender de sí mismo para alcanzar su objetivo de terminar entre los tres primeros la primera fase de la temporada. Porque aunque ahora lo vean tercero en la clasificación, el empate a puntos con el Sevilla Atlético y el Betis Deportivo no le favorecerá cuando se sellen los duelos directos en las dos jornadas que restan. Dos finales que los blanquiverdes volverán a jugar en el alambre, mirando de reojo lo que hacen otros, pero sabiendo que lo principal es lo propio, lo que está en su mano. Y ahí, aunque cueste decirlo, es donde está el principal problema. Y no de ahora, desde hace meses.

Porque creer en este equipo cada día que pasa se hace más difícil. Verlo en El Arcángel jugar como si fuera el visitante, con más respeto del que se merecen los rivales ya desde el planteamiento inicial, duele mucho. Da igual que se adelante en el marcador, como lo hizo dos veces ante el Real Murcia; da igual que se quede en inferioridad, como le ocurrió ante el cuadro grana por una locura de un Carlos Valverde que hace mucho tiempo que no está (y ya para qué esperarlo); da igual que junte en el campo a jugadores con pies y cabeza para mandar, porque hace ya mucho que se ve como un equipo menor. Y eso, que podría valer ante el líder, no puede ser sostén siempre, menos cuando puedes eliminar al que te persigue en la tabla. Porque si no, es muy complicado aspirar a cotas altas, ser ambicioso.

Porque de un tiempo a esta parte, como si fuera una cerilla, la fiabilidad del grupo se ha ido apagando, y ya casi ni se ve. No hay señal de la confianza propia ni en el de al lado. No hay capacidad para tener pelota, dominar, tirar de calidad... No hay tampoco seguridad cerca del arco propio. Y todo eso provoca lo que se viene repitiendo semana tras semana en el verde, donde solo una chispa de suerte, una genialidad o un regalo del enemigo permiten agarrarse al objetivo, ese al que nadie quiere renunciar, si bien que cada partido que se consume está un poco más chungo. Y decir eso en marzo es una patada en los mismísimos.

Más allá de otros resultados, ajenos, nada cambiaba para el CCF. Ni la obligación de ganar ni la vía elegida para conseguirlo. Las dos semanas de parón y aquella agónica victoria ante el líder no fueron suficientes para devolver alegría a un equipo incapaz hasta de soltarse ni con el apoyo de la grada, donde las voces del casi millar de aficionados intentaban multiplicarse. De nuevo el plan pasó a ser jugar dejando hacer al rival, como suele ocurrir cuando toca actuar a domicilio ante quien crees mejor, aunque con algún matiz: intentos de presión en bloque alto y bloqueo de los pivotes para obligar a los centrales a sacar la pelota.

Willy celebra el primer gol del Córdoba CF. Willy celebra el primer gol del Córdoba CF.

Willy celebra el primer gol del Córdoba CF. / Juan Ayala

Pero Loreto se sabía bien la lección y por eso alineó de partida a tres mediocentros, para tener donde elegir y tiró a la izquierda a un punta como Fuentes para luego buscar el área con un apoyo cercano a Toril. Ante un conjunto blanquiverde demasiado respetuoso, demasiado temeroso, que se excedía a la hora de flotar en lugar de atacar al jugador con posesión, el Murcia avisó pronto, con un testarazo de su pichichi que atajó sin problemas Edu Frías. Era solo el minuto 3 y se empezaba a ver incómodos a los locales, a los que les tocaba de nuevo correr mucho tras la pelota por su alarmante incapacidad para tenerla, para mandar.

Daba igual la vuelta de Mario y Del Moral a la medular, o la presencia de dos extremos profundos (Valverde y Nahuel), porque el problema va más allá de los nombres. Y pasa por una preocupante falta de confianza, por una carestía de valentía al pasar a campo contrario. Así, las armas para crear peligro pasaban por exprimir un fallo del adversario, una transición rápida, el juego directo... o el balón parado. Y así, tras un nuevo susto grana por una falta de entendimiento entre Frías y Jesús Álvaro a la hora de defender un balón cruzado, llegó el 1-0. Casi de la nada. Farrando puso en el área un saque de banda largo, Edu Luna se la comió ante Del Moral y su toque hacia atrás lo empujó a la red Willy anticipándose a todos en el área chica.

Verse con ventaja podía ser toda una bendición, un chute de autoestima. Pero lejos de aprovecharlo, el Córdoba siguió bajo el mismo guion, permitiendo la salida cómoda de un oponente que empezó a dar pasos al frente, sin capacidad para aguantar posesiones de más de tres pases salvo en campo propio, con excesivos nervios y sensaciones difusas, cuanto menos. Así, los visitantes no tardaron responder con un disparo de Molinero que se escapó cerca del poste y un testarazo de Fuentes que salió fuera. Dos avisos que tuvieron respuesta con un cabezazo de Valverde -tras la primera jugada combinativa con criterio, culminada con un envío al segundo palo de Álvaro- y otro de Alberto del Moral nuevamente resuelto por Champagne.

Esas cuatro llegadas, repartidas equitativamente, parecían romper el partido. Todo lo contrario. La pausa, en exceso, del equipo de Pablo Alfaro, con una costumbre de apoyarse de continuo en un dubitativo Edu Frías para terminar obligándole a pegar el pelotazo ante la presión pimentonera, y el buen trabajo de desgaste de la última línea de resistencia local, fueron como un cubetazo lleno de cubitos. La batalla pasó a estar lejos de las áreas más de un cuarto de hora hasta que una salida de Gurdiel por la derecha sin oposición terminó con un buen centro que Toril cabeceó a la red, junto al palo, tras ganar el salto a un contemplativo Djetei.

Era el justo premio a la mayor exposición ofensiva del Murcia, sin que tampoco fuera para tirar cohetes. Un tanto que a punto estuvo de tener una continuación aún peor, pues una internada en el área de Abenza la cortó Djetei en falta sin que el árbitro quisiera saber nada y, por tanto, perdonando un penalti de libro. Con todo, el CCF fue capaz de levantarse y antes del descanso lo intentó con una buena incorporación de Álvaro que Ródenas no pudo empalar bien; un chutazo desde la frontal de Alberto del Moral sin dirección, y otro de Willy con idéntico final. Jugadas aisladas que obligaban a hacer otra cosa diferente tras el descanso.

De una falta en contra, el gol del empate

Visto lo visto, la escuadra cordobesista encaró el segundo periodo con algo más de descaro. Sin soltarse en exceso, los locales llegaron a manejar algo más la pelota de salida, y no tardaron en volver a golpear, otra vez en su primera aproximación. Jesús Álvaro creó superioridad por su costado y Mario Ortiz, desde el otro perfil, culminó la jugada con un derechazo raso que Champagne despejó dejando la pelota dentro del área; Willy, al quite, no desaprovechó el regalo y con un zurdazo de volea devolvió la ventaja a los suyos.

Había que ver cómo gestionaba ahora la renta el Córdoba. Porque, lógicamente, el Murcia apretó tras verse de nuevo por debajo. Loreto empezó a ajustar cosas con la gente de refresco, si bien el principal cambio en el partido llegó con una absurda entrada a destiempo de Valverde a Molinero que le costó la segunda tarjeta y dejó al CCF con diez. Moussa llevaba unos segundos en la banda preparado para entrar y quizás ese iba a ser el relevo, pero... ya nunca se sabrá qué hubiera pasado.

Luismi intenta superar a un rival en el tramo final del encuentro. Luismi intenta superar a un rival en el tramo final del encuentro.

Luismi intenta superar a un rival en el tramo final del encuentro. / Juan Ayala

Porque de lo que pudiera haber sido, hay que pasar a lo que acabó siendo. Y no hubo que esperar mucho, ya que de una falta a favor, con los centrales incorporados para buscar la sentencia con el tercero, se dio paso al empate por una cadena de errores que no tiene perdón en un equipo profesional. Jesús Álvaro, elegido para poner la bola en juego, se cambió al perfil contrario, pero su envío fue largo, a las manos del portero, que lanzó la contra; cuatro para tres, y como en otras tantas acciones, nula capacidad para hacer lo correcto y cortar el avance grana, que llegó a los pies de Gurdiel y terminó en la red para poner el 2-2.

Quedaba poco menos de media hora, con tablas y en inferioridad. Alfaro cambió hombre por hombre para mantener el 4-4-1 sobre el verde e intentar cazar alguna a la contra con Piovaccari, Moussa Jr. o Luismi, ya que el control de la pelota era ya totalmente de los pimentoneros, aunque sin más peligro del que ya crean de por sí los continuos balones al área, la mayoría bien defendidos, minimizando las opciones de remate. El crono consumía minutos sin que pasara nada hasta que Piovaccari recogió un balón en la medular y lanzó un contragolpe con Sidibé a su lado y con todo a favor para definir... si el italiano se la hubiera dado, pero no lo hizo, se la jugó en solitario y no llegó siquiera a rematar. El enfado del africano -y del resto- fue mayúsculo.

Así murió la última del Córdoba en un partido en el que terminó en su área, empujado por el Murcia, que sin exponer demasiado, cogido con el gancho, mirando tanto para atrás como para adelante, dando por buena la igualada. Un empate que mantiene a ambos en la pelea, pero dependiendo de terceros, para mirar a las tres primera plazas de una clasificación que ahora mismo sitúa terceros a los blanquiverdes. Pero esa no es la situación real tras un nuevo error en El Arcángel en el que volvió a mostrarse como un equipo pequeño, y eso es precisamente lo que más frena cualquier atisbo de optimismo para lo que queda.

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