Córdoba CF

De la cima a la sima: seis años de un turbio viaje para el Córdoba CF

  • El club 'celebra' el aniversario de su última gran gesta planificando un nuevo curso en Segunda B

  • La ilusión que transmite el proyecto de Infinity debe lidiar todavía con innumerables obstáculos

Uli Dávila empuja a la red anticipándose a Barbosa el balón que selló el 1-1 y el ascenso del Córdoba CF. Uli Dávila empuja a la red anticipándose a Barbosa el balón que selló el 1-1 y el ascenso del Córdoba CF.

Uli Dávila empuja a la red anticipándose a Barbosa el balón que selló el 1-1 y el ascenso del Córdoba CF. / El Día

Desde el verano de 2014, el 22 de junio es un día señalado en rojo en el corazón de todo cordobesista. Ese día, casi caído del cielo, el Córdoba CF agarró un ascenso en el que ni los más optimistas soñaban. "Pelayo se da la vuelta, la cuelga, Raúl Bravo remata, la toca Barbosa... goooooollll de Uli, gooooolll de Uli Dáaaavilaaa", es la frase que aún hoy remueve a los aficionados blanquiverdes a pesar de que desde entonces las penas han sido muchísimas más que las alegrías en un viaje, turbio, de seis años entre la cima y la sima del fútbol nacional.

En poco más de un lustro, El Arcángel ha pasado de ver en sus vestuarios a todopoderosos como el Real Madrid y el Barcelona, a dar la bienvenida al Villarrubia y el Villarrobledo, con todo el respeto que merecen estos dos modestos clubes que en solo unos meses volverán a ser compañeros de viaje del Córdoba en la nueva normalidad en la que entrará la Segunda División B. Al menos compartirán categoría, aunque habrá que ver si también subgrupo, dentro de la revolución (nefasta) que se ha empeñado en hacer la Federación Española que comanda Luis Rubiales.

Porque lejos de aprovechar el impulso de estar en la élite, aquel ascenso apenas sirvió para empujar más hacia el pozo a una entidad maltratada por unos gestores más pendientes del beneficio propio que del bien de un club que ahora intenta reconstruirse de nuevo, pero con mil obstáculos que sortear. A la habitual inestabilidad y la falta de proyecto, reflejada en el continuo vaivén en las plantillas y órganos directivos, se suman las batallas en los juzgados con un trasfondo en el que el fútbol ya es lo de menos, si es que alguna vez tuvo un papel predominante.

Contra todo eso le toca lidiar ahora a Infinity, salvavidas por una vía extraordinaria –la novedosa y arriesgada adquisición de la Unidad Productiva de la antigua SAD– el pasado diciembre y que ahora tiene que multiplicarse entre salvar las continuas zancadillas de los que antes estuvieron en la poltrona -o cerca del poder- y las propias que otorga la normativa deportiva, y la planificación de su primer proyecto bajo su mando absoluto. Ya ha dado pasos, y más que se esperan en los próximos días, como esa campaña de abonados que se está cociendo a fuego lento y pronto estará servida en la mesa para regusto de los aficionados.

El grupo de Bahréin ha intentado transmitir durante este medio año que lleva en la entidad cierta estabilidad con un proyecto a medio-largo plazo con unas bases aparentemente sólidas y unos objetivos ambiciosos. Sin embargo, para que las ideas tomen realmente cuerpo habrá que esperar unas semanas, con la inscripción en la RFEF de los derechos a favor de la nueva sociedad como punto álgido, ya sea con el visto bueno del juez -el Consejo General del Poder Judicial debe confirmar a Fernando Caballero, propuesto por la Audiencia Provincial tras la recusación de Antonio Fuentes- o ejecutando ese primer acto como recoge el mismo.

Una vez solventado ese problema tocará dar forma a la planificación ya en marcha con la idea de que el 22 de junio de 2021 el Córdoba esté de nuevo entre los integrantes del fútbol profesional. Elegido el entrenador, Juan Sabas, que es el decimocuarto que toma las riendas desde esa tarde en el Estadio de Gran Canaria, ahora toca dar forma al plantel, en lo que están centrados Miguel Valenzuela y Juanito, con la idea de equilibrar un equipo que tiene que partir con la obligación absoluta de volver a celebrar un ascenso que, al menos, permita sacar la cabeza de la sima y alcanzar un campo base camino de la cima. Pero para eso aún tocará esperar.

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