Córdoba CF-Albacete | Crónica

Vayan pidiendo cita para otro milagro (1-3)

  • El Córdoba se deja remontar en apenas cinco minutos y enlaza su quinta jornada sin ganar, todas las de 2019, lo que pone en la cuerda floja a Curro Torres

  • Los blanquiverdes se quedan ya a siete puntos de la permanencia

Carrillo abre los brazos, desesperado, en los minutos finales ante el Albacete. Carrillo abre los brazos, desesperado, en los minutos finales ante el Albacete.

Carrillo abre los brazos, desesperado, en los minutos finales ante el Albacete. / Álex Gallegos

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Si lo vivido hace un año aún les pone los pelos de punta, si la remontada de la temporada pasada le da para enorgullerse de ser cordobesista, vaya preparando su cuerpo porque el capítulo dos de aquella gesta ya está en camino. El Córdoba está obligado a protagonizar en las próximas 18 jornadas un nuevo milagro si quiere mantener su plaza en LaLiga 1|2|3. De momento, la derrota ante el Albacete, labrada en apenas cinco minutos, deja ya la permanencia a siete puntos –que al final de la jornada podrían ser ocho– y a los blanquiverdes sin saber lo que es ganar en 2019. Una crisis, acentuada por el final del mercado invernal y el estreno de cinco de los siete refuerzos incorporados, que pone en una situación delicadísima a Curro Torres, cuestionado por la grada, y a la dirección deportiva y la propiedad, que se debaten entre su destitución de forma fulminante o darle una última oportunidad.

De momento, las 23 jornadas celebradas, los cinco meses y medio consumidos de competición, han dado motivos de sobra para diagnosticar el gran hándicap de este Córdoba: el juego sin balón, la protección final de su arco. Un problema que el club ha tratado de aliviar en el mercado y que Curro Torres al fin ha entendido para hacer buena la renovación del plantel. La idea de sobar el balón, sin más, habrá tiempo de ponerla en práctica, si bien en estos momentos lo primordial es hacerse fuerte, renovar la confianza y empezar a crecer.

Con tres de los refuerzos sobre el verde –los otros ya presentados quedaron en el banco, y luego uno de ellos (Neftali) tuvo incluso minutos–, el técnico blanquiverde dibujó un 3-4-2-1 que ante las ofensivas rivales pasaba al 5-4-1. A Carrillo le tocó hacer el trabajo sucio, al tiempo que Andrés y, sobre todo, De las Cuevas se movían con libertad por detrás suya a la caza de algún balón suelto sobre el que crear peligro. Porque si algo dejó claro el CCF es que está mucho más cómodo en la transición rápida, tras robo, que en la creación elaborada.

Quizás influyó la buena presión, alta, que dispuso un Albacete contagiado del habitual ansia de Zozulia. El ucraniano tuvo la primera aparición en el área, con los equipos aún fríos, aunque fue incapaz de dirigir a meta su cabezazo. Pero su principal labor quedó en dificultar la salida del cuadro local, que en su primera aproximación clara obtuvo una valiosa ventaja. Tras un primer aviso de Carrillo, en una acción originada en una anticipación en campo contrario de Flaño bien continuada por Andrés y Fernández, un penalti por manos de Tejero permitió a De las Cuevas hacer el 1-0 desde los once metros.

Intensos y replegados tras el gol

Era el minuto 10 y, sin duda, el mejor espaldarazo para el equipo ante esta nueva era que arranca ya en febrero con el único objetivo de amarrar la permanencia. Con la afición enchufada, viendo a los suyos competir cada balón como si fuera el último y reforzada en su ilusión por el marcador, el CCF siguió con intensidad, concentración y solidaridad en el juego sin balón, si bien reflejó aún una notable falta de seguridad para enlazar combinaciones desde atrás. Nada raro en un equipo que lleva toda la temporada viviendo entre penumbras y que necesita luz para crecer.

Con todo, el Albacete fue poco a poco creciendo. Arroyo avisó a la salida de un córner y Zozulia atinó con la meta en otra jugada de pizarra que el colegiado anuló por un fuera de juego que no existía. Arroyo, ya cerca del descanso, volvió a intentarlo tras otra acción a pelota parada no del todo bien contrarrestada, sin hallar portería.

Andrés Martín, perseguido por Febas, con Bodiger al fondo. Andrés Martín, perseguido por Febas, con Bodiger al fondo.

Andrés Martín, perseguido por Febas, con Bodiger al fondo. / Álex Gallegos

Ese fue el balance de un primer acto que pareció evidenciar el crecimiento, principalmente mental, de un CCF que apenas sufrió y que demostró tener conciencia de la conveniencia de dar pasos de atrás hacia adelante. No le importó olvidarse de la posesión, otrora obsesión, y dejársela al rival mientras reforzaba el orden, los conceptos tácticos y el plus de refuerzo de la autoestima tan importante cuando uno lleva sufriendo tanto tiempo.

No cabe duda que esa predisposición, con cada vez más irrupciones del Albacete en campo contrario, podía parecer jugar con fuego, si bien es verdad que ese dominio no acababa de traducirse en ocasiones. Hasta que llegó la primera y el empate, tras un despiste de Quezada que exprimió al máximo Susaeta para ceder en bandeja de plata el gol a Zozulia. Un golpe durísimo para el CCF y Curro Torres, que empezaba a ser consciente del excesivo repliegue de los suyos y se quedó con Blati en el banquillo esperando para dar aire a la medular. Como en Alcorcón, le faltó medir los tiempos del primer relevo.

El guion cambiaba, y más que lo iba a hacer porque en la siguiente ocasión llegó el 1-2. Es cierto que el gol no debió subir porque la continuidad de Bela al centro chut de Tejero llegó con el francés en fuera de juego. Fue entonces cuando el técnico del CCF se decidió a mover el banco, y lo hizo con Manzambi para jugar con dos puntas.

Un equipo descompuesto

Pero el CCF ya estaba muerto. Con El Arcángel pidiendo la marcha de Curro Torres, una nueva combinación ofensiva por el perfil derecho permitió a Zozulia firmar su doblete y hacer el 1-3 ganando la partida a Vallejo en el área. En cinco minutos, el partido sufría un cambio radical, imposible de explicar, dejando a los locales otra vez en el filo mismo del precipicio.

Llegó el momento del todo o nada. Piovaccari también dentro para pasar a jugar un 4-4-2 súper ofensivo. Pero el problema, como tantas veces, no está en la ausencia de hombres de ataque, si no en la falta de claridad para amenazar y, fundamentalmente, en la fragilidad para sobreponerse a todo golpe, en no saber encajar, algo vital para un equipo de la zona baja atenazado por el miedo.

Un Córdoba que ya quedó helado, como una afición que intentó calentarse recordando al pasado sin tener muy en cuenta que el presente es vital para alcanzar el futuro con vida. Y ese, de momento, se debe a Curro Torres, cuya salida fue pedida de forma mayoritaria –y valorada por el club– mientras el Albacete acariciaba la sentencia con un cabezazo de Arroyo al poste antes de que Manzambi obligara a Tomeu a evitar el 2-3 ya en el tramo final. Un epílogo que si algo dejó bien a las claras es que el cordobesismo ya puede ir pensando en un nuevo milagro. No hay más.

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