La vida vista

El siguiente paso

El riesgo de Rajoy está ahí: en la parálisis, en el temor a emprender reformas, en la falta de nuevas ideas

La calles repletas de gente y el paro a la baja, con datos históricos para la Seguridad Social. Al mismo tiempo, la angustia política va remitiendo mientras el PP y el PSOE demuestran que, aunque sea a regañadientes y de modo temporal, les ha llegado la hora de entenderse para que España no caiga en el precipicio al que ellos mismos, con su teatrillo de desaciertos y corruptelas, la llevaron. Hablar de regeneración en tal contexto sería pues hablar mucho, pero al menos, pequeño respiro, sí que podemos hablar de recuperación. Una leve pero sintomática mejoría que conduce a pensar en plan optimista y a creer que, si las decisiones que se toman no son disparatadas, el país puede instalarse de forma más o menos constante en el crecimiento para lograr finalmente dos objetivos principales: reducir las amplias bolsas de población que todavía hoy andan en el umbral de la pobreza (una cuarta parte del país en general y un tercio en enclaves tan damnificados como Córdoba) e incorporar al tejido productivo a los jóvenes que andan hoy entre los 20 y los 30 años; trabajadores estos últimos que por ahora o bien han estado en la diáspora lavando platos o ejerciendo de au pair (los ingenieros españoles de la Mercedes alemana, que los hay, raramente volverán) o se han dedicado a alternar aquí contratillos temporales con largos periodos de desempleo. El diagnóstico apunta en cualquier caso a una mejoría clara pero con rasgos también claros de precariedad, y ahora es cuando le toca al señor Rajoy y a su Gobierno meterle una segunda marcha la economía no ya para sacarla del atolladero sino para llevarla a un siglo XXI en el que tengo la impresión de que todavía no está. Pocos indicios se ven al respecto en los populares, que como los egipcios, apuestan por no tocar lo que según ellos funciona aunque lo haga al trantrán. El riesgo pues está ahí, en la parálisis, en el temor a emprender reformas, en la falta de ideas, en la creencia de que en un mundo en cambio perpetuo uno se puede quedar quieto y a la espera. El 2017 que ahora empieza será el idóneo para ver si la España de Rajoy es sólo la que se lame las heridas para cicatrizarlas o si también es la que sabe ponerse a caminar.

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