La vida vista

El relato feliz

Puede que avancemos en lo económico, pero en cuanto a regeneración institucional muy poquito se ha hecho aún

La economía española da otro salto de tirabuzón y la granizada con pedrizo de la crisis económica va quedando a atrás. Poco a poco, pero atrás. Bruselas así lo constata, o eso se deriva de su decisión de aumentar tres puntos, hasta el 2,8, la previsión de crecimiento del país. Una cifra superior en cinco puntos a la que España logró en 2016, que ya fue, en términos macro, un año muy aceptable después de una década terrible, la peor sin duda en casi todos los sentidos desde que este país dejó atrás las sombras tristes del franquismo y los olores antañones de la vieja España del nabo cocido y el pan negro. El relato que se puede hacer ahora es por tanto optimista, pero choca de frente con otras circunstancias que hacen imposible mantener esa visión dulce de la realidad. La principal de ellas, sin duda, el paro, que todavía se encuentra en cotas impropias de un país avanzado. A la que también cabría añadir la escasa capacidad ahorradora y de consumo del trabajador español, cuyo sueldo, si ha tenido suerte, es el mismo que hace diez años. Difícil pues que quien cobra lo mismo que en 2005, y que con ello puede comprar o ahorrar mucho menos que entonces, pueda tragarse el novelón que nos cuentan las cifras macro sobre la mejoría económica. Pero no son sólo esas circunstancias las que impiden confraternizar con el optimismo del ministro de Economía, pues no debe olvidarse, y el PP tiene tendencia a hacerlo porque le conviene, que España ha sufrido, junto a su crisis económica, una crisis institucional que aún persiste con oleadas que no pueden sino deprimir al más firme defensor de nuestro actual sistema. Y por eso cabe decir que, si bien puede que hayamos hecho parte de los deberes en lo económico, y digo parte porque en lo social hay muchísimo camino por recorrer, lo evidente es que en cuanto a la regeneración de nuestro sistema político aquí se ha hecho muy poquita cosa y lo más que se ha intentado es mirar hacia un lado a la rajoyana o hacer de esto demagogia y electoralismo superficial. El relato feliz de la recuperación nos queda pues muy lejos, y aunque al PP le valga para sobrevivir en las encuestas a los españoles aún no nos vale para ser una patria en reconstrucción. Todavía nos queda. Mucho nos queda todavía.

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