Cuentan que te han visto salir del número 7 de la calle Melancolía, donde tu amada Jimena, acompañada de un güisqui sin soda propio de una noche de sexo sin boda, suele ser como una sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar a que te recuerde que "esta boca es mía" mientras enfundada en medias negras se contonea. Cuentan que ya apuraste esos 19 días y 500 noches de resaca vital en la que no te sumergió ese aleatorio percance en el que aseguras que no pasaba de los 20 el mayor de los tres chicos que fueron a atracarte el mes pasado, sino que esa ya exresaca fue otro fruto de aquellas negras noches que quemabas como si fueras el mayor de los conductores suicidas, negras noches que suelen acabar en aquel hotel, dulce hotel en el que ingresan quienes llevan una existencia funambulista.

Cuentan que has salido ya de tu hibernación musical tras haber llegado con tu amigo Satán a un pacto entre caballeros para que a tus 40 y muchos -que dices que tienes-, tan joven y tan viejo (like a rolling stone), no llueva sobre mojado en tu vida y, como Lázaro, resucites en salud hasta reescribir la canción más hermosa del mundo. Aseguran que vuelves a estar como loco por incordiar como tú sabes, cantando en los escenarios mentiras piadosas, y pidiéndonos aquello de "ocupen su localidad", esta vez sin tu primo El Nano, al que todos llaman Joan Manuel Serrat. Y afirman que te han visto caminar antes de que os dieran las diez por el Bulevar de los Sueños Rotos perseguido por una Barbi Superstar a la que recordabas que "ahora es demasiado tarde, princesa"; y por un periodista, a quien le insistías que te sobran los motivos para sacar un nuevo trabajo después de que te preguntara por qué lo sacas en estos tiempos del sálvese quien pueda y en los que cada vez hay más tiendas de discos cerradas por derribo.

Cuentan que vuelves más orgulloso que nunca portando bombín en alto mientras entre calada y calada a un último e infinito cigarro exclamas un "ay Carmela, ay Rocío" con la mente puesta en tus dos hijas, para cada una de las cuales siempre tienes preparado un "y sin embargo te quiero" o un "así estoy yo sin ti" y a las que les recomiendas "vámonos pal Sur", tu Sur, pongamos que hablo de tu Úbeda, pongamos que hablo de tu Atleti de Madrid.

Cuentan que vas diciendo por ahí que no quieres ser el Dylan español, que sólo eres Sabina, el que tenía que tener cuidado con la Josefina; que no eres ese crápula que dicen; en fin, que no te cuenten más una de romanos, que no se les ocurra robarte el mes de abril, que vuelves con la frente marchita, pero que vuelves con un par. Cuentan y cuentan tantas cosas que a tí te ha dado ahora por responder a todas ellas con un "lo niego todo, hasta la verdad".

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