La vida vista

Las liturgias de mayo

A los cordobeses nos toca hacer de cicerones y comportanos como anfitriones de calidad

El mes de mayo está aquí. Mes de mayo que en Córdoba no es mayo sino Mayo, con su mayúscula y sus liturgias. Primero las Cruces, que el sábado, el domingo y el lunes remontaron tras las primeras jornadas de aguas, y luego la Batalla de las Flores, que el domingo acaparó la atención con miles de personas disfrutando de esta fiesta, símbolo inaugural de lo que habrá de venir. Como contrapunto serio, la manifestación del Primero de Mayo, que ayer se sucedió sin grandes novedades y con menos gente que otros años. Demostración de que la fractura entre la izquierda es honda y de que los sindicatos han salido de la crisis trasquilados en su capacidad de convocatoria. Aún así, sigue siendo importante que de algún modo , aunque sea teatral, se alce la voz en defensa de la mejora de las condiciones laborales, que en España han salido dañadas por la recesión sin que por ahora se aprecien intentos serios por recuperar lo perdido. Al trabajador hoy en España no lo representa nadie, solo solito está en su lucha por mantenerse en el alambre y no caerse en el vacío del paro y la necesidad. Antesala todo esto, en fin, tanto lo festivo como lo grave, de lo que hoy comienza, los Patios, la fiesta más característica de Córdoba, la más singular y hermosa. La que promueven los propietarios sin sacar lucro del asunto y de la que se benefician cientos de empresarios y miles de personas. Y, al fondo, y como fin de fiesta, comienza a otearse una Feria en la que también ya se afanan los primeros currantes, montadores, electricistas, todos esos invisibles que nadie parece querer ver, aunque sin ellos esta ciudad no podría ser lo que es en estas fechas: la capital de España por un mes, como me dijo el otro día un camarero en Madrid. A los cordobeses nos toca hacer de cicerones y comportarnos como anfitriones de calidad. Con educación al menos, con civismo, pues en estas fechas somos más los de aquí los que damos problemas y montamos circos que los que nos visitan de allá. Si Córdoba quiere venderse como ciudad culta y cívica cuando menos debe parecerlo. Y esa es una labor de todos. De mí, de usted. Del de más allá.

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