Con el affair Lopetegui se ha hecho carne aquella frase de Harry el Sucio -aquel duro policía en cuya piel se metía el grandísimo Clint Eastwood- que lapidariamente defendía que "las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo". Y en este caso, además, esas opiniones también tienen mucho que ver -no nos llevemos a engaño- con el color de la camiseta del equipo de los amores de cada uno. En España, este país en el que se le pita al himno nacional cada final de la Copa del Rey, se reniega de la bandera y en el que también se le pita a un jugador como Piqué en los partidos de casa, no existe, por desgracia para el fútbol patrio, esa conciencia de Selección que hay en otros países europeos como Inglaterra, Francia o Alemania, donde, por ejemplo, esos feos gestos son impensables. En España, más que de la Selección, muchos aficionados son de los jugadores de su equipo que juegan en ella y hasta de Argentina o Portugal -por Messi o por Cristiano-.

Lo único cierto y verdad es que el Madrid anunció que había fichado al seleccionador para su banquillo a tres días del inicio del Mundial de Rusia y que esa acción provocó el efecto reacción del presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, quien despidió a Lopetegui al considerarlo, a mi entender acertadamente, un acto de total deslealtad. Para muchos, Rubiales es el malo de la película, y no creo que lo sea en absoluto. Entre los muchos comentarios que he leído al respecto en redes sociales y en columnas periodísticas me ha llamado la atención que se diga que el Madrid, como empresa que es, ha actuado buscando sus intereses. Bueno, no voy a entrar en eso, pero el Madrid podría haber gestionado el asunto de otra forma hasta darlo a conocer pasado el Mundial o pactar con quien ha violado varios pecados capitales que el acuerdo se cerraría tras la cita rusa. No se ha actuado con el señorío predicado y, visto desde esa óptica, la Federación, la responsable del que se debería ver como el equipo de todos los españoles, también sería una empresa que defiende sus intereses y el presidente de la misma no puede permitir que a esa empresa se le ningunee. No es cuestión de orgullo, es otra cosa.

Y, por favor, entre las opiniones que considero más desafortunadas está la de comparar el caso de Lopetegui con el de Luis Aragonés -quien anunció durante la Eurocopa de 2008 que se iría al finalizar esa competición que España acabó ganando- insistiendo en que en aquella ocasión no ocurrió nada. Son dos casos que no tienen nada que ver. Luis Aragonés realizó ese anuncio después de ser masacrado, humillado y vejado desde todos los medios de comunicación deportivos de este país. Insultado, denostado y señalado porque prescindió de Raúl González para la Selección. Los mismos medios que luego lo alabaron. En fin, ¡vamos Hierro, a por el Mundial!

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