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En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Te lo debía, canalla

Te lo debía, canalla, te lo debía desde que el pasado sábado 4 de abril de 2020 leyera al alba en esos medios de muchas veces pseudocomunicación, en los que se han convertido las redes sociales, que te habías ido. Te habías ido y me sentí huérfano de ti musicalmente hablando, a la vez que me invadió una mezcla de tristeza y de miedo por no saber cómo enfrentarme al papel en blanco para dedicarte unas palabras, dedicárselas a alguien a quien no soy digno de desatarle los cabetes de sus zapatos. Una especie de ese temor que sabes bien que uno tiene a la madrugada cuando se le marcha para siempre una persona cercana, tan cercana, en este caso en lo musical, un genio que ha puesto banda sonora a mi vida y a las vidas de tantas y tantas personas. Después de que ese día sí -cómo cantaste poéticamente tantas veces, porque tus cantos son pura poesía- sangrara la luna al filo de su guadaña llorando tu pérdida, no me atreví hasta las cuatro y diez a escribirte unas palabras con las que rendirte homenaje. A las cuatro y diez, a esa hora en el que ese rebelde sin causa que todos queríamos ser, James Dean, tiraba al este del Edén piedras -en un gesto de inconformidad social- contra una pared blanca, mientras más de uno besábamos a nuestra chica viéndolo en el cine.

Hice de tripas corazón a esa hora en la que me enfrenté a ese papel en blanco para dedicarte unas palabras después de sentir que la Cultura con mayúsculas estaba perdiendo a uno de sus más grandes apóstoles en unos tiempos en los que se subestima a quién la pregona pariendo obras de arte atemporales, como las tuyas. En estos tiempos que corren de vivir al paredón empujados por un virus maldito y en los que nos invitas a sacar fuerzas de flaqueza, balas de belleza de la imaginación... hice de tripas corazón para, de alguna manera, dedicarte al menos dos o tres segundos de ternura, no como quien pasaba por aquí, sino slowly, como correría y correría para dejarte rosas en el mar, rosas con las que componer también al alba una dedicatoria a quien ha convertido muchas veces con su música mi feo mundo inmundo en el que anda suelto Satanás en la belleza, como esa belleza que da título a uno de tus grandes temas, ese con el que se quedaría tu compadre Sabina, según él mismo ha dicho, si tuviera que escoger una de esas tus obras maestras. La belleza del "reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo / Ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada la belleza". Recurro a unos versos tuyos ahora que las musas ya se van y que queda la música, tu música, esa locura que todo lo cura, esa que me emociona escuchar hasta verter lágrimas, esa que nunca es más de lo mismo. Como hace tiempo me despedía en las entrevistas que te hice, hasta siempre, Luis Eduardo, hasta siempre, Aute. Porque pienso, cómo el canalla de Sabina, que tú nunca te irás.

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