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Tomates y calabazas

Lourdes Chaparro

lchaparro@eldiadecordoba.com

De casa rural en verano

Se trata de un turismo de cercanía, que transmite seguridad y confianza a los huéspedes

Gran parte de mis amigos son auténticos amantes del turismo rural. No se trata de una moda que sigan desde hace un par de temporadas, sino que es algo innato en ellos y lo llevan practicando desde que yo tengo recuerdo de ellos, algo que suma algunas décadas ya, y alguna que otra escapada conjunta en fechas señaladas en el calendario, más las que tengan que venir. Da igual la estación del año que sea, si tienen la oportunidad, allá que van en familia y, si pueden juntarse con los amigos, pues mucho mejor a la hora de disfrutar del campo, del entorno rural y, cómo no, de degustar una suculenta barbacoa.

Ellos son, sin duda, un exponente de lo que este verano se trata de impulsar en provincias como la de Córdoba a consecuencia del coronavirus y que ha hecho que el sector apenas disponga ya de algún hueco en alguno de los alojamientos que hay para los meses de verano. Un turismo de cercanía, que transmite seguridad y confianza a los huéspedes y para el que el sector se está preparando a conciencia en estas últimas semanas, ya que la oferta de la playa sigue presente y también tiene que superar los lamentables efectos de la crisis del covid-19 y, de alguna forma, intentar que el miedo que hay al contagio desaparezca, siempre y cuando se cumplan todas las medidas establecidas.

El turismo rural, además, tiene la fortaleza de fijar territorio a la población, uno de esos mantras que no dejan de repetir las instituciones públicas en los últimos años; sin embargo, para conseguirlo y evitar la temida despoblación también tienen que poner de su parte y llevar sus discursos a la práctica.

En la gran mayoría de las ocasiones quienes están detrás de estas pequeñas empresas ubicadas en los entornos rurales -que para los urbanitas constituyen algo así como un oasis e incluso algo exótico, básicamente por su propio desconocimiento- son los vecinos de la localidad o de la aldea más cercana, que depositan su futuro económico en estos proyectos rurales que, ahora más que nunca, tienen que conservar su esencia, para poder seguir adelante y llenar sus establecimientos más allá del fin de semana, como el que ya ha comenzado y en el que mañana iba a ser para muchos un gran sábado de celebración, como también lo será otro sábado de otoño para el que ya queda menos.

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