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En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Pajaritos espantados

El 20 de diciembre de 2018 acudí al que iba a ser el concierto de despedida de Rosendo en el Wizink Center de Madrid, un concierto que durante dos horas me hizo repasar un Verano Azul en el que más de un pajarito acabó espantado y en el que recordé que hace décadas prometí a quienes empezaron a ser mis colegas entonces que, como el músico de Carabanchel tiene como uno de sus himnos, siempre les estaría eternamente agradecido. Un verano azul en el que, como rezaría Frank Sinatra, comenzamos a vivir aventuras a nuestra manera Gregorio Cuadrado, Paco Herrera, Manolo Fernández, Carlos Quintana y un servidor. Corría el verano de 1981 cuando los cinco, como lindos pajaritos apiolinizados compartimos, además de nuestra más temprana adolescencia, amores adolescentes, de esos que cuando pensabas en ella -Pili Gallego se llamaba- parecían salirte de la cabeza corazones atravesados por las flechas de un Cupido de lo más puro. Pero como todo buen Piolín que se precie, tuvimos nuestros gatos a los que después de que nos pareciera que los habíamos visto, acabaron espantándonos como un par de mininos acaban espantando a cinco pajaritos. El Cabroncete Carnicero y la Rana Rojilla, como así apodamos a esos felinos del amor, bichos odiosos -entonces para nosotros- con forma humana, acabaron levantándonos a Pili -madrileña ella- y a Mati -barcelonesa- y, curioso, a la postre entendí que Mati habría sido mejor partido amoroso que su amiga de Madrid.

Fue el mismo día de ese nuestro particular Verano Azul del 81 -con paseos en bicicleta como los que se montaban en la serie de televisión del mismo nombre Pancho, Javi, Bea, Quique, el Piraña y Tito camino del barco de Chanquete- en el que otros pajaritos acabaron también espantados, los pajaritos por aquí y pajaritos por allá que salían de la boca de María Jesús y que bailaban al son de su acordeón. Eran unos pajaritos de lo más inocente que volaban desde los altavoces de una caseta municipal improvisada ese mediados de agosto del inicio de la pasada década de los 80 detrás de la plaza de abastos y que acabaron espantados cuando Rosendo y sus Leño aparecieron en el escenario de la misma para dar un conciertazo, un recital inolvidable como inolvidables fueron ese y otros veranos azules con Gregorio, Paco, Carlos y Manolo, con los que a grito pelado, como si le hiciera los coros al eterno músico de Carabanchel, aprendí, entre otras bíblicas estrofas de lo que en ese momento llamaban rock urbano, a entender, eso que reza la filosofía del Atleti - equipo de Rosendo- que si te caes, por muy fuerte que sea el golpe que te da la vida, te levantas y sigues, mientras que le dejas claro a quien te haya machacado que "no pienses que estoy muy triste si no me ves sonreír, es simplemente despiste, maneras de vivir".

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