La vida vista

Carmen Calvo Resurrection

Carmen se subió a tiempo en la barca del 'sanchismo'. y fue mucha la complicidad que se le vio con Pedro

No andaba muerta, no, que andaba en el pedrismo. De Carmen Calvo hablo, que de nuevo ha vuelto a salir en la portada de este diario cuando más de uno, hombres de poca fe, habíamos pensado que lo suyo en la política había llegado a su fin. Pecadores, descreídos, extraviados. Visto ahora, qué insensatez. Porque si Carmen Calvo tiene algo es tesón, tesón y coherencia, pues coherente fue su decisión de salir pitando cuando le impusieron a Rosa Aguilar, su némesis,como cabeza de lista en las generales. Desde entonces hasta hoy poco se supo de Carmen, que se refugió en sus clases de Derecho, en sus conferencias y en sus quehaceres, aunque sin dejar de echarle un ojo a lo que iba ocurriendo en la política patria y a lo que acontecía en la sede socialista de la avenida del Aeropuerto. Así hasta que haces unas semanas reapareció con aplomo y garbo en el mitin cordobés de Pedro Sánchez, que se celebró cuando la victoria del madrileño todavía parecía ciencia ficción. Carmen se subió a tiempo y decidida en la barca del sanchismo y fue mucha la complicidad que se vio entre ella y el nuevo (o renuevo) secretario general de los socialistas. Complicidad que se afianzó el pasado domingo cuando se supo que ella será la primera pedrista en la lista del PSOE cordobés al consejo Federal, lo que a su vez hace pensar sin caer en la locura que la profesora y exministra acabará entrando en la nueva Ejecutiva nacional. Duro revés pues para Juan Pablo Durán, que seguro que no lo esperaba como casi nadie lo esperábamos, y un dolor de cabeza añadido para Rosa Aguilar, con lo tranquila que andaba ella en sus cosas culturales. Seguro que la propia Rosa se ha visto alguna vez a sí misma como una gran superviviente, pero no menos superviviente ha demostrado ser Carmen Calvo, dura de verdad. El yin y el yang. El haz y el envés. Constatado queda que quienes más friccionan en la vida al final se acaban pareciendo aunque sólo sea en el afán de pervivir en la disputa. Rosa Aguilar, la que siempre sobrevive dentro de un despacho. Carmen Calvo, la egabrense de acero que no se rinde jamás.

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