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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Altura de miras

Porque los mitos no se oxidan ni pasan a ser polvorienta hemeroteca en cinco días

En tiempos en los que el hecho de hablar un miércoles sobre algo que ocurrió un sábado tiene efecto hemeroteca, parece que no nos queda otra opción más que la de analizar el regusto que nos dejó el hecho en sí y guardarnos para nosotros lo que en aquel día concreto se nos pasó por la cabeza. Se nos permite echar la vista atrás y volver a sacar el asunto en cuestión solo para aportar algo nuevo, y si no somos capaces de contar algo que todavía no se conocía, sería mejor o bien estarnos quietecitos, o bien tirar de historia para que quien siga al otro lado sea capaz de engancharse a nuestro relato.

Por eso esta columna, que pretendía ser una de esas miles alabanzas que el fin de semana brotaron tras la triste muerte de Julio Anguita, ahora se me antoja más larga que nunca por no tener nada interesante ni nuevo que decir sobre el asunto. Como si el hecho de que hayan pasado cinco días me hubiese quitado la potestad que nunca tuve para contar mi historia con Anguita, historia que, por otro lado y valga la redundancia, nunca tuve. Pero hay personas, pocas, seguramente solo una (Julio Anguita), en quien piensas cuando alguien lo hace mal para decir: "Esto no lo haría tal persona (Julio Anguita)". No quiere decir que esas personas lo hicieran todo bien, porque sabemos que quien hace todo bien en algo está errando, pero es bueno tener referentes, y especialmente en el mundo de la política.

Mi única historia con Julio Anguita es la de avisar a mis padres porque me habían mandado a cubrir alguna rueda de prensa en la que él intervenía. Cada vez que iba con alguien y lo veíamos por la Corredera nos avisábamos con la mirada porque siempre era noticiable encontrarse con Anguita.

Y cuando alguien tiene esa capacidad es porque seguro que algo ha hecho bien y yo no recuerdo, básicamente porque no formaba parte de este mundo, nada de la política de Anguita en esta ciudad, pero la ciudad te recuerda a cada instante que él fue el alcalde y eso seguro que significa algo. Altura de miras, honestidad, congruencia. Muchas palabras se han usado estos días para definir al político y al maestro (en todos los sentidos) que perdurarán tanto como lo hizo su figura, ya convertida en mito, porque los mitos no se oxidan ni pasan a ser polvorienta hemeroteca a los cinco días.

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