Córdoba CF - Sevilla | La Crónica

  • Los blanquiverdes empequeñecen a un rival de Champions que tuvo que sufrir hasta el tramo final de la prórroga para llevarse el triunfo

El orgullo de su gente (0-1)

Simo intenta dejar atrás a su par en la primera parte. Simo intenta dejar atrás a su par en la primera parte.

Simo intenta dejar atrás a su par en la primera parte.

Miguel Ángel Salas

Escrito por

· Rafael Cano

Redactor

Hay derrotas que ensanchan el orgullo y agrandan el vínculo entre un equipo y su afición. La cosechada por el Córdoba CF ante el Sevilla fue claro ejemplo de ello. Los blanquiverdes llevaron hasta la prórroga a un equipo de Champions, que pasó muchos más apuros de lo esperado y que tuvo que esperar al único fallo de los locales en defensa para conseguir una mínima renta que terminó dándoles el pase de ronda en la Copa del Rey. En el camino se quedó un Córdoba que se centrará a partir de ahora en la liga, pero que antes quiso dejar muestra de su categoría como equipo y de su carácter indómito. La Copa del Rey no era la guerra del equipo blanquiverde, pero incluso en esas peleó hasta la extenuación y murió de pie.

Sabía de sobra el Córdoba que los primeros minutos del partido podía ser determinantes. El Sevilla ya mostró el curso pasado que gusta de apretar en los inicios de los partidos de Copa para evitar sustos ante rivales de categoría inferior. Sin embargo, el equipo de Lopetegui se encontró un CCF bien colocado, intenso en la presión y dispuesto a salir rápidamente al ataque, por lo que la primera misión fue estabilizarse en el choque y bajar el ímpetu de los cordobesistas.

Porque el ambiente imponente de El Arcángel impulsó al equipo de Germán Crespo, que tuvo el primer acercamiento a los dos minutos, en un saque de banda que Casas peleó en el área, para habilitar a Simo, que se topó con Dmitrovic antes de poder sacar el disparo.

Le costó al Córdoba en ese tramo inicial tener la pelota, algo lógico con la entidad del rival que pisaba El Arcángel. Los sevillistas movieron el balón de un lado a otro, con paciencia hasta que apareciera el espacio por el que percutir, pero un Córdoba bien colocado y con todos sus hombres enchufados, dificultó los ataques a los de Lopetegui. Cada ocasión que tenía para salir al contragolpe era aprovechada por los blanquiverdes. Pasado el cuarto de hora, Simo corrió una pelota por el costado izquierdo, se hizo con ella y con un gesto de cadera de sacó a dos defensores de encima. El hispano-marroquí sentó acto seguido a Montiel y sacó un centro con la derecha que Puga cabeceó en el punto de penalti exigiendo a Dmitrovic en el despeje.

Casas le gana la posición a Rekik, central del Sevilla. Casas le gana la posición a Rekik, central del Sevilla.

Casas le gana la posición a Rekik, central del Sevilla. / Miguel Ángel Salas

Esa clarísima ocasión dio confianza al Córdoba, que de inmediato forzó una falta lateral botada por Javi Flores que José Cruz no acertó a rematar tras el fallo en el intento de despeje de su defensor. Mientras tanto, en la banda Lopetegui empezaba a desesperarse, tratando de que sus jugadores mostraran algo más de garra. El Córdoba, fiel a su guion de partido, trató de apurar cada opción que los sevillistas le brindaban. En una recuperación en campo rival de Alonso, Puga se hizo con el balón y soltó un trallazo que Rekik logró repeler con el cuerpo.

Pasada la primera media hora de juego, el Córdoba no solo estaba en el partido, es que se había atrevido a buscarle las cosquillas a su rival. Pero el Sevilla, frío y competitivo como pocos equipos, no se desesperó. Con el balón en su poder, los de Lopetegui empezaron a pisar más el área defendida por Felipe Ramos en el cuarto de hora final del primer acto. Idrissi probó al meta blanquiverde con un disparo lejano que el madrileño repelió de puños. Poco después, Rekik ganó la línea de fondo por la izquierda y su centro raso lo remató Iván Romero de primeras, desviado por muy poco. Aunque no se descompuso en ningún momento, le vino bien el descanso al Córdoba, porque el Sevilla ya apretaba en ese tramo final. Antes del asueto, una falta lateral botada por Óscar Rodríguez la cabeceó Munir, encontrando la respuesta de Felipe Ramos.

Descontento con lo que había visto en la primera parte, Lopetegui no tardó más en buscar variantes y dio entrada a Diego Carlos en la zaga y a Lucas Ocampos en ataque. El Sevilla apretó y ya el dominio no fue tan estéril como en la primera parte. Sus laterales empezaron a ganar metros, exigiendo un mayor repliegue al Córdoba, que sufrió cada vez que los hispalenses lograban trenzar juego a una velocidad notable.

El Córdoba capeó el temporal como pudo, aunque por momentos se vio empujado en campo propio por completo. Los centros lateral del Sevilla pusieron a prueba la fiabilidad de los centrales blanquiverdes, que notaron el incremento de trabajo pero cumplieron en su labor con solvencia. Apagado el arreón de los primeros 20 minutos del segundo acto, el Córdoba pudo equilibrar algo más las fuerzas.

Simo pugna con Óliver Torres por el balón. Simo pugna con Óliver Torres por el balón.

Simo pugna con Óliver Torres por el balón. / Miguel Ángel Salas

El Sevilla cesó en su acoso al área blanquiverde y Germán Crespo empezó a tirar del banquillo para refrescar a su equipo. Lo hizo el granadino, como siempre, con cambios ofensivos, dando entrada a Willy, Luismi y Omar Perdomo. El primero de ellos gozó de una ocasión muy clara en su primera aparición. Los centrales sevillistas se hicieron un lío en la salida de balón y el de Torremejía buscó sorprender con un chut lejano que se perdió alto.

Era el impulso que le hacía falta a la grada para volver a enchufarse de lleno y elevar la moral de los suyos. Por momentos, el Córdoba fue capaz de quitarle el balón al Sevilla y moverlo de un lado a otro, como hace cada fin de semana en liga. Fruto de una buena jugada hilvanada, Javi Flores sacó un centro que Willy no alcanzó por centímetros.

A esas alturas de partido, pasado el minuto 70, el duelo era ya un mano a mano y el Sevilla estaba algo más que incómodo. El duelo se jugó a partir de entonces a la ruleta rusa, y los sevillistas ni mucho menos se amilanaron. Munir obligó a José Ruiz a lanzarse al suelo para evitar su gol y acto seguido fue Ocampos el que se topó con Alonso cuando se las prometía felices con un chut raso y cruzado. Cada intervención defensiva del Córdoba se coreaba como un gol en la grada, volcada con los suyos. Los de Germán Crespo trataban de devolver la moneda al contragolpe, con Simo omnipresente y Luismi apareciendo entre líneas. Un final de partido precioso. Lo intentaron ambos equipos, con poca claridad ya en ataque, especialmente el Córdoba, y el duelo se fue a la prórroga tras un largo descuento. Seguir compitiendo a esas alturas ya era un triunfo para el equipo blanquiverde.

De nuevo salió avasallador el Sevilla, haciendo daño por los costados y buscando a Munir y Rafa Mir. Los puntas sevillistas, con todo, no tenían el día y cuando no caían en fuera de juego se topaban con una defensa bien plantada y un Felipe Ramos seguro. Supo sufrir el Córdoba y volvió a equilibrar fuerzas, hasta gozar de una clara contra que Willy no supo resolver en el último momento.

Ekaitz Jiménez intenta llevarse el balón en pugna con Munir. Ekaitz Jiménez intenta llevarse el balón en pugna con Munir.

Ekaitz Jiménez intenta llevarse el balón en pugna con Munir. / Miguel Ángel Salas

A la segunda parte de la prórroga había comparecido el Córdoba con brío, pero en el primer despiste defensivo de todo el partido, el Sevilla castigó a los blanquiverdes. Un balón en largo desde la zaga sevillista lo ganó Ocampos en la pugna con Alonso. El argentino se llevó con fortuna el balón en la disputa con Felipe Ramos, que salió a tapar a la desesperada, y solo tuvo que empujar a gol el balón.

El tanto fue un mazazo para el Córdoba, que aún así trató de quemar sus naves yéndose al ataque. Luismi y Willy tuvieron un par de apariciones en el área que no supieron resolver con clarividencia y Felipe Ramos tuvo que salvar ante Rafa Mir el 0-2 poco después. Habría sido un castigo injusto. El Córdoba cayó de pie, ante un rival de Champions que pasó apuros cuando llegaba con la vitola de claro favorito. Los de Germán Crespo dejaron un claro ejemplo de que hay derrotas que también pueden levantar el orgullo de su gente.

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