Córdoba

El Supremo confirma la pena de 12 años al abuelo que abusaba de su nieta

  • El acusado, de unos 70 años, aprovechaba que la madre de la menor trabajaba hasta tarde para entrar en su cuarto

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Tribunal Supremo / Efe

El Tribunal Supremo (TS) ha desestimado el recurso interpuesto por el hombre de unos 70 años condenado por abusos sexuales a su nieta, cuando era menor de edad, delito por el cual la Audiencia Provincial de Córdoba le condenó a 12 años de prisión.

El condenado apelaba la “vulneración de derechos” en algunas de las prueba practicadas, pero el Supremo ha defendido en su sentencia que el proceso tuvo todas las garantías y, por tanto, confirma la pena de 12 años impuesta por la Audiencia en enero de 2018.

La pena también incluía la “inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena”, imponiéndole igualmente “la prohibición de aproximarse durante el tiempo de la condena a una distancia inferior a los 500 metros o comunicar” con la menor, que ahora tiene unos 16 años, ni tampoco aproximarse a su domicilio a menos de 500 metros “durante 13 años”. La Audiencia fijó asimismo una indemnización a su nieta de 20.000 euros.

Según la sentencia, los hechos sucedieron en dos localidades distintas, una de ellas en Córdoba, donde la víctima residía con su hermano, su madre y la pareja de ésta. Debido a que la mujer y el hombre “trabajaban por la mañana y parte de la noche de lunes a sábado”, ella dejaba a sus dos hijos al cuidado de sus padres en el domicilio de éstos.

La menor solía dormir con su abuelo en la misma habitación y su hermano dormía en otra con su abuela”. De este modo, el ya condenado, “desde fecha no determinada, pero al menos desde que su nieta tenía cinco años de edad, aprovechando que la menor dormía por las noches con él y que se hallaban solos en la misma habitación, en un número indeterminado de ocasiones, cuando comprobaba que todos estaban dormidos”, le realizaba distintos tocamientos.

Según la sentencia, esta situación “se repitió prácticamente cada noche hasta que ella cumplió los ocho años”, momento en que la pequeña junto con su madre y hermano, y la pareja de su madre, se trasladaron a vivir a una localidad cordobesa.

Posteriormente, el  condenado y su esposa, al no poder seguir viviendo en la casa que habitaban “por problemas económicos”, se trasladaron a vivir a dicho municipio a una casa que les alquiló su hija, pero como ella y su marido tenían un local, habían tenido otro hijo y trabajaban hasta altas horas de la noche, el acusado y su esposa pasaban las noches en casa de su hija, para quedarse con los nietos.

Así, el supuesto comportamiento del procesado continuó hasta junio de 2011, hasta que una noche, sobre las 00:00, la menor se fue a su cama para dormir y pasados unos minutos, “una vez más, guiado por igual ánimo, llegó a dicha habitación” su abuelo. Ella comenzó a llorar e insistentemente le dijo que la dejase y posteriormente le contó a su madre “todo lo que ocurría con el acusado”.

La madre de la víctima echó al hombre de la casa. La menor dijo que no había contado antes lo sucedido porque “tenía miedo a que su abuelo, que había demostrado con otros familiares ser violento, agrediese a alguno de ellos”. De hecho, tardó tiempo en denunciar los hechos. Se da la circunstancia de que la madre también sufrió tocamientos cuando era menor, por parte del acusado, su padre.

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