José Manuel Belmonte. Escultor “He visto a gente llorando delante de mis esculturas y eso me sobrecoge”

  • El artista, uno de los máximos exponentes de la figuración española, expone una selección de su obra junto al colectivo Córdoba Contemporánea en 'Islas al mediodía', en la Sala Vimcorsa

José Manuel Belmonte, entre las esculturas de ‘El recreo de los ausentes’. José Manuel Belmonte, entre las esculturas de ‘El recreo de los ausentes’.

José Manuel Belmonte, entre las esculturas de ‘El recreo de los ausentes’. / Juan Ayala

El escultor José Manuel Belmonte (Córdoba, 1964) es uno de los artistas cordobeses con mayor proyección nacional e internacional y, sobre todo, uno de los mejores representantes de la figuración. En sus obras mezcla la realidad con el sentimiento, con el alma, propiciando una conexión con el público que va más allá del arte. Belmonte es uno de los diez creadores cordobeses que forman parte del grupo Córdoba Contemporánea y que muestran en la Sala Vimcorsa una selección de su obra en Islas al mediodía.

–La exposición Islas al mediodía está teniendo un éxito brutal. ¿Esperábais tanto apoyo?

–Sabía que esto iba a ser un revulsivo para el arte en Córdoba, pero no con las dimensiones que ha tenido. Desde que inauguramos estamos sobrepasados. Yo abro Facebook o WhatsApp y me bombardean por todos lados; cosa que se agradece porque por fin en Córdoba se nos ha escuchado, se nos ha hecho visibles. La verdad es que estamos alucinados. Nada más que a la inauguración fueron 700 personas y al día están yendo unas 300. Programamos una visita guiada y tuvimos que hacer dos porque se presentaron 200 personas. Esto no se ha visto en Córdoba desde hace muchos años y eso es significativo. Quizás hubiera necesidad de este tipo de exposiciones porque Córdoba es una ciudad sensible y la gente tenía ganas de ver un tipo de arte más entendible, más autorizado para todos los públicos. Estamos atrayendo a la gente a la cultura, que es lo que nos interesa. Me ha encantado ver allí a familias enteras, desde abuelos a niños, porque es una forma de generar cultura y espíritu crítico.

–¿Qué significa para usted volver a exponer en la ciudad?

–Llevaba un tiempo sin exponer aquí. El año pasado, por ejemplo, hice 15 exposiciones en sitios como Taipéi, Shanghái, Pekín, Lisboa, Núremberg, Madrid o Barcelona. A uno también le gusta que la gente de su ciudad vea sobre todo las últimas obras que hace y esto es un problema que tenemos los artistas cordobeses porque no tenemos espacios expositivos. Es algo muy triste porque el artista crea una obra por la necesidad de transmitir al espectador lo que ha volcado en ella, sus sentimientos, su pasión. Tirarse años preparando una exposición y que luego no haya sitio donde exhibirla es tristísimo. Desde Córdoba Contemporánea reivindicamos precisamente que haya más visibilidad para los artistas cordobeses. Hay una generación perdida de jóvenes universitarios que tienen que salir fuera a trabajar, pero en el arte está pasando igual. Si queremos ganarnos la vida, tenemos que salir de Córdoba. Hay mucha gente que se está yendo a Sevilla y muchísima a Málaga. Aquí ha habido un vacío durante muchos años. Siempre he dicho que Córdoba es una ciudad que te prepara mucho y muy bien, es una ciudad muy exigente y eso hace que te superes día a día. Sin embargo, donde realmente te valoran es fuera, no aquí, es una contradicción, pero es así.

"Córdoba es una ciudad que te prepara mucho, es muy exigente y eso hace que te superes día a día”

–¿Vosotros, Córdoba Contemporánea, sois la resistencia que se ha quedado aquí?

–Sí... bueno... Siempre he pensado que un artista tiene que estar en el sitio donde mejor se siente a la hora de crear, tiene que tener su santuario, y es la obra la que tiene que viajar. Córdoba para eso es una ciudad ideal por su luz, el clima, es económica, no hace falta coger el coche, por su arquitectura, su olor, la belleza de las mujeres... Tiene muchos encantos. La cabeza y el trabajo quizás hay que tenerlo fuera porque para ganarse la vida no se puede depender de Córdoba.

Belmonte, en su taller. Belmonte, en su taller.

Belmonte, en su taller. / Juan Ayala

–¿Córdoba Contemporánea nace con intención de continuidad, al estilo de Equipo 57?

–De hecho, mucha gente nos está comparando con ellos. La verdad es que todo esto nos está sobrepasando. Ha sido producto de la casualidad. En realidad somos un grupo de amigos que se conocen de toda la vida, cada uno en su taller, en su isla, como dice el nombre a la exposición, y todos teníamos las mismas problemáticas. Es anecdótico que todos prácticamente hemos recibido algunos de los mejores premios a nivel nacional e internacional y en Córdoba no se nos ha escuchado. Bueno, a mí sí, pero a muchos de los que forman el grupo no. Algunos no eran ni conocidos. Córdoba tiene un gran potencial y lo que sí pedimos es que haya pluralidad. Defendemos el arte de todo tipo y pensamos mucho en las futuras generaciones. Como nosotros lo hemos tenido tan complicado, queremos abrirle el camino a los artistas que están en la sombra y a los que quedan por venir.

–Pero parece que las nuevas generaciones están tirando más para otro tipo de arte muy diferente a lo que vosotros hacéis, o al menos eso es lo que vemos...

–Creo que eso es un problema educacional. Lo que ocurre es que las facultades de Bellas Artes están apostando por un tipo de arte de vanguardia y por el arte conceptual. Pero no hay que olvidar que eso son modas. Ahora mismo se lleva el arte conceptual y mañana, no sé, el arte digital por ejemplo. Ha pasado algo muy curioso y es que, a través de la fotografía, ha habido una vuelta a la realidad y eso ha hecho regresar a lo figurativo. Siempre en la Historia del Arte ha habido momentos en los que se ha llegado a un punto de locura en el que todo era válido y luego ha habido un renacimiento. Creo que nos encontramos en ese punto. Mucha gente me dice que nuestro tipo de arte es decimonónico y que soy muy miguelangelesco, lo cual me gusta. Hay quien no se entera de que la palabra modernidad y contemporaneidad no pertenece a unos pocos. El mensaje es lo que tiene que ser actual y contemporáneo. A mucha de la gente que dice eso de decimonónico les contesto que en el arte español, el máximo exponente que hay es Antonio López, que es el que representa a España en la Bienal de Venecia. Y si seguimos más allá, Jaume Plensa, que está ahora muy de moda, es también figurativo, y más allá, Miquel Barceló también lo es. Creo que en España, y en Córdoba ni te cuento, vamos 15 o 20 años por detrás de todas las vanguardias. Actualmente la vanguardia es la figuración. Tenemos artistas como Eloy Morales, Carlos Muro o Golucho, que parece que es el sucesor de Antonio López, que están haciendo cosas espectaculares desde la figuración. El otro día Félix [Ruiz Cardador], el comisario de la exposición, incluso me decía que ve El recreo de los ausentes, que refleja el tema del alzhéimer, mucho más contemporáneo y transgresor que cualquier obra que se presente en Arco. Hay un tipo de arte, que yo llamo bricoarte, que parece que es a ver quién hace la excentricidad más grande, como el plátano agarrado a la pared con cinta adhesiva o el vaso medio lleno de hace un par de ediciones de Arco. Eso no deja de ser un producto de las galerías.

"Hay quien no se entera de que la contemporaneidad en el arte no pertenece a unos pocos”

–Antes me ha dicho que usted sí se siente valorado en Córdoba.

–Sí, yo tuve un tiempo que estuve muy peleado con Córdoba, pero la verdad es que a raíz de ganar el premio de la Fundación de las Artes y los Artistas hubo un antes y un después. A partir de ese premio la gente empezó a tomarme en cuenta y a valorarme. Muy triste que te tengan que dar un reconocimiento fuera de Córdoba para que te escuchen... A partir de ahí, y sobre todo de haber hecho esculturas para la vía pública, como el Monumento a los Patios, he conectado mucho con el público. A la gente le gusta ese tipo de obra porque se siente cercana a ella. De hecho, quise ponerlos a pie de calle para que cualquiera los vea a la altura de los ojos porque quiero que el ciudadano conviva con el arte. Soy de la opinión de que el arte tiene que estar en la calle, y hablo de escultura y de pintura.

–Aunque a veces ese arte sufra actos incívicos, como ha ocurrido con el Monumento a los cuidadores de los Patios, tal y como ha denunciado en sus redes sociales.

–Eso es un problema educacional y de civismo. Habría que concienciar y tomar parte en eso desde las instituciones. Sería cuestión de coger a un personaje de esos y ponerle una multa. Además, esa gente no se da cuenta de que cuando atenta contra una obra pública, esa restauración se financia con los impuestos que pagamos todos. O el otro día, un grupo de 15 personas que se hizo una foto con la mitad subidos a la escultura del Alcázar Viejo, y la escultura ni se veía, a ver qué sentido tiene. No se dan cuenta de que una obra de arte no solo es la que está en un museo. Por parte del Ayuntamiento se debería crear una comisión de control, mantenimiento y restauración de los monumentos públicos igual que existe para la señalética y el mobiliario urbano o la iluminación. Un monumento necesita un mantenimiento y en todas las ciudades existen empresas que se dedican a eso: hacen una pintada y tienen un plazo de 24 o 48 horas para eliminarla. Por ejemplo, veo muy triste que la pared de La Regadora está toda desconchada. Esa imagen se la lleva la gente a su país cuando le hace una foto y estamos exportando dejadez.

El escultor, con piezas de la serie 'Custodios' al fondo. El escultor, con piezas de la serie 'Custodios' al fondo.

El escultor, con piezas de la serie 'Custodios' al fondo. / Juan Ayala

–¿Se ha sentido alguna vez discriminado por hacer figuración?

–No. Al principio, los artistas empezamos a experimentar con un tipo de arte y con el otro. En un momento llegué a la conclusión de que donde me desarrollo y expreso más es con la figuración. Mi visión de las cosas es volumétrica; ya en la Escuela de Artes un profesor me dijo que lo mío no era pintura porque se salía del papel. Tengo mi lenguaje y mi personalidad, me gusta transmitir sentimientos. Antonio López en una ocasión me dijo que poca gente en España domina la anatomía como lo hago yo. Hay dos tipos de artistas, el intelectual y el intuitivo; yo me considero más intuitivo porque visiono la obra, me dejo llevar un poco y surge. La gente habla sobre qué es la creatividad y el proceso creativo. Muchas veces haces una obra y cuando la estás creando te va sugiriendo la siguiente. Por ejemplo, Jaque mate dio pie a toda la serie de El recreo de los ausentes. Dejo fluir mis sentimientos y lo bueno es cuando conectan con el espectador.

–¿Cuál es su pieza o serie favorita?

–Mi pieza favorita es la que ganó el premio de la Fundación de las Artes, el Hombre pájaro 1, y no solo porque me dieran el premio sino porque siempre he pensado que es una obra redonda. Como serie me quedo con El recreo de los ausentes. No es una obra vendible, pero los artistas tenemos que hacer una obra para alimentar el bolsillo y otro tipo de obra para alimentar el espíritu. Y esta es de las que alimenta el espíritu. He visto a mucha gente llorando delante de mis esculturas y eso me sobrecoge. Hay también cierto público al que le provoca rechazo porque nadie se quiere ver con la realidad que le va a tocar pasar, porque hoy estamos todos muy bien, pero mañana nos veremos con los pañales y la cabeza en otro sitio. Al final volvemos todos a ser niños.

–¿Cómo empezó en el mundo del arte?

–Mi padre era hojalatero, el principio de la fontanería, y mi madre ama de casa y le gustaba bordar. Recuerdo las siestas del verano, en las que mi madre me decía que si no dormía, me pusiera a dibujar. Quizás ese fue el origen. Después, empecé a hacer formación profesional, pero me tocó irme al servicio militar con la suerte de que salí excedente de cupo y quise volver a matricularme para terminar los estudios, pero cuando llegué el plazo había acabado. Para no perder un año, me metí en Arte y Oficios porque mi hermana estaba allí haciendo publicidad y me gustaba lo que hacía. Cuál fue mi sorpresa cuando llegué, que me puse a hacer mi primer dibujo y el profesor me dijo que si lo había hecho antes, y lo mismo pasó con el de modelado. Tengo el orgullo de decir que hice los cinco años con matrícula de honor en todas las asignaturas. Descubrí mi vocación y mi pasión y pasé de ser un poco fracaso escolar a ser el alumno más brillante de la Escuela de todos los tiempos. Mi obsesión era aprender y ver arte. Ahorraba y en verano me iba a Londres, a París, a Italia... a ver museos, emborracharme de arte y llorar delante de muchas esculturas y cuadros. Luego me fui becado a Italia con Cajasur y cuando se me iba a acabar la beca me salió un trabajo de restauración en Singapur y lo acepté. Todo eso son experiencias que te van conformando como artista.

Belmonte, junto a algunas de sus esculturas de mayor tamaño. Belmonte, junto a algunas de sus esculturas de mayor tamaño.

Belmonte, junto a algunas de sus esculturas de mayor tamaño. / Juan Ayala

–¿Si no hubiera estado becado en Italia, cree que su trayectoria hubiera sido otra?

–Sí, a mí Italia me abrió mucho los ojos. Yo estaba en un pueblo que se llama Piedrasanta, a 15 kilómetros de Carraca, que es donde están los talleres artesanos de mármol y la Fundición Mariani. Allí van todos los artistas del mundo a trabajar. Allí tomaba cervezas con Botero, con Pomodoro, con Antonio López... Aquello me enriqueció mucho. Fue cuando verdaderamente tomé conciencia de lo que era el arte y de mi compromiso con el arte.

–Para cerrar, ¿hablamos del ego de los artistas?

–Es algo que no entiendo. Pienso que el artista egocéntrico es el que tiene que explicar lo que en realidad no es. El que sabe que es artista, no tiene que explicar nada ni ser egocéntrico. Yo defiendo la naturalidad; el artista es una persona normal y corriente. Tengo mi taller en un polígono y me junto con el mecánico, con el del bar de enfrente... Somos personas normales que tenemos un trabajo distinto, pero no especial. El yoísmo es una cosa que no me interesa para nada. Al revés, con la edad me siento más humilde. Lo que quiero ahora es disfrutar con lo que hago.

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