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Córdoba

Unas 1.300 personas malviven en los 11 asentamientos irregulares que hay en Córdoba

  • Algunos de los campamentos están habitados desde hace más de ocho años y Cruz Roja se encarga de sus necesidades más básicas

Uno de los asentamientos de la capital localizado en una nave. Uno de los asentamientos de la capital localizado en una nave.

Uno de los asentamientos de la capital localizado en una nave.

Aproximadamente 1.300 personas viven en al menos 11 asentamientos irregulares que existen en Córdoba capital. Según los datos que maneja el programa de inmigrantes de la Cruz Roja, los asentamientos se encuentran en el Sector Sur, Zahira, Fátima, Choza del Cojo, Chinales, las Quemadillas, Camino de la Barca, Camino de Carbonell, Fontanar y la Autovía de Madrid.

La situación es dura, pero no es nueva. Estos pobladores, en su mayoría inmigrantes, llevan más de ocho años residiendo, entre pobreza y exclusión, en la capital cordobesa. A estos asentamientos se unen los "temporeros", donde en 2019 se atendió a 1.312 personas (985 hombres y 327 mujeres) que llegan a más de seis municipios de la provincia a las campañas de recogida de la aceituna y del ajo.

El perfil del inmigrante que llega a asentarse en estos campamentos irregulares en la provincia es variado. Así, Cruz Roja señala que hay 579 rumanos, 410 marroquíes, 69 senegaleses y 54 malienses, que van en descenso. A ello se suma un pequeños grupo de colombianos, venezolanos y nicaraguenses, que engrosan la lista de atendidos por entidad humanitaria el año pasado, aunque estos últimos suelen ser pocos pues buscan dedicarse a la hostelería y los trabajos domésticos.

Los rangos de edad varían, pero en su mayoría son personas en edad productiva, entre los 18 y los 34 años. Este grupo comprende 423 hombres y 166 mujeres. De 35 a 49 años fueron atendidos 388 hombres y 86 mujeres; de 50 a 64 años 122 hombres y 32 mujeres y mayores de 65 años cinco hombres y ocho mujeres, estos últimos en su mayoría de nacionalidad rumana, pues suelen viajar todos en familia.

Además, la Cruz Roja registró un total de 47 hombres y 39 mujeres menores de edad en asentamientos de la provincia durante el 2019. Estos últimos datos muestran un "descenso significativo" de 30 menores de 18 años menos con respecto al año 2018, situación que satisface a la trabajadora social del programa de inmigrantes, María Dolores Casares.

Los inmigrantes construyen sus viviendas improvisadas con materiales de desecho o reciclados, como ladrillos, los techos suelen ser de láminas de plástico y ponen sus colchones y demás utensilios en el suelo de cemento o de tierra. Otros viajan por toda España en sus coches o se instalan en espacios abandonados sin electricidad ni agua potable, donde, por lo general, viven hacinados y sin acceso a climatización para sobrellevar las estaciones en Córdoba, que pasan de cinco grados en invierno a 40 grados en verano.

Durante la última campaña de la aceituna, la Cruz Roja se dirigió a Fernán Nuñez, Bujalance, Cañete de las Torres, Montoro, Adamuz y, por primera vez, a Valenzuela, donde atendieron al menos a 100 personas, mientras que en la campaña de ajo se dirigieron a Montalbán, Santaella y La Guijarrosa. Además, las oficinas provinciales de la organización en Baena atendieron a 117 hombres provenientes de Marruecos, en Priego a 91 (79 de ellos marroquíes) y en Rute a 247 personas (228 hombres y 19 mujeres), 181 de ellos también de origen marroquí.

La organización humanitaria necesita al menos 12 voluntarios para acudir a atender a los temporeros en un día. Salen desde Córdoba capital hacia los asentamientos a las 16:00 y vuelven sobre las 02:00 de la madrugada. Durante el 2019 entregaron productos de alimentación como leche, aceite, pasta y comida no perecedera a 370 personas, mantas para el invierno a 296 personas y sacos de dormir para 178 personas que viven en coches.

Al menos 583 personas recibieron artículos de higiene, 20 de ellos son niños menores de tres años que han nacido en esa realidad. Además, ropa y vestuario, sobre todo para el invierno, fueron entregadas a 442 personas, mientras que dos mujeres fueron atendidas con medicación por problemas de salud.

Como novedad, han comenzado a entregar una guía impresa de recursos con un mapa del municipio en el que están y el de Córdoba capital, donde destacan la sede de la Cruz Roja y los centros de salud a los que pueden acudir en caso de necesitarlo. Además, han agregado a su programa la orientación medioambiental para mejorar el reciclado de sus desechos, que antes solían quemar cerca de sus asentamientos, y un taller básico de salud sexual con la entrega de preservativos.

Reparto de Cruz Roja a personas de los campamentos. Reparto de Cruz Roja a personas de los campamentos.

Reparto de Cruz Roja a personas de los campamentos.

Las personas que viven en asentamientos en la provincia son nómadas, por lo que una vez que acaba la temporada agrícola en Córdoba se dirigen a otros destinos, entre los que destacan Sevilla, Jaén, Almería y Huelva, donde comienzan de nuevo. A 22 de ellos (18 hombres y cuatro mujeres) que han presentado algún pre contrato laboral en otra ciudad, la Cruz Roja les ha gestionado el billete de autobús.

Hace falta voluntad. La trabajadora social del programa de inmigrantes de Cruz Roja, María Dolores Casares, lamenta que a los inmigrantes "que realmente vienen a generar riqueza en el campo" no se les garantice unas condiciones mínimas para el ejercicio de su labor en el campo, pero no solo achaca la situación a los dueños de las tierras, sino también a las administraciones públicas.

A los inmigrantes de los 11 asentamientos de Córdoba capital también los atienden. Van a visitarlos cada dos semanas y los integran en cursos de formación, clases de castellano, de conocimientos del entorno y de hábitos saludables. Son más de ocho años haciendo vida en la ciudad y, según Casares, la cifra se ha mantenido en este tiempo. Muchos de los niños han nacido en Córdoba, son cordobeses, van a formarse en las escuelas públicas y son la generación que luchará para integrarse en la sociedad.

Casares desea dejar de tener que hacer esta labor, pero mientras siga siendo necesaria, quiere llegar a cada vez más personas, hasta alcanzar a ayudarlas a todas, aunque muchas veces los recursos no sean suficientes.

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