Subbética

Frío y tradición por La Candelaria en Cabra

  • Centenares de personas acuden al Santuario de la Virgen de la Sierra donde se celebra la romería

Asistentes a la romería, en el Santuario de la Virgen de la Sierra Asistentes a la romería, en el Santuario de la Virgen de la Sierra

Asistentes a la romería, en el Santuario de la Virgen de la Sierra / Antonio J. Roldán

Febrero comienza en Cabra con la tradicional y familiar Romería de la Candelaria, que en este 2019 alcanzó 107 ediciones y congregó a centenares de devotos de toda la comarca en una jornada soleada pero muy fría, con temperaturas que no subieron de los cuatro grados en el Santuario de María Santísima de la Sierra, uno de los puntos más elevados de las Sierras Subbéticas.

Minutos después del mediodía, se ha procedido a la bendición de las candelas y las roscas previa a la procesión del Niño Jesús que porta en sus manos la Virgen, ataviado con traje de cristianar, y con la que se recuerda la presentación de Jesús en el templo y la purificación de María, que según la liturgia de esta festividad católica se produjo 40 días después de la Navidad.

La costumbre manda, y en medio de la comitiva no han faltado ofrendas como dulces, roscas y los tradicionales pichones, en recuerdo de las tórtolas que la Sagrada Familia donó al templo, y que en Cabra cada año se atavían con ropajes y motivos alusivos al devenir social o religioso del municipio.

En esta ocasión, la familia Cantero Jiménez, encargada de este menester, decidió rendir homenaje a Manuel Sabariego, abanderado de la Real Archicofradía fallecido el pasado mes de diciembre -y al que la hermandad decidió dedicar la misa-, vistiendo a las aves con la bandera y el tambor de la Virgen. De hecho, en el altar se encontraba la enseña multicolor de la Señora, coronada con un crespón negro en señal de duelo por esta sentida perdida.

La primera cita del calendario en el Santuario también sirvió para la bendición de una imagen de San Argimiro, obispo de la antigua Diócesis de Egabro, que según la tradición fue quien comenzó a rendir culto a la imagen en la localidad.

Una restauración de la efigie que se conservaba, en un estado deplorable, en la parroquia de la Asunción y Ángeles, y que ha corrido a cargo del artista Alberto Chica. A partir de ahora, pasará a formar parte de la imaginería del Santuario, donde ya se encuentran las esculturas de San Agustín, San Arcesindo y San Fernando.

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