Campiña Sur

Monturque, el municipio de Córdoba con tasa 0 de covid-19 que ha sido confinado por la Junta

Tareas de desinfección en Monturque. Tareas de desinfección en Monturque.

Tareas de desinfección en Monturque. / El Día

"Qué vamos a hacerle, solo resignarnos", dice en la mañana de este jueves un vecino de Monturque, el municipio de la Campiña Sur cordobesa que, pese a tener tasa 0 de covid-19, iniciará esta madrugada un cierre perimetral de al menos diez días como el resto de sus vecinos del Distrito Sanitario Córdoba Sur. En total, se verán afectadas 261.145 personas, casi un tercio de toda la población de Córdoba. De ellas, 1.958 residen en este pueblo-atalaya. Desde el inicio de la crisis, Monturque solo ha registrado nueve contagios, una de las cifras más bajas de la provincia.

La alcaldesa, Teresa Romero (PSOE), celebra no obstante la medida: "La esperábamos desde hacía tiempo. Vivimos una situación vulnerable por los lazos tan estrechos familiares, económicos o comerciales con otros municipios que sí tienen una afección muy importante. Y esta restricción puede ayudar a preservar la población sin contagios". 

En el bar López, al pie de la antigua N-331, junto a uno de los accesos que suben al casco urbano, la clientela habitual de trabajadores agrarios, representantes, comerciales y camioneros sigue llegando con normalidad a horas del cierre perimetral, cuenta la propietaria, Auxiliadora. "Aquí sigue todo más o menos igual. El movimiento nunca ha parado", asegura, aunque desde primera hora de la mañana todas las conversaciones se centran en averiguar qué tipo de certificado hay que llevar a mano para evitar la multa de la Guardia Civil.

"Hay mucha desinformación. La gente no sabe si tiene que llevar justificante, qué tipo de documento hace falta...", relata. Su clientela se nutre de monturqueños, pero también de vecinos de las cercanas Cabra, Moriles, Aguilar o Montilla.

A pocos metros se encuentra el restaurante Los Faroles, toda una institución en la comarca por sus menús económicos y abundantes. "Lo veo bien esto del confinamiento, hay que hacerlo", razona Andrés Muñoz, uno de los hermanos copropietarios del establecimiento. "Es que de otra manera el virus no se puede parar, ya se ha demostrado", dice.

El hostelero afirma que hace tiempo que empezaron a notar el descenso de clientes, sobre todo de los que van a la caída de la tarde "a beber cubalibres" y de familias de la zona que acudían los fines de semana a almorzar. El restaurante subsiste, en todo caso, de los trabajadores que a diario paran un rato a almorzar. El impacto del cierre perimetral se plantea incierto, es otra nueva nueva normalidad. Y, paradójico, llega siete meses tarde: el Ayuntamiento solicitó a la Subdelegación el pasado marzo, en pleno pico de la primera ola, que cortara los accesos a la localidad, adonde entonces no había logrado llegar el SARS-CoV-2 mientras toda la comarca se plagaba. Sus demandas no se escucharon entonces, y el cierre ha llegado ahora de manera inesperada.

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