Los Pedroches

El Castillo de Belalcázar presume de historia

  • La fortaleza que fuera de los Sotomayor y Zúñiga abre sus puertas, que llevaban décadas cerradas, tras las labores de restauración que en la misma ha llevado a cabo la Junta

Un grupo de los primeros visitantes del restaurado Castillo de Belalcázar Un grupo de los primeros visitantes del restaurado Castillo de Belalcázar

Un grupo de los primeros visitantes del restaurado Castillo de Belalcázar / Sánchez Ruiz

Unas 300 personas serán las privilegiadas que durante este fin de semana podrán ver por primera vez las tareas de consolidación que ha llevado a cabo la Junta en el Castillo de Belalcázar, con su imponente Torre del Homenaje, que desde el siglo XV preside las alturas de Los Pedroches.

Las Jornadas Europeas de Patrimonio Histórico en Córdoba han elegido esta joya histórica para mostrar al público un secreto que ha estado guardado durante muchos años, antes incluso de su compra por parte de la Junta, cuando se tapiaron los agujeros en los lienzos de la muralla que permitían el acceso al interior del mismo, principalmente al patio de armas. Lamentablemente, quedan muchos rastros de este pasado sin control con las pintadas en las piedras de granito.

Sin embargo, esto no afea un resultado espectacular. En el que sin duda, el momento de la jornada ha sido el poder subir hasta la cima de su Torre del Homenaje, con una altura de 47 metros sobre el nivel del suelo, que no del original del enclave, y con más de 166 escalones originales cuya subida y bajada ha sido una aventura para todos sus visitantes.

Una subida no recomendada para personas que sufren de claustrofobia, problemas cardíacos o de movilidad y que no es fácil, con escalones desiguales, pero que permite adentrarse en parte de la historia de los Zúñiga y Sotomayor, con sus escudos aún conservados en perfecto estado en los nervios centrales de las bóvedas que aún se pueden apreciar. Subir al mirador que se ha creado en la parte alta de la torre permite divisar gran parte de Los Pedroches, así como su unión con la comunidad extremeña.

Desde ese punto se puede vislumbrar parte del lienzo de la muralla de protección y algunas de las 28 torres que delimitan el recinto histórico, del que resulta curioso la forma de corazón, que puede ser casualidad por la disposición del arroyo Caganchas, pero que no deja indiferente. De todas las torres, la mejor conservada es la Albarrana, puerta norte del asentamiento.

La consolidación de la obra, donde se ha insistido en asegurar el castillo al completo, con sus cinco torres y murallas, además de instalar iluminación y crear los accesos que permitan su puesta en valor, ha dado a conocer el verdadero estado de conservación del castillo, que se pretende continuar en un futuro para poder actuar también en el Patio de Armas, donde sólo se han llevado a cabo tareas de limpieza. La construcción del Castillo de Belalcázar, iniciada en la segunda mitad del siglo XV, conllevó distintos modelos constructivos que pueden apreciarse claramente en sus muros, apoyadas por las explicaciones de los arqueólogos que guían la visita de los distintos grupos.

Detalle del interior del castillo. Detalle del interior del castillo.

Detalle del interior del castillo. / Sánchez Ruiz

Llama la atención la clara diferenciación entre las zonas de protección y las estancias nobles, donde la decoración es más profusa, además de dejarse notar claramente el poderío señorial. Estancias que albergaron, según se estima de las distintas investigaciones, una capilla y una biblioteca. Elementos tan singulares como la cadena labrada en granito, propia de los Zúñiga, delimita la construcción por la zona exterior de la Torre del Homenaje, levantada en el siglo XV, hasta la parte renacentista más alta donde aún se conservan el escudo de los Sotomayor, ya con estilo del XVI, más decorativa y prominente en una época sin conflictos bélicos que permitían el alarde de grandeza por encima de su significado original de protección.

Esta apertura al público del Castillo de Belalcázar ha sido para sus vecinos un momento de júbilo, tras conseguirse después de muchos años de lucha, que las piedras de la historia no cayeran sin remedio para no levantarse más. Por ello, han sido muchas las personas mayores que se han sumado a la visita, recordando otras visitas personales y clandestinas al recinto, cuando el castillo formaba parte de un paisaje con un futuro incierto que desde hoy comienza a tomar forma.

Y con interés, curiosidad, y sabiéndose privilegiados de un momento que tanto se esperaba, han sido muchos los vecinos de Belalcázar y pueblos vecinos de la comarca, los que no han podido resistirse a contemplar y palpar con su manos las piedras de granito, surcando con los dedos las distintas marcas de cantería, que conforman parte de su propia historia.

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