Loco arancel

23 de febrero 2026 - 03:10

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha tumbado los aranceles de Trump. No es una enmienda económica; es jurídica: se los carga no por ser aranceles, sino por forzar la norma. Yo, además, creo que los aranceles son, en sí mismos, un error. Ponerle puertas al campo nunca funciona, ni siquiera a corto plazo. Debilitan y encarecen, trasladan su coste al consumidor y erosionan la competitividad que prometen salvar.

Trump ha perdido por errático. Y es una buena noticia por lo que puede tener de punto de inflexión. El alto tribunal cuestiona la arquitectura normativa utilizada para imponerlos, si un presidente puede estirar la ley hasta convertirla en coartada. La presidencia de Trump está siendo exactamente eso: estirarlo todo hasta el límite, incluso rompiéndolo.

Tras el varapalo, la reacción no ha sido corregir el rumbo, sino improvisar otro: arancel global del 10% y, al día siguiente, 15%. Pasaría por una pataleta de un niño sin juguete, pero es la política de un gobierno con impacto mundial. La incertidumbre no es su efecto colateral: lamentablemente es su método.

No sé si Europa observa, pero debería porque tenemos una oportunidad. Pese al eterno complejo de inferioridad, todos nuestros parámetros estructurales son mejores a este lado: mayor esperanza de vida, mejor sistema sanitario, mayor bienestar agregado, más cohesión social. Pero también arrastramos lastres brutales: burocracia asfixiante, presión fiscal dispar y con frecuencia excesiva, y un dinamismo económico que rara vez acompasa su ambición regulatoria. Europa sabe vivir; Estados Unidos sabe moverse. Ninguno ha encontrado aún el equilibrio.

Lo inquietante no es solo el proteccionismo, sino la frivolidad: forzar el marco, perder en los tribunales y responder doblando la apuesta. Pero ni Trump ni el trumpismo son eternos, caducan en dos años largos. Y, salvo estupidez supina, si nos sedujera cualquier nacionalismo ramplón y cateto, Europa seguirá. Igual, con algo de suerte, tampoco con los mismos.

Si Trump, pato cojo muy pronto, juega a la fuerza, Europa debe jugar a la inteligencia. Nuestra gente es mucho mejor que nuestros líderes. Ahí está la esperanza. Y la apuesta.

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