Vía Crucis de las Cofradías 2026: Córdoba renueva su fe junto al Señor de la Sangre en la Catedral
La ciudad vive una ceremonia de devoción histórica y espiritualidad profunda con la presencia extraordinaria de la Hermandad del Císter en su 50 aniversario fundacional
El traslado del Señor de la Sangre a la Catedral para el Vía Crucis de las Cofradías, en imágenes
Cada año, la llegada de la Cuaresma transforma las calles de Córdoba en un escenario de recogimiento, historia y fe viva. Entre los actos más significativos se encuentra el tradicional Vía Crucis de las Cofradías, una cita organizada por la Agrupación de Hermandades que reúne a cofradías y devotos en torno al primer templo de la diócesis, la Santa Iglesia Catedral. Este acto, que combina oración, historia y cultura cofrade, se ha consolidado como uno de los momentos centrales de la Cuaresma cordobesa, un acto en el que la ciudad rinde homenaje a su patrimonio religioso y a la pasión de Cristo.
En 2026, el Vía Crucis de las Cofradías ha cobrado una relevancia especial: la imagen elegida para presidir el acto ha sido Nuestro Padre Jesús de la Sangre, titular de la Hermandad del Císter, que celebra este año su 50 aniversario fundacional. La elección, realizada en la asamblea de hermanos mayores, no ha sido casual, sino que ha sido gesto cargado de simbolismo y memoria, que recuerda los orígenes de esta corporación y su relación con la juventud, la formación cristiana y la fraternidad.
Un recorrido que une historia y devoción
El Señor de la Sangre, realizado en 1978 por el escultor Antonio Eslava, ya había presidido el Vía Crucis en 2003 con motivo del 25 aniversario de su hechura. Veintitrés años después, ha vuelto a caminar por el primer templo de la diócesis, esta vez para conmemorar medio siglo de fe, fraternidad y servicio cristiano. La imagen, entronizada sobre el paso procesional de San Juan Bautista de La Salle, cedido por la comunidad educativa del Colegio La Salle, ha constituido un testimonio vivo de las raíces de la Hermandad, fundada por antiguos alumnos del centro en 1976.
Este acto no ha sido solo una procesión, sino un encuentro con la memoria y la identidad de la Hermandad: la historia de un grupo de jóvenes que transformaron su formación en una auténtica vocación de fe y servicio, que se reflejó en cada detalle de la imagen y su paso. La cesión del paso de La Salle ha simbolizado la continuidad entre el pasado y el presente, entre la educación y la espiritualidad, mostrando cómo la fe se consolidó en actos concretos de fraternidad y servicio a la Iglesia.
Durante el recorrido hacia la Catedral, el Señor de la Sangre ha estado acompañado por el quinteto de viento Gregis Mater, del Redil Eucarístico de la Divina Pastora, cuya música de calidad artística y sensibilidad religiosa ha realzado la solemnidad del acto. A su regreso, lo ha hecho con la Banda de Música Maestro Tejera, completando un diálogo entre tradición musical y devoción popular que caracteriza la Semana Santa cordobesa.
Símbolos que hablan de fe, sacrificio y esperanza
La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre ha estado revestida con una túnica de terciopelo crudo, adornada con entredos de conchas de oro del siglo XIX, y ha portado una corona de espinas que transmite un mensaje de sacrificio y redención. En su cíngulo, ha lucido una medalla de plata de la familia lasaliana, que ha pasado por tres generaciones como un tesoro de fe heredada. Esta medalla ha mostrado la efigie de San Juan Bautista de La Salle, la estrella, símbolo del carisma lasaliano, y los quebrantos o cheurones, recordando las dificultades y sacrificios que acompañaron los primeros pasos de la Hermandad y del espíritu educativo de La Salle.
Las primeras potencias de plata de ley, adquiridas por el fray Ricardo de Córdoba, fundador artístico de la Hermandad, y los ángeles pasionistas procedentes del Monasterio del Císter, portando instrumentos de la Pasión de Cristo, han completado un conjunto que ha fusionado arte, historia y espiritualidad. Cada elemento sobre el paso no ha sido un simple adorno, sino un símbolo cargado de significado, que ha recordado al devoto la entrega, el sufrimiento y la redención de Cristo.
En el frontal del paso se ha venerado además una reliquia de San Francisco de Asís, colocada con motivo del VIII Centenario de su tránsito y dentro del Año Jubilar Franciscano, subrayando la inspiración espiritual que guio a la Hermandad del Císter y su relación histórica con la orden franciscana.
El lema y la intención del Vía Crucis
El Vía Crucis de este año se ha celebrado bajo el lema La Sangre derramada abre el camino de la Misericordia, evocando el misterio de Cristo que entregó su sangre por amor a toda la humanidad, sellando una nueva Alianza y ofreciendo a los fieles el camino del perdón y la vida eterna. Las intenciones del acto han estado especialmente dedicadas a la juventud, considerada el pilar vivo de la Hermandad, así como a las comunidades religiosas de Madres Cistercienses y Hermanos Menores Capuchinos, y al ministerio episcopal de Jesús Fernández, quien ha presidido como obispo por primera vez el Vía Crucis de las Cofradías de Córdoba.
Esta dimensión de acompañamiento a los jóvenes, fiel a los orígenes de la Hermandad, se ha traducido en un mensaje que ha trascendido lo cofrade: ha invitado a toda la comunidad a valorar la importancia de la formación cristiana, la fraternidad y el servicio a la Iglesia, recordando que la fe se construye también desde la acción y el compromiso cotidiano.
Historia viva de la Hermandad del Císter
La Hermandad del Císter nació en 1976 del compromiso de un grupo de jóvenes alumnos del Colegio La Salle que transformaron su formación educativa en vocación de fe. Desde su fundación, la juventud ha sido el motor de la corporación, con un espíritu de servicio, fraternidad y apertura a la comunidad.
Los primeros pasos de la Hermandad estuvieron marcados por la necesidad de consolidar su identidad en torno al Monasterio del Císter, sede inicial de la corporación. Allí se desarrollaron los primeros actos de devoción y servicio, sentando las bases de lo que hoy es un referente en la Semana Santa cordobesa. A lo largo de estos 50 años, la Hermandad supo conjugar tradición y renovación, manteniendo vivas sus raíces lasalianas y franciscanas, mientras acompañó a nuevas generaciones de fieles en su crecimiento espiritual.
La música como hilo conductor del Vía Crucis
La música ha sido un elemento indispensable del Vía Crucis, capaz de transformar un acto devocional en una experiencia profunda para los sentidos. El quinteto de viento Gregis Mater, que ha acompañado la salida y el rezo, ha imprimido un matiz de solemnidad y recogimiento, mientras que la Banda de Música Maestro Tejera, presente en el regreso, ha ofrecido un contrapunto lleno de fuerza y emotividad.
Cada nota musical, cada pausa y cada acorde han acompañado el caminar de la imagen, realzando la contemplación del misterio de Cristo y la riqueza artística de la ciudad. La música se ha convertido en un lenguaje que ha unido tradición y modernidad, fe y cultura, y ha convertido el Vía Crucis en un acto de comunión colectiva.
Impacto social y cultural del Vía Crucis
El Vía Crucis de las Cofradías no es solo un acto religioso; también constituye un fenómeno social y cultural que moviliza a la ciudad. Los vecinos y visitantes se han concentrado a lo largo del recorrido, creando un tejido de participación que refuerza la identidad cordobesa. La procesión de ida y la de vuelta se han convertido en un espacio de encuentro intergeneracional, donde jóvenes y mayores han compartido la experiencia de la fe, la historia y el arte religioso.
Además, la planificación del acto, que ha garantizado el acceso de residentes y cocheras pese a los cortes de tráfico, ha demostrado la capacidad de la ciudad para conjugar tradición y vida urbana, preservando la seguridad y la movilidad sin sacrificar la solemnidad del acto.
Memoria, devoción y futuro
El Vía Crucis de las Cofradías de Córdoba ha sido otra vez más mucho más que un acto procesional. Ha sido un puente entre pasado y presente, un testimonio de fe, un homenaje a la historia de las Hermandades y una invitación a la reflexión espiritual. La presencia extraordinaria de Nuestro Padre Jesús de la Sangre en su 50 aniversario fundacional ha simbolizado la continuidad de la fraternidad, la juventud y la vocación cristiana, pilares que sostienen la identidad de la Hermandad del Císter.
Cada detalle del paso, cada medalla, cada ángel y cada instrumento de la Pasión de Cristo ha recordado que la devoción se nutre de historia, arte y comunidad. Córdoba, con sus calles, plazas y templos, ha sido testigo y participante de un acto que, año tras año, renueva la fe y la memoria colectiva de la ciudad.
El Vía Crucis de las Cofradías, con su combinación de espiritualidad, cultura y tradición, seguirá año tras año siendo un acto emblemático que invita a mirar al pasado con gratitud y al futuro con esperanza, demostrando que la fe, cuando se vive en comunidad y con raíces profundas, se transforma en una fuerza que une generaciones y construye ciudad.
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