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El primer alcalde constitucional de Málaga, el socialista Pedro Aparicio, contaba una anécdota del primer año del PSOE en la Junta, en una visita del presidente a Málaga. Escuredo no paraba de decirle que actuara sin complejos. Los socialistas del curso 82-83 nadaban en la abundancia institucional: gobierno nacional, autonómicos, ayuntamientos, diputaciones... y se comían el mundo. El PP ha practicado el consejo de Escuredo en su primer año triunfal en el poder regional: actúan sin complejos. Están que se miran en cualquier espejo y lo parten. Con el inconveniente de que están lejos del poder acumulado por los socialistas entonces y ni siquiera tienen mayoría en el Parlamento andaluz.

Pero si se les pregunta en privado si están cómodos ponen cara de suficiencia extrema. Y si se les consulta por qué no siguen esta u otra tradición responden que ahora van a hacer todo lo contrario que antes, "porque los 40 años de socialismo están en la cárcel". Los hijos políticos y compañeros de los protagonistas de Gürtel, Lezo, Púnica, etcétera, hablan de corrupción y de cárcel sin complejos; la manta de los eres todo lo tapa.

Sin complejos, en el PP hacen símiles militares sobre su entrada en San Telmo como los marines en los palacios de Sadam Hussein. Sus excesos verbales no tienen propósito de enmienda. El consejero de Presidencia en un balance del año en la Cadena Ser ha afirmado que el gobierno del cambio destina "un 20% de su tiempo a denunciar las cosas que hicieron mal los socialistas en el pasado". Es muy exagerado utilizar una quinta parte del esfuerzo gubernamental a acusar al contrincante. Es como si dos o tres Consejerías se dedicaran en exclusiva a hostigar el pasado.

Así es como el portavoz de la Junta se escandaliza por unas cajas fuertes secretas, que eran armarios inventariados. O clama contra la intervención de las cuentas regionales por la aplicación de una norma sobre déficit excesivo que redactó un ministro del PP. El consejero de Economía ya ha reconocido la falsedad, pero ahí queda la pedrada a la ministra actual.

La propaganda es la segunda gran conquista de este primer año del PP en la Junta. Por ejemplo, descubrir que Andalucía tiene el tercer PIB de España. Lo ha tenido siempre desde que hay autonomía ¡y también el penúltimo lugar en PIB per cápita! El presidente Moreno presumió anteayer en Córdoba de que Andalucía crece más y crea más empleo que la media nacional. Lo atribuye al cambio. Pero no, esa ha sido la constante en los periodos expansivos de la economía. Lo que sería una novedad es que llegara una recesión y el promedio regional mejorara al nacional, en vez de hundirse. Hasta entonces, seguimos como siempre.

El PP está tan encantado de verse instalado en el poder, tras tantos intentos frustrados, que imita defectos de su adversario. Pero la arrogancia sin complejos no es buena compañera.

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