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Desplazados

Cuando se transfirió la Sanidad a las autonomías, algunos nos temimos que aquello no podía traer nada bueno

Me llega un artículo de una periodista andaluza que vive en Madrid desde hace poco tiempo y tiene todavía la tarjeta sanitaria del SAS. Cuando tuvo que acudir a urgencias a tratarse una amigdalitis de caballo, la auxiliar y la administrativa la trataron como "desplazada" e hicieron todo lo posible por retrasar su visita. Conozco esta experiencia porque la sufrí con mi hija en Mallorca, hace ya años. Teníamos la tarjeta del SAS, y cuando acudimos a un centro de salud porque mi hija tenía la varicela, nada más ver nuestra tarjeta del SAS todo el procedimiento de admisión se detuvo. Hubo consultas en voz baja, murmullos, vacilaciones, hasta que una auxiliar decidió ir a consultarlo -"Tendré que preguntarlo en dirección"- y volvió al cabo de un buen rato con una sombría expresión resignada. "Podemos tratar a la niña, sí, pero como desplazada" -nos advirtió. Y haciendo un frío ademán, por fin nos dejó entrar a ver al médico.

Siento decirlo, pero esa palabra, "desplazado", es humillante. Te hace sentir un refugiado o un inmigrante sin papeles que está reclamando algo a lo que no tiene derecho, pero así funciona nuestro Estado de las Autonomías. Hace muchos años, cuando se transfirieron las competencias de Sanidad a las comunidades autónomas, algunos nos temimos que aquello no podía traer nada bueno. Mi padre, médico de la Seguridad Social, me dijo que compartimentar la Sanidad en 17 porciones era una tontería morrocotuda que tan sólo podía crear un desbarajuste presupuestario y una pésima gestión de recursos. Y así ha sido.

Lo malo del caso es que, por una extraña superstición muy presente entre nuestra izquierda, mucha gente cree a pies juntillas que cualquier servicio público descentralizada se convierte automáticamente en un buen modelo de gestión. Eso es falso, ya que la descentralización sanitaria -igual que la educativa- sólo ha creado agravios comparativos, derroches y papaleo, y encima nos ha convertido a los usuarios en "desplazados" si tenemos que ser atendidos en otra comunidad. Eso supone un insulto intolerable para quienes sufragamos esos servicios con nuestros impuestos, pero todo eso da igual. Ya verán que todo el mundo sigue defendiendo que la sanidad pública fragmentada en 17 porciones, como los quesitos, es un éxito sin precedentes que no admite cambio alguno. Y olé.

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