Su propio afán

Corona de Adviento

En vísperas de Nochebuena, la corona de Adviento va a toda vela, y la mía más encendida que nunca

Elbarroco me va a matar. Contumaz contrarreformista, vivo en un frenesí sin saber qué vía de agua de la ortodoxia taponar. Leí en El País que la fiesta de la Inmaculada no tenía arraigo en España. Ni por su trascendencia histórica ni por los patronazgos de la Inmaculada (de los farmacéuticos, de la fiel Infantería, de la Orden de Carlos III…) ni por la devoción que levanta su puente, eso parece exacto. Pero, como soy más de acción que de queja, se me ocurrió añadir a mi corona de Adviento el homenaje de una vela celeste que encenderé cada día de la Inmaculada a partir de este año, todos.

La corona de Adviento consiste en un divertido recordatorio de que se acerca la Navidad formado por cuatro velas que se encienden una tras otra a cada domingo de Adviento. La primera vela, morada, llamando a la penitencia; la segunda, verde, por la esperanza; la tercera, colorada, por el amor ya al rojo vivo y la última blanca, por el Niño a punto de nacer. La luz de la Navidad acercándose en una rueda del tiempo cada vez más brillante.

Los sacerdotes españoles tienen el privilegio único en el mundo de celebrar con una casulla azul celeste el día de la Inmaculada en recuerdo de la defensa que siempre hizo nuestra nación de ese dogma. Para que luego diga El País… La vela celeste, pues, viene que ni pintada, asciende a domingo la fiesta de la Señora aunque caiga en miércoles, y españoliza la corona. Cuadra.

Pero mientras el barroco me mata o no, puede adelantarse mi mujer. Ella había hecho nuestra corona y se la he desbaratado. Tenía que hacer espacio para meter una vela de más. Luego, pensé que era una pena no tener una vela rosa para el domingo gaudete, así que busqué una de ese color, y ya no cabía la blanca. Desplacé la roja al último domingo de Pascua, por eso del amor encendido. Y colé alegremente la gaudete.

¿Me quedé tranquilo? No. Sobraba una vela blanca. Así que he comprado otras tres: una amarilla, por Melchor, otra marrón, por Gaspar y una negra, con perdón, por Baltasar; y he inventado una corona de Epifanía, que iré encendiendo sucesivamente el día de Navidad, los Santos Inocentes, la Sagrada Familia y la Noche de Reyes, ea. Hay que ser previsores, que cualquier día El País dice que la Epifanía no tiene arraigo en España. Capaces son. El que no es capaz soy yo de pedirle a mi mujer que me haga una corona nueva. (A ver si lee este artículo y se apiada, que es Navidad.)

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