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Santa campaña

Sin saber si los sondeos son fieles a la realidad o un trampantojo, el indeciso viajará o hará penitencia

La primera intención de Pedro Sánchez -según supimos los españoles por un teletipo escrito nada más y nada menos que por el presidente de la agencia Efe- era convocar estas elecciones el día de ayer. Tendríamos hoy que estar escudriñando el resultado. Convocar a las urnas el 14 de abril era tentador. Pero el guiño republicano se topó con la Iglesia, o casi: era Domingo de Ramos.

La reticencia de los barones del PSOE a un Superdomingo que hiciese coincidir comicios municipales, autonómicos (del artículo 143), europeos y generales llevaba a La Moncloa a encajar la fecha entre el no al Presupuesto y ese 26 de mayo.

La solución: llevarnos a donde vamos: el 28 de abril. Y con ello, por primera vez, la mitad de la campaña electoral coincidirá con la Semana Santa y el lunes de Pascua, festivo parcial.

Las campañas son en España -hace años- aburridas, prescindibles: pensadas sólo para las teles. Obsoletas, es cierto.

Pero en una situación de incertidumbre sobre si el dibujo que hacen los sondeos, por la bolsa de indecisos, es fiel a la realidad o un trampantojo, la campaña competirá con el asueto, la escapada o la devoción, según el caso. Hay riesgo cierto de que sume hacia la desconexión y, en el peor de los casos, la desmovilización.

Cuando la rutina vuelva a gobernar la vida de cada cual serán los últimos días del plazo legal para pedir el voto para saber quién de verdad nos gobernará: a todos, votemos o no.

¿Y a quién beneficia esto? Habría que pensar que quien tiene la ventaja constitucional de convocar las elecciones cuando le plazca lo ha considerado y, en consecuencia, lo ha ejecutado. Los datos nos dicen que, históricamente, la desmovilización, la abstención, ha perjudicado habitualmente a la izquierda. Pero también es cierto que nunca hubo tanta división en la derecha como ahora.

Quizás sólo el resultado sea capaz de explicarlo, y probablemente de forma parcial: habrá más factores que lo motiven. Pero mientras viaja, descansa o hace penitencia España se seguirá jugando su futuro.

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