CATA DEL VINO MONTILLA-MORILES

El placer de una buena copa de vino

  • La Cata ofrece la posibilidad de degustar los caldos del marco y maridarlos con los platos más representativos de la cocina tradicional cordobesa

Un grupo de amigos, durante un brindis. Un grupo de amigos, durante un brindis.

Un grupo de amigos, durante un brindis. / Laura Martín

Hay tantos placeres como gustos existen. Y uno de ellos es el de poder tomarse una copa de vino de la Denominación de Origen Montilla-Moriles para dar la bienvenida al Mayo Festivo en Córdoba. Acompañado, mejor que solo, aunque para gustos... como los placeres, sólo hay que disfrutarlos.

Eso sí, pocos acuden en solitario a degustar uno de los caldos que ofrecen algunas de las 27 bodegas que participan este año en la Cata del Vino Montilla-Moriles, que ayer vivió una de sus grandes jornadas, previa a la de hoy y a la de mañana. Una jornada en la que, por fin, el tiempo acompañó y que preludió los días de fiestas en los que Córdoba se va a sumergir en menos de una semana, y en las que las colas de acceso –tanto al mediodía, como por la noche– dieron buena fe de que los vinos de este gran marco tienen mucha vida por delante.

“La cata nos sirve de escaparate y para potenciar los finos”, apunta Sergio Cecilla, de la bodega egabrense Los Patios, quien no pierde la oportunidad de recordar que en esta cita presenta el “fino Los Patios, que hemos conseguido que sea menos potente”. Constituida en 1942, la bodega cuenta con más de una veintena de trabajadores y también ha aprovechado la cata para dar impulsar la marca.

Antonio Chacón es el propietario de Bodegas San Pablo, de Moriles, y coincide con Cecilla en que participar en la Cata es “un escaparate para nosotros porque tenemos los mejores vinos del mundo”. Fino, joven, olorosos o amontillados son algunos de los caldos que ofrece esta centenaria taberna morilense y que degustaban ayer un buen nutrido grupo de asistentes.

Entre ellos, José Luis Bahamonde, junto a su compañero de “medios” –que así se autodefinen–, quienes no se pierden ninguna cata, “sino es por causa de fuerza mayo”, anota. “Venir aquí es diferente a tomarse un medio en la taberna de toda la vida, hay más gente y puedes probar nuevos vinos”, sostiene Bahamonde.

Dos copas de vino del marco Montilla-Moriles Dos copas de vino del marco Montilla-Moriles

Dos copas de vino del marco Montilla-Moriles / Laura Martín

Pero la cata no sólo ofrece buenos caldos de la provincia, sino también la oportunidad de combinarlos con productos gastronómicos de la tierra. En esta ocasión, son una decena de restaurantes los que participan en ella. Entre ellas, La Montillana. Uno de sus trabajadores es Francisco Manuel Romero, quien describe que esta muestra “es un evento ilusionante que nos saca de la rutina habitual”. “Esto es más alegre e informal”, añade. Por cierto, que según explica, los platos más demandados por el público son los de queso y, cómo no, el de flamenquín.

Fundada en 1905, las bodegas Pérez Barquero presentan este año “un palo cortado de 25 años”, expone uno de sus empleados,Jorge Delgado, mientras explica a un joven las diferencias de los vinos de los que disponen. La experiencia y trayectoria en este tipo de eventos les ha hecho comprobar, según cuenta, que el público que acude al mediodía “tiene entre 30 y 35 años y también mayores”, mientras que por la noche “vienen más jóvenes”.

Pero, ¿qué vinos beben estos últimos? Pues, según anota Delgado, “los que tiene menos graduación porque son más fáciles de beber para quienes no están acostumbrados al vino”.

Si no, que se lo pregunten a Carmen Madueño y a María Dolores Estepa, dos jóvenes que, después de hacer la pertinente cola para comprar las entradas, intentan averiguar qué caldos son los mejores y tienen más graduación. También ellas dicen que acuden siempre que pueden, pero que intentan “no pasarnos mucho” por aquello de controlarse. Aún así, también ellas han disfrutado de una jornada masiva en la cata que cierra sus puertas mañana.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios