Crónica Personal

Tocado pero con ganas de pelea

La investidura fallida no ha hundido a Pedro Sánchez, que analizará al detalle las alternativas para aferrarse a La Moncloa, ya sea mediante pactos o pasando por las urnas

Imágenes de Pedro Sánchez durante la sesión para su investidura Imágenes de Pedro Sánchez durante la sesión para su investidura

Imágenes de Pedro Sánchez durante la sesión para su investidura / Ballesteros / Emilio Naranjo (Efe)

Cuentan sus incondicionales, su círculo monclovita, que la decepción, la tristeza y también la rabia ante el fracaso de la investidura le duraron lo justo. Que el presidente, como dijo a Pedro Piqueras, está decidido a pelear para ser jefe del Ejecutivo y piensa “explorar otros caminos”.

Ya se sabe que la palabra de Sánchez vale lo justo. Hace apenas 10 días declaraba que si no era investido en la primera convocatoria no buscaría la segunda oportunidad y convocaría elecciones. Pudo ser una estrategia para que Podemos cediera en sus exigencias o Rivera se lo pensara mejor y se inclinara por la abstención. Puede, ese tipo de amenazas se dan con frecuencia, pero Iglesias se ha empecinado en formar parte del Gobierno con ministerios potentes, y a Rivera ni se le ha pasado por la cabeza estas semanas abstenerse para permitir que Sánchez continuara.

Se olvida que el socialista ya ha pasado por esta situación antes, a principios del 16, pero aquella derrota no fue tan importante como la del jueves: no era presidente, ni siquiera había ganado las elecciones; fue candidato porque Rajoy rechazó la propuesta de candidatura que le ofreció el Rey, pues era quien había ganado las elecciones, pero sabía el entonces mandatario que no tenía ninguna posibilidad de ser elegido.

Sánchez, con su optimismo habitual y su alto concepto de sí mismo y de sus capacidades políticas, aceptó entonces el reto convencido de que podría ser elegido con el apoyo de Podemos. Pinchó en hueso y, además, Iglesias lo toreó hasta el punto de que en algún momento la figura del candidato rozó el ridículo. Cuando comprendió que no había nada que hacer con Podemos miró hacia Cs e incluso llegó a firmar un acuerdo de Gobierno con Rivera; pero finalmente tanto Iglesias como Rivera dieron un paso atrás, lo que nunca ha olvidado Sánchez, que tiene hacia los dos una profunda y confesa animadversión. Que con toda seguridad se acrecentará después de que Iglesias le haya fallado nuevamente al exigir lo que de ninguna manera puede un partido que es cuarta fuerza –estaba cargado de razón Sánchez al rechazar cederles tanto poder– mientras que Rivera se empecinó en el “no” desde el primer momento y fue inamovible en esa posición a pesar de que gran parte de su partido le pedía la abstención. Porque creían que Cs se apuntaría un tanto frente al PP al hacer valer su sentido de la responsabilidad permitiendo que finalizara la situación de bloqueo.

Rivera se mantuvo en sus trece, pronunció un discurso demoledor para Sánchez en la sesión de investidura, hiriente... y profundizó en la crisis interna que vive Cs desde las elecciones, con la pérdida de relevantes dirigentes, sobre todo en el área económica. Políticos que creían que era una buena opción abstenerse en la investidura, no sólo para deshacer el bloqueo sino también para marcar distancias con Vox, un partido que creen que contamina a Cs tras los acuerdos alcanzados. Porque ha habido pactos, aunque no fotos. Lo demuestran los altos cargos municipales y autonómicos de Cs gracias a los votos de Vox.

Gran coalición

Sánchez se va a tomar dos o tres semanas de vacaciones en las que no dará ningún paso de acercamiento para asegurarse una segunda vuelta exitosa. No lo hará, dicen en su entorno, porque necesita reflexionar sobre lo ocurrido, porque sabe que sus posibles interlocutores (Iglesias, Casado, Rivera) también tienen planes vacacionales y porque debe tantear el terreno para averiguar si tiene posibilidad de que las negociaciones vayan a buen puerto, ya que su grado de confianza en Iglesias y Rivera es nulo. Dicen en su equipo que tiene perfectamente contadas las ocasiones en las que los líderes de Podemos y Cs le retiraron su apoyo cuando creía que lo tenía asegurado.

La posibilidad de la abstención del PP

Paradójicamente cree en la palabra de Casado más que en las de Iglesias y Rivera, pero sabe también que para conseguir la abstención del PP debe renunciar a un Ejecutivo con Podemos dentro, así que de ninguna manera le saldrían los números para ser elegido.

Es curioso que en las últimas semanas, cuando se adivinaba que Podemos podía fallar en la investidura, voces autorizadas del PSOE comentaban que sólo los dos partidos con experiencia de Gobierno, socialistas y populares, tenían sentido de Estado y ponían a España como prioridad antes que a sus intereses políticos y personales, sugiriendo un gran pacto entre los dos para sacar adelante los asuntos más urgentes. No pronunciaban la palabra “coalición” pero lo que proponían era algo muy parecido. Olvidaban que hace tres años, cuando se produjo la situación anterior de bloqueo porque ni Sánchez ni Rajoy lograban ser investidos, este último propuso precisamente eso, un Gobierno de coalición, según el modelo de otros países europeos.

Vacaciones a la espera

A Sánchez, sin embargo, le gusta más el modelo de Portugal o Dinamarca, ejecutivos con pactos de investidura y legislatura pero sin que entren los partidos de apoyo. Ha sido un gran éxito en Portugal; de hecho, Sánchez ha visitado varias veces a Antonio Costa, con el que mantiene una gran relación, pero en España no ha encontrado el socio necesario. Podemos está dispuesto a apoyar a Sánchez como presidente pero exige el oro y el moro, una vicepresidencia incluida, y Rivera, al menos hasta ahora, ni se plantea una opción que no sea un no rotundo a la investidura. En política cambian mucho las situaciones, pero parece difícil que Rivera, después de lo que ha dicho en los últimos días, pueda aceptar ahora convertirse en miembro de “la banda de Sánchez”.

El bloqueo actual, la dificultad de formar Gobierno, exaspera a Sánchez, que al fin ha comprendido que con 123 escaños es una tarea muy difícil presidir un Ejecutivo. Tendrá vacaciones en familia, pero no faltarán los contactos con su equipo de trabajo, la mayoría serán telefónicos. No se prevé que hable con dirigentes de otros partidos, en todo caso lo harían personas de su equipo negociador, aunque no hay nada previsto.

Esta situación condiciona también las vacaciones del Rey, que a finales de septiembre iniciará una nueva ronda con los dirigentes de los grupos parlamentarios y, si cree que Sánchez puede contar apoyos suficientes, le propondrá nuevamente que sea candidato. Lo sería sólo si Sánchez estuviera seguro, esta vez sí, de salir elegido. En caso contrario le expondría al Rey su deseo de no ser candidato... Y si no hay un aspirante investido antes del 23 de septiembre, elecciones el 10 de noviembre.

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