El camino realizado

Un sueño que comenzó hace dos décadas

  • La Junta ya presentó en 1998 la candidatura aunque luego fue relegada al cambiar los criterios de la Unesco

La delegación andaluza en Baréin, junto a la embajadora de España ante la Unesco, Teresa Lizaranzu. La delegación andaluza en Baréin, junto a la embajadora de España ante la Unesco, Teresa Lizaranzu.

La delegación andaluza en Baréin, junto a la embajadora de España ante la Unesco, Teresa Lizaranzu. / el día

Medina Azahara ya ha sido declarada como Patrimonio Mundial tras un largo camino que comenzó hace dos décadas, un tiempo que ha dado para muchas idas y venidas de un conjunto arqueológico que no siempre ha recibido la valoración que merecía por parte de las instituciones. La ciudad califal tenía las tareas hechas desde 1998, año en el que la Consejería de Cultura presentó la candidatura y cuya ficha y documentación fue admitida por el Centro de Patrimonio Mundial. Sin embargo, en 2001 cambiaron los criterios y se aplicó una reducción sustancial en la denominada Lista Representativa. Esto hizo que las comunidades autónomas -que alzan sus propuestas al Gobierno, que a su vez las presenta a la Unesco- tuvieran que elegir entre todas sus aspirantes y quedarse con una. En ese caso, Andalucía presentó los cascos urbanos de Úbeda y Baeza, que en 2003 lograron el título. Con esas circunstancias, en 2006 Medina Azahara pasó a un segundo plano (una lista B) y quedó a la espera de que los criterios de la Unesco volvieran a cambiar en su favor.

Con ese panorama, en 2005 incluso se barajó la opción de que la ciudad califal se incluyera dentro de la zona de Córdoba declarada Patrimonio de la Humanidad, es decir, que se presentara como una ampliación de la Mezquita-Catedral y la Judería, algo que nunca ocurrió.

Un paso decisivo fue la entrada en la Lista Indicativa en noviembre de 2014

En este tiempo ha habido declaraciones de buenas intenciones, como la firma de un convenio entre la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba en junio de 2009 para la creación de una oficina técnica que se encargaría de ordenar el territorio aledaño a la ciudad palatina, es decir, las parcelaciones, que siempre han supuesto el mayor escollo de cara a su reconocimiento como Patrimonio Mundial. En esa época se hablaba de que la Consejería de Cultura estaba dando prioridad a otras candidaturas como la de los Dólmenes de Antequera -que, de hecho, se presentaron antes y fueron reconocidos por la Unesco el pasado año-. La Junta hacía referencia a que los criterios de la Unesco habían cambiado y en ese momento apostaba más por el patrimonio inmaterial. Así, los Patios también adelantaron a Medina Azahara en esta carrera que hoy ha llegado a su fin.

También en 2009, aprovechando la inminente apertura del centro de interpretación del yacimiento, la entonces consejera de Cultura, Rosa Torres, volvió a hablar de forma seria sobre la posibilidad de presentar a la ciudad califal ante la Unesco y redactar un informe que se presentó en el Consejo de Patrimonio de julio de ese mismo año en Palma de Mallorca, el mismo en el que se iba a exponer la candidatura de los Patios.

Tras un tiempo de silencio en el que Medina Azahara pasó por momentos difíciles (pérdida de visitantes e incluso la destitución del que había sido su director durante 28 años, Antonio Vallejo), en junio de 2014 la Junta presentó a través del Ministerio de Cultura la solicitud para la inclusión del conjunto arqueológico en la Lista Indicativa, paso previo para su reconocimiento internacional por la Unesco.

La carrera real del yacimiento hacia su protección por este organismo se inició el 18 de noviembre de 2014 en Teguise (Lanzarote), cuando el Consejo de Patrimonio Histórico Español aprobó por unanimidad su inclusión en el citado inventario. A partir de ese momento había que esperar al menos un año para su propuesta de inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial.

En marzo de 2016, el Consejo aprobó por unanimidad la elección de Medina Azahara como representante española para ser declarada Patrimonio Mundial. Y en enero de 2017, en París, el Estado la presentó al Centro de Patrimonio Mundial de la Unesco, que decidió que la evaluaría, algo que ocurrió en otoño de ese mismo año con la visita de Attilio Petruccioli, un experto en arquitectura islámica del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).

Tras tener que realizar algunas aclaraciones al expediente, el Icomos emitió un veredicto favorable el pasado mes de mayo en el que recomendaba a la Unesco la inscripción de Medina Azahara. Por lo tanto, el conjunto ha llegado a la cumbre de Manama (Baréin) con un visto bueno a falta del voto favorable del Comité de Patrimonio Mundial.

Aunque la ciudad califal ha sido reconocida, el camino no ha acabado ya que la Unesco establece varios mecanismos de seguimiento del estado de conservación de los bienes. Por un lado se realizan informes periódicos que se llevan a cabo cada seis años y, por otra parte, se establece un mecanismo denominado de monitoreo reactivo, que consiste en el seguimiento de un bien que se encuentra amenazado por alguna circunstancia. Por último, para casos de máxima urgencia se realiza un seguimiento reforzado más continuado y constante.

El proceso de información periódica proporciona una evaluación acerca de la aplicación de la Convención de Patrimonio Mundial y suministra información actualizada para registrar posibles cambios en el estado de conservación. Este seguimiento sirve además para crear un mecanismo de cooperación regional y de intercambio de información y de experiencias sobre la conservación entre los Estados.

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