Cambio climático ¿Cómo será la Córdoba del futuro?

  • El calentamiento global nos llevará a menos transición entre estaciones, más lluvias caídas de manera torrencial y cambios en los cultivos

Vista panorámica de Córdoba Vista panorámica de Córdoba

Vista panorámica de Córdoba / Jordi Vidal

El cambio climático nos afecta a todos. Esta expresión tantas veces repetida parece que por fin va calando en una sociedad que, en gran parte gracias a los jóvenes, está obligando a la clase política a que ponga el foco en un problema que puede tener consecuencias nefasta en el futuro. Quizá porque esas consecuencias se producen de manera paulatina y no a corto plazo no merece tanto la atención política, más centrada en buscar el rédito inmediato que en pensar estrategias de futuro.

Pero el problema está ahí y el cambio climático –técnicamente la variación global del clima de la Tierra– acaba influyendo en nuestro día a día, desde los hábitos a la salud. Según el Ministerio de Transición Ecológica, hay informes que predicen la extinción de animales y plantas, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua.

España, por su situación geográfica y características socioeconómicas, es muy vulnerable al cambio climático. Y en Córdoba no seremos una excepción.

La directora de la Unidad de Gestión Clínica e Inmunología y Alergia del Hospital Reina Sofía, Carmen Moreno, ha asegurado esta semana que “el cambio climático no es broma”. En el caso de las alergias incide de manera significativa, no solo por el hecho de que cada vez haya más alérgicos, sino en que los síntomas se mantienen durante más tiempo. “Hay floraciones extemporáneas que provocan que aparezca síntomas por ejemplo en alérgico a las gramíneas en septiembre”, explica de manera gráfica la médica del Reina Sofía.

La Universidad de Córdoba cuenta en este momento con varias líneas de investigación centradas en el cambio climático. Una de ellas es la que desarrollo José Luis Quero, que es investigador del departamento de Ingeniería Forestal y analiza los aspectos relacionados con el cambio climático y los sistemas agrícolas y forestales.

Quero afirma que las consecuencias del calentamiento global se acentúan en Córdoba porque “ya de por sí tenemos unas temperaturas extremas”. “Llueve menos de 60 días al año y no llueve mucho, entre 500 y 700 litros”, por lo que el clima ya de por sí es seco. Según las proyecciones del ICPH, la temperatura media subirá en Córdoba 2,7 grados hasta 2050.

“Parece poco, pero esto tendrá una consecuencia en el cima de Córdoba, de manera que habrá menos estacionalidad y contrastes más fuertes”, asegura Quero. Esto significa que la transición puede ser prácticamente del invierno al verano, con menos tiempo de otoño y primavera.

El cambio climático también tendrá su efecto en la lluvia. Caerá menos y, además, será más probable que lo haga de manera torrencial. Esto supone un problema que son las escorrentías, la imposibilidad de que el agua se fije en la tierra ni llegue a los arroyos subterráneos y el arrastre del suelo. En Córdoba, sin embargo, estos efectos no tienen por qué ser tan drásticos ya que cuenta con una ventaja.

Tal y como explica Quero “Córdoba tiene la mayor superficie forestal de España, el 30% de su término municipal es Sierra, lo que hace que puede ejercer de barrera para retener esas lluvias torrenciales que se puedan producir”. No obstante, para que la Sierra siga siendo nuestro escudo hay que mantenerla. “Debe haber una política de conservación de bosques, que ahora mismo no está planificada, ya que es muy importante que se mantenga esta vegetación”, insiste el investigador.

Además pone un ejemplo que reconoce como “extremo” pero que es real y puede servir para crear conciencia. “A principios del siglo XX los montes de Málaga estaban completamente deforestados por la actividad del carbón, entonces se produjeron unas lluvias torrenciales que provocaron la crecida del río Guadalmedina y la muerte de 600 personas”.

Vista de la Sierra de Córdoba Vista de la Sierra de Córdoba

Vista de la Sierra de Córdoba / Jordi Vidal

Carmen Michán pertenece al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular y una de sus líneas de investigación se centran en los efectos de la contaminación en los ecosistemas acuáticos, ya que “todos los residuos van al mar”.

Michán explica que se están detectando “unos contaminantes emergentes que hasta ahora no se tenían en cuenta”. Se trata, sobre todo, de los microplásticos, los nanometales –que se encuentran en algunos productos como botellas– y en los medicamentos.

“Producimos medicamentos a mansalva y esto está incrementado un nuevo tipo de contaminación”, apunta Michán. Tanto es así que su departamento quiere iniciar otra línea de investigación que tiene que ver con los sistemas de depuración del agua, ya que “estamos viendo que no están preparadas para estas nuevas sustancias”.

La investigadora incide sobre todo en el problema de los microplásticos, ya que “es muy complicado acabar con ellos”. Y aunque parezca que se trata de algo ajeno y que solo tiene que ver con los restos que llegan al mar, Michán advierte de que “se están haciendo análisis de heces humanas y todos tenemos microplásticos”.

El efecto que tendrá en la salud por el momento es muy complicado de anticipar pero se trata de elementos, obviamente, que no tienen que estar en el cuerpo humano.

Para esta investigadora la clave para poder atajar esta situación se basa en “las tres erres”. Esto es: reciclar, reusar y reducir. “Vivimos en la cultura del usar y tirar y tenemos que volver a los envases de cristal, a la bolsa de tela, a comprar en el mercado”, apunta. Y también la educación es un arma poderosa para lograr la concienciación.

Parque de la Asomadilla Parque de la Asomadilla

Parque de la Asomadilla / Juan Ayala

En este sentido, Michán hace una pequeña crítica a los jóvenes, a pesar de que parecen estar liderando este movimiento contra el cambio climáticos. “Algunos de ellos, no digo que todos, seguramente harán botellón en la Feria y después dejarán allí toda la basura, como sucede todos los años”. Por eso es tan importante la educación, para evitar que el río Guadalquivir, a su paso por Córdoba esté lleno de plásticos, una situación que podría llegar si no se toman medidas contra el cambio climático.

María José Polo pertenece al Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba y, dentro de área de Ingeniería Hidráulica lleva una línea de investigación que trata sobre la influencia del cambio climático en los balances del agua y procesos hidrológico.

Polo asegura que “si nos ponemos a mirar el cauce del río Guadalquivir no tiene nada que ver con cómo era antes” y, seguramente, tampoco será el mismo dentro de unos años. La causa principal, además del cambio climático es la mano del hombre, aunque todo está conectado. “Hemos aumentado la superficie de riego, los embalses, hemos generado unos núcleos urbanos que son mayores y se concentran más, eso ya tiene un impacto”, asegura. Si hay una cosa en la coincide la comunidad científica, apunta la investigadora, es que “agua no vamos a tener más”, por lo que hay que hacer un uso más racional.

“Aunque se diga que hay un uso eficiente del agua, lo cierto es que gastamos muchísima y así no vamos a poder seguir”, insiste. ¿Cómo puede afectar esto? “Vamos a ser muy vulnerables y habrá que tomar decisiones, desde si sembrar o no un cultivo, a si vamos a tener agua para los usos recreativos en los hoteles o si cambiarán las especies en los jardines”, apunta la investigadora.

¿En qué se gasta el agua? Polo afirma que el 80% del agua se destina a un uso agrícola, por eso este sector es uno de los que tiene que acometer una profunda reflexión. Para esta ingeniera, el gran reto es que “la agricultura siga sosteniendo sin tanto uso de agua”.

Río Guadalquivir a su paso por Córdoba Río Guadalquivir a su paso por Córdoba

Río Guadalquivir a su paso por Córdoba / Juan Ayala

¿Es posible? “Si hace 70 años le hubiéramos preguntado a alguien si era posible llegar a la Luna hubiera dicho que no”, responde Polo, “pero el hombre tiene capacidad para crear conocimiento y ha demostrado que es capaz de buscar soluciones que nos han hecho la vida más fácil”. Eso sí, esas soluciones “no pasan por una única disciplina ni una única experiencia”.

Polo recuerda que “ya se acometió un plan de reconversión industrial, otro de reconversión de los astilleros, una reforma del sector pesquero o minero. A todas esas familias les afectó, no fue un proceso fácil, pero éste que se nos plantea ahora tampoco lo será y no va a quedar más remedio que enfrentar el reto”.

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