María Dolores Baena. Directora del Museo Arqueológico de Córdoba "Necesitamos que Córdoba tenga el gran Museo Arqueológico que merece"

  • La especialista en Conservación destaca la riqueza de las colecciones que custodia la institución y repasa la evolución que ha tenido en la última década, desde que se abrió su nuevo edificio

María Dolores Baena, junto a una colección de capiteles expuestos en el museo.

María Dolores Baena, junto a una colección de capiteles expuestos en el museo. / Miguel Ángel Salas

Hace 19 años que María Dolores Baena ocupa la dirección del Museo Arqueológico de Córdoba, una institución que custodia el legado de las civilizaciones que han pasado por la provincia con la finalidad de difundirlo al público. Este 2021, el museo celebra el décimo aniversario de la inauguración de su nuevo edificio con la mirada puesta en el Palacio de los Páez de Castillejo, su histórica sede, que sigue a la espera de que el Gobierno central apueste por su rehabilitación y ponga en marcha su programa museológico. La falta de espacio hace que en la actualidad solo se pueda exponer menos de un 1% de los fondos con los que cuenta el Arqueológico.

–¿Qué evolución ha tenido el museo desde la apertura del nuevo edificio hace una década?

–El Arqueológico ya había empezado a cambiar antes de mudarnos a la nueva sede. En el Palacio de los Páez de Castillejo, mientras se estaba construyendo la ampliación, nosotros proyectamos una manera de relacionarnos con nuestro público. No podíamos cambiar la forma de exposición hasta que no nos mudáramos, pero hicimos un proyecto de difusión en donde cabían todos los aspectos de la cultura. Entonces, relacionábamos las colecciones del museo con literatura, arte contemporáneo, danza, teatro… Esa fue nuestra forma de empezar a cambiar. Luego, evidentemente, en este nuevo edificio absolutamente contemporáneo y con unas condiciones magníficas, pudimos hacer otras muchas actividades que no se podían hacer en el Palacio.

–¿En qué momento se encuentra ahora el museo?

–Este museo tiene más de 150 años, pero siempre ha estado en cambio y ha necesitado una sede más amplia por el crecimiento continuo de colecciones. Hace diez años de la inauguración del nuevo edificio, pero estamos esperando durante estos diez años que se rehabilite el Palacio de los Páez de Castillejo, del siglo XVI, para la exposición permanente. Ahora mismo tenemos la exposición Córdoba, encuentro de culturas, que ya llamamos semipermanente porque tenía que haber durado menos tiempo, mientras se hacía la rehabilitación del palacio. Desde hace más de un año se está restaurando la fachada renacentista y la escalera, que es una primera fase del proyecto general.

"Nunca hemos dejado solo el palacio; forma parte del museo y está en nuestro día a día"

–¿Cómo va a ser el proyecto de rehabilitación? Al principio se pensó hacerlo de una vez y luego por partes…

–Este es un museo de titularidad estatal gestionado por la Junta de Andalucía, entonces le corresponde al Estado, al Ministerio de Cultura, la ejecución de las obras. A lo largo de estos años han ido cambiando los criterios que se aplican respecto a planificación museológica de una infraestructura de este tipo. Ahora mismo, nosotros tenemos elaborados una serie de documentos bastante extensos que conforman el programa museológico, lo que queremos que sea el museo. De ahí surgen una serie de proyectos, por ejemplo, el programa arquitectónico que hemos redactado sobre qué queremos y cuáles son las necesidades con respecto al palacio, y también el programa expositivo. Todo eso está avalado por la Junta y por el Ministerio y estamos a la espera de que se concrete cómo se va a hacer.

–Es decir, el proyecto ha salido del propio museo.

–Sí, estos proyectos salen siempre de la propia institución. Nosotros hace 20 años elaboramos un primer programa museológico sobre cómo queríamos que fuese este museo del siglo XXI. Nuestra propuesta se resumía en tres o cuatro líneas y una de ellas era que, por supuesto, el museo se tenía que quedar en la zona declarada Patrimonio de la Humanidad, en el Casco Histórico de Córdoba, porque lo que contamos en el museo es igual que lo que nos puede contar la ciudad. Nos interesa este espacio porque tenemos una serie de valores excepcionales como son el yacimiento arqueológico del Teatro Romano y el palacio del siglo XVI, construido por Hernán Ruiz, el mismo que construye la Catedral dentro de la Mezquita. Además, teníamos que tener un programa especial para lo que llamamos las reservas, que es el almacén. En los últimos 15 años ha habido un ingreso enorme de material arqueológico por la evolución de la construcción en Córdoba. Ha habido años en los que teníamos más de 5.000 cajas. Este es uno de los museos de Europa que más material arqueológico custodia y eso necesita un programa especial. No es viable meter esa área de reserva en el mismo sitio donde tenemos la exposición, con lo cual está en otro edificio que es igual de museo.

María Dolores Baena, en la terraza del Arqueológico. María Dolores Baena, en la terraza del Arqueológico.

María Dolores Baena, en la terraza del Arqueológico. / Miguel Ángel Salas

-¿Hay algún ejemplo de museo en el que os hayáis fijado o al que os gustaría pareceros?

–En principio no, porque pensamos que el Museo Arqueológico de Córdoba en sí mismo es un modelo porque tiene unas singularidades que otros no tienen. Es verdad que todos nos retroalimentamos y conocemos otros proyectos, algo que es necesario para plantear un programa museológico. Yo soy vocal del Comité ejecutivo de ICOM España (Consejo Internacional de Museos) y eso nos permite conocer cuáles son las experiencias de otros museos. Estamos en redes nacionales e internacionales y a través de ellas estamos en permanente contacto con instituciones y profesionales de todo el mundo a los que podemos acudir, pero ellos también acuden a nosotros.

–¿Cree que la rehabilitación del palacio seguirá adelante en el momento de crisis económica en el que nos encontramos?

–Se puede entender que se dediquen más recursos a necesidades más perentorias como es la crisis sanitaria y social, pero la cultura, la arqueología y el patrimonio también generan un valor añadido, un valor económico y social. No creo que vayan a dejar de hacer las inversiones previstas y confío en que este año pueda empezar a ponerse en marcha el proyecto. Hay restricciones en los recursos económicos, pero también van a venir una serie de ayudas de Europa que espero que también se inviertan en el ámbito cultural.

–¿Ha afectado de alguna forma este retraso de diez años en la rehabilitación de la sede histórica?

–Evidentemente, un edificio que necesita una adecuación arquitectónica, mientras más tiempo pase, peor se encontrará. Sin embargo, la Junta de Andalucía, en este caso la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, ha hecho una labor de mantenimiento continuado. También ha contribuido el Ministerio de Cultura cuando ha habido algún problema especial. Nunca hemos dejado el palacio solo, forma parte del museo y está en nuestro día a día. Además, hemos hecho un esfuerzo grande por que todos los años se abriera en los Patios, por lo menos para no perder esa conexión con el público. Como tratamos de explicar, el museo no es solo este nuevo edificio; el museo es todo y el palacio es una parte fundamental porque tiene muchos metros cuadrados que nos van a permitir una exposición permanente que ahora mismo no podemos desarrollar. En este nuevo edificio tenemos dos grandes salas permanentes que en un futuro serán temporales. Tienen unas condiciones magníficas y todos los requisitos que se pueden pedir para acoger una gran exposición nacional o internacional.

"La colección del museo es una de las más grandes de Europa y casi del mundo en algunos aspectos"

–¿Cuántas piezas aproximadamente tienen las colecciones del museo?

–Hay varias colecciones, una es la del Estado (hasta el año del traspaso de competencias), otra la de la Junta de Andalucía y luego hay otros depósitos. En todo eso, tenemos alrededor de 35.000 registros, pero a lo mejor un registro es una excavación arqueológica entera. Es decir, un registro puede ser una pieza, por ejemplo la Afrodita, y otro registro pueden ser 500 cajas. Nos podríamos ir casi a 90.000 piezas, pero es una estimación porque hay mucho material que queda por inventariar y estudiar. Desde luego, la colección del Museo Arqueológico de Córdoba es una de las más grandes de Europa y casi del mundo en alguno de sus aspectos. Sin embargo, ahora solo está expuesto menos del 1%. Tampoco hay que exponerlo todo porque el museo no solo funciona a través de la exposición, que es la forma más directa de relacionarnos con el público. Abarca otros ámbitos, por ejemplo, aquí vienen muchos investigadores de todo el mundo, hay depósitos en colaboración con los museos locales o préstamos a exposiciones temporales. También acogemos eventos de la ciudad. Es un museo vivo y tiene muchas formas de relacionarse, pero evidentemente la base de un museo es su colección. Nosotros tenemos la suerte de contar con una colección inmensa por buena y porque además representa todos los periodos históricos y culturales, desde el Paleolítico inferior hasta el siglo XV, y tenemos muy buenas piezas en cada una de esas etapas. Podríamos destacar la gran colección de moneda de Al-Ándalus o las lápidas de gladiadores muertos en combate, hoy por hoy la más extensa.

–Es paradójico que una ciudad con tanto legado como Córdoba no tenga un Museo Arqueológico en condiciones.

–Tenemos un museo en condiciones, lo que no tenemos es espacio ahora mismo. Evidentemente es paradójico, pero en esta ciudad hay muchas paradojas. La arqueología es una de nuestras grandes riquezas patrimoniales en Córdoba y se muestra no solo a través de este museo, sino de otras instituciones culturales. Evidentemente, necesitamos que Córdoba tenga el gran museo que merece y es lo que nosotros tenemos proyectado.

La directora del Museo Arqueológico, durante la entrevista. La directora del Museo Arqueológico, durante la entrevista.

La directora del Museo Arqueológico, durante la entrevista. / Miguel Ángel Salas

–¿Cómo os está afectando el tema del covid?

–Está incidiendo en el número de visitas. El año pasado bajó mucho; estamos en un 93% de pérdida de visitantes, pero el número no siempre lo es todo. Nosotros partimos de una cifra muy alta, mientras que otras instituciones parten de una más baja y no se nota tanto la pérdida. En 2019 tuvimos cerca de 300.000 visitantes. Estamos recuperando bastante, aunque las restricciones de movilidad afectan, como ocurre en todos los sectores. Ahora nos basamos mucho en el público local y más cercano. Tampoco podemos hacer las actividades como las hacíamos antes porque el aforo se ha reducido. Aún así, no hemos dejado de programar talleres infantiles y familiares, pero con un número menor de participantes. Desde el primer momento en el que el museo se abrió después del confinamiento, ha estado dotado por la Junta de todos los elementos para que sea un espacio seguro. Incluso hemos adaptado el sistema de aire acondicionado y abierto una nueva puerta para que la entrada y la salida sea por diferentes lugares. A partir de enero se han animando más los grupos, incluso de escolares. Esta situación nos ha llevado a incentivar más la relación con el público a través de las redes sociales. En ese sentido, el museo ha sido bastante activo y lo seguimos siendo.

–¿Son conscientes los cordobeses de la riqueza que tiene su Museo Arqueológico?

–Creo que cada vez más. Intentamos hacer llegar a la ciudadanía que el museo es suyo, aunque la responsabilidad de cuidarlo y guardarlo para generaciones futuras sea nuestra. Al principio, cuando empezamos a cambiar la forma de relacionarnos con nuestros públicos, costaba más trabajo, pero se ha creado una dinámica de fidelizar las visitas. En ese sentido, muchas personas que venían solo a una actividad, repiten. Nos interesa que perciban que el museo está vivo y continuamente ofrece cosas diferentes. Es verdad que una exposición es muy difícil de cambiar, y que Córdoba, encuentro de culturas está desde hace diez años, pero es cierto que hemos incorporado nuevas piezas. Además, en la pequeña sala que tenemos no hemos dejado de mostrar exposiciones temáticas incorporando piezas que tenemos en el almacén.

"Es esencial que la ciudadanía defienda su patrimonio ante actuaciones que no son legales"

–En los últimos meses os han llegado varias piezas muy importantes. ¿Qué siente como directora cuando recibe hallazgos de gran valor como la leona de La Rambla o el Tesorillo de La Amarguilla?

–La verdad es que sientes mucha emoción, lo mismo que cuando yo dirigía excavaciones de urgencia en la ciudad y encontraba algún elemento que aportara nuevos datos. Aparte, hay que destacar la belleza del tesoro y su relación con los sectores económicos actuales. Nosotros tenemos mucho contacto con el sector de la joyería y hacemos actividades de formación para que estos profesionales vean cómo lo que se está haciendo en la actualidad tiene su reflejo en la historia. En ese tesoro vemos el trabajo impresionante de filigrana hecho a finales del siglo X o principios del XI, una técnica que se sigue manteniendo. Por otra parte, la leona es una pieza singular que apenas tiene paralelos. Hay dos diferencias entre estos hallazgos y es que la leona enseguida saltó a las redes y hubo un revuelo mediático, mientras que el tesoro llegó al museo y hemos estado un año estudiándolo y restaurándolo para presentarlo cuando ya teníamos muchas de sus claves. Esto es lo que nosotros queremos porque cuando llega una pieza y se crea ese interés mediático, podemos hacer una primera valoración, pero lo que hacemos es ciencia y requerimos nuestros tiempos para poder estudiarla.

–Hace unas semanas la Policía Nacional os trajo un capitel hallado en una casa. Por desgracia, en Córdoba es habitual que haya en chalet y casas piezas arqueológicas. ¿Esto ocurre en otras ciudades?

–Sí ocurre, y hay tráfico ilícito de bienes arqueológicos. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están muy pendientes del patrimonio arqueológico. No voy a decir que todos los días hagan un depósito de ese tipo, pero es frecuente. Por ejemplo, el Seprona, que está en un territorio más amplio, en el campo, controla mucho el expolio que se hace a través de los detectores de metales. Hace poco en el museo se presentaron dos operaciones de la Guardia Civil. No solo están pendientes de lo que pueda salir en la provincia, sino que están conectados a nivel nacional por si hubiera tráfico ilícito de piezas de Córdoba. Trabajamos con ellos muy bien y además creo que es muy importante poner en valor el trabajo que hacen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la continua conexión que tienen con la Junta de Andalucía y con el museo. Lo importante es que cada vez se conoce más que hay una Ley de Patrimonio que dice que los bienes arqueológicos son de dominio público si no puedes demostrar que son tuyos por herencia o que se han comprado legalmente. El delito contra el patrimonio está en el código penal. Hay un problema cuando se excava incontroladamente o se agujerean los yacimientos para buscar piezas determinadas. Eso produce un año tremendo. Muchas veces nos plantean valorarlo económicamente, pero es muy difícil de cuantificar porque no sabemos lo que se está destruyendo, pero es muchísimo. Esa yacimiento luego no se va a poder excavar con metodología arqueológica y si no tenemos ese contexto, perdemos una información muy importante que es de todos, es patrimonio. Por eso, es esencial que sea la ciudadanía la que defienda su patrimonio ante actuaciones que no son legales.

María Dolores Baena posa junto a la Afrodita agachada, una de las obras más importantes del museo. María Dolores Baena posa junto a la Afrodita agachada, una de las obras más importantes del museo.

María Dolores Baena posa junto a la Afrodita agachada, una de las obras más importantes del museo. / Miguel Ángel Salas

–En el museo, el público solo ve lo que hay expuesto, ¿pero qué trabajo se hace por detrás?

–Los conservadores que trabajan en el museo pueden decir que no paramos. Hasta que una pieza llega a exposición tiene mucho trabajo. Cuando ingresa material arqueológico, va al almacén, se hace una primera limpieza e inventario para evaluarlo y ver si es necesaria su restauración y si es un elemento que dará información exponiéndolo. En ese caso, hay que analizar qué le vas a contar al público y en qué relato temporal está enmarcada esa pieza, por lo que entra en juego el ámbito de la difusión, que se puede hacer también a través de las redes sociales y nuestra página web. Por otro lado, todos los días atendemos a investigadores de todo el mundo. Hay trabajos de fin de grado y de fin de máster que se hacen aquí, y también tesis doctorales. Por otro lado, tenemos un convenio con la Universidad de Córdoba para prácticas de los alumnos, mantenemos una relación con los medios de comunicación y participamos en la grabación de muchos documentales. Luego, está el trabajo diario de la gestión, que no se conoce, pero un centro de este tipo, con cerca de 40 trabajadores, necesita una gestión de personal y económica.

–¿Las labores de dirección y gestión le dejan tiempo para investigar?

–Me dejan poco tiempo. Es verdad que el trabajo de gestión ocupa mucho y además también hay que planificar, buscar colaboraciones externas… Yo trabajo el tema de la recuperación de la memoria de las mujeres a través de las piezas del museo para sacar a la luz cuál ha sido el papel de ese 50% de la población que también ha creado nuestra cultura. Aparte, también investigo en planificación de instituciones culturales y en gestión de equipos.

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