Coronavirus en Córdoba Francisco Guerra, médico jubilado: “Los compañeros están luchando contra un enemigo muy potente”

El doctor Francisco Guerra, en su despacho. El doctor Francisco Guerra, en su despacho.

El doctor Francisco Guerra, en su despacho.

Francisco Guerra ha sido médico de familia en Iznájar y de Urgencias en Baena, catedrático de Patología general de la Universidad de Córdoba y creó el servicio de Alergología en el Hospital Reina Sofía, donde pasó consulta y fue jefe hasta que se jubiló, aunque luego siguió ejerciendo de forma privada. "De médico nunca se jubila uno porque para eso hay que no tener pacientes", manifiesta.

Como experto en Patología e Inmunología, se interesó por el coronavirus desde que tuvo conocimiento de él, ofreciéndose además al Reina Sofía desde el primer momento. "Como soy médico, tengo vocación y me encuentro útil, quería estar en el tema", asegura. Para ello, logró contactar con la gerente del hospital cordobés, Valle García, a la que recuerda como "una alumna brillante". Ella le explicó los planes que por el momento tenía el centro y le agradeció su ofrecimiento.

Luego, la Consejería de Salud abrió la posibilidad de que los galenos jubilados se presentaran como voluntarios a través de los órganos colegiales, por lo que Guerra, que tiene 68 años y se anticipó a esta iniciativa, está inscrito a través del Colegio de Médicos de Córdoba.

"El que no tiene miedo es un irresponsable, hay que tenerlo", asevera este facultativo sobre el peligro de contagiarse por coronavirus. Todo eso teniendo en cuenta que "parece que hay pocas medidas de protección", pero "el médico está para luchar contra la enfermedad". En ese sentido, indica que "esto no es de buen gusto para nadie, pero los compañeros en activo están luchando contra un enemigo muy potente".

El doctor Guerra está dispuesto a ir a la primera línea de esta batalla, algo que no gusta mucho a su familia, a la que explica que "puede que me infecte, pero no significa que me vaya a morir". Su inquietud por este virus es tal que le hubiera gustado estar en activo para combatirlo. "Siempre estoy interesado en las enfermedades en general, uno nunca deja de ser médico", apunta, a la vez que señala que entre parte de la población "no hay conciencia de la gravedad del problema".

Guerra comenzó su trayectoria en Iznájar, "un pueblo que tiene 20 aldeas" que tenía que recorrer a veces incluso a caballo "porque no se podía acceder a algunas en coche". Tras dos años allí, logró una plaza en Baena en Urgencias. Como a este servicio solo acudía tres veces a la semana, se introdujo en la Universidad, aunque durante muchos años de forma no remunerada porque era colaborador docente. En 1986 sacó la plaza en propiedad de Patología general y pidió excedencia por incompatibilidad de su plaza en el ambulatorio de la calle Previsión, en la capital. Así, se dedicó por completo al hospital y a la cátedra.

Desde el punto de vista médico, este facultativo transmite "tranquilidad" porque hoy en día hay "mucho conocimiento científico y práctico para ayudar a muchos pacientes", mientras que a la población le lanza un mensaje de prevención: "Hay que protegerse para no contagiar a los demás y considerarse como si uno ya estuviera enfermo".

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