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Análisis de DuneCrawl, los corsarios del desierto a lomos de un coloso con caparazón y cañones

El Loot de Txeron

El juego ofrece una aventura de mundo abierto que combina combates estratégicos sobre un cangrejo mecánico gigante con intensas incursiones a pie en un desierto vibrante y lleno de secretos

Y otro crossover que tampoco te esperabas: Milla Jovovich junto al Agente 47 en Hitman World of Assassination

El apartado artístico es muy resultón.
Norberto López

04 de marzo 2026 - 12:55

En un panorama saturado de propuestas multijugador, DuneCrawl emerge como una de esas rarezas que combinan acción cooperativa, fantasía exótica y una premisa tan extravagante como sugerente: surcar desiertos a lomos de un gigantesco crustáceo mecánico armado hasta las pinzas.

Este título de acción y aventura desarrollado por Alientrap permite partidas de uno a cuatro jugadores, tanto en línea como en local, invitándonos a encarnar a corsarios del desierto que recorren un vasto mundo abierto pilotando su imponente Dune Crawler. La criatura —mitad cangrejo, mitad fortaleza rodante— no solo sirve como medio de transporte, sino también como núcleo jugable de la experiencia. Sus cañones, compartimentos y sistemas requieren coordinación constante, especialmente cuando otras máquinas rivales o fortalezas enemigas se interponen en nuestro camino.

Un desierto que rebosa vida

Uno de los mayores aciertos de DuneCrawl es su dirección artística. Lejos de apostar por el tópico erial monocromo, el juego presenta entornos dibujados a mano que evocan una fantasía inspirada en estéticas norteafricanas y de Oriente Medio. Fortalezas de arenisca, cerámicas de vivos colores, fauna adaptada a la aridez y espadas curvas conviven en un escenario que transmite vitalidad y personalidad.

Los combates entre cangregos acorazados son muy divertidos.

La exploración es constante: ciudades que defender de bandidos, personajes no jugadores que ofrecen encargos, tesoros ocultos y hasta escarabajos acorazados que podemos cabalgar. Todo contribuye a la sensación de estar recorriendo un mundo cohesionado, con su propia mitología alrededor del misterio de los Dune Crawlers y la amenaza de un ejército invasor obsesionado con el barro y los hornos.

Combates a dos escalas

La estructura jugable se divide en dos vertientes bien diferenciadas. Por un lado, la gestión y combate a bordo del Crawler. Estas batallas recuerdan, salvando las distancias, a un enfrentamiento naval trasladado a tierra firme y visto desde arriba: mientras uno conduce, otros disparan, recargan, reparan daños o repelen abordajes. La coordinación es clave, y aquí es donde el juego brilla con luz propia. Aunque existe asistencia de la inteligencia artificial, la experiencia gana enteros cuando cada función está en manos de un amigo.

Por otro, DuneCrawl propone incursiones a pie en zonas cerradas con un enfoque más cercano al “bullet hell” y al beat ’em up. En estas secciones el jugador debe abrirse paso entre oleadas de enemigos y proyectiles, gestionando una barra de resistencia que obliga a medir bien cada esquiva. No son segmentos especialmente largos, pero sí exigentes, sobre todo en solitario, donde la acumulación de amenazas puede resultar abrumadora.

Progresión y duración

En el apartado de progresión, el título apuesta más por ampliar el arsenal y mejorar el Crawler que por un crecimiento tradicional del personaje. Se desbloquean habilidades y se encuentran nuevas armas con usos limitados y estilos distintos, pero no hay una sensación clara de volverse significativamente más poderoso que los enemigos. El jugador diversifica opciones más que incrementar su fuerza bruta.

El mundo es muy colorido.

DuneCrawl tampoco es una aventura especialmente extensa. Su campaña puede completarse en pocas horas si se va al grano, lo que refuerza la idea de experiencia concentrada y diseñada para disfrutarse en compañía. Quizá un sistema de roles más profundo o pequeños árboles de habilidades habrían aportado mayor sensación de evolución, aunque también podrían haber descompensado un planteamiento que apuesta por la sencillez.

Conclusión

DuneCrawl es una propuesta fresca, imaginativa y consciente de sus límites. Puede que su sistema de progresión se quede algo corto y que las secciones a pie no alcancen la brillantez de los combates entre colosos de caparazón, pero su universo y su enfoque cooperativo compensan con creces estas carencias.

Una aventura breve pero intensa que demuestra que, a veces, basta una buena idea —como convertir un cangrejo gigante en navío del desierto— para ofrecer algo diferente en el siempre competitivo mercado del videojuego. Ideal para disfrutar entre amigos y dejarse llevar por las arenas de un mundo tan árido como fascinante.

Hemos podido realizar esta reseña en PC (Steam) gracias a una clave que nos ha remitido Alientrap a través de Game.Press / Keymailer.

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