Intercaza

Las rehalas, el alma de las monterías

  • El podenco puede alcanzar hasta 100 kilómetros de carrera en un día normal de caza

  • Intercaza exhibe, hasta el domingo, más de 60 perros de esta raza en el palacio de la Merced

Algunos de los animales que forman parte de las actividades de la Feria del Turismo, Ocio Activo y Medio Ambiente. Algunos de los animales que forman parte de las actividades de la Feria del Turismo, Ocio Activo y Medio Ambiente.

Algunos de los animales que forman parte de las actividades de la Feria del Turismo, Ocio Activo y Medio Ambiente. / Laura Martín.

Una rehala es un conjunto de perros de raza, básicamente podencos, que son entrenados para la caza de montería. ¿Su labor? Acosar a los animales que reposan en los encames hasta que se levantan y son ahuyentados por los perros. “Son animales de trabajo que forman parte de nuestra familia”, como explica el presidente de la Asociación de Rehalas de Córdoba, Juan de Dios Pliego.

Durante la exhibición de al menos 60 podencos en las actividades que componen Intercaza este año, Pliego explica que una rehala de podenco andaluz consta de 50 elementos, 40 machos y 10 hembras que se encargan de la reproducción para ir renovando los animales mayores por unos más jóvenes.

El podenco andaluz tiene una altura y un peso “definido” que le permite correr durante horas en la cacería. Según los datos de la asociación, pueden alcanzar de 40 a 100 kilómetro en un día. Sin embargo, es importante que tengan agua y la temperatura del ambiente sea menor a 25 grados. Además, una condición física apta para aguantar las horas que dure la cacería es fundamental, pues los perros tienden a sufrir estrés crónico por agotamiento y aislamiento, lamenta Pliego.

Solo 40 días es el calendario de montería al año. Durante el resto del tiempo, las rehalas están en jaulas independientes. “No pueden estar sueltos aunque nos encantaría”, dice Pliego, quien los define como perros “broncos” que deben estar cerca de su dueño, quien los deja dos o tres horas sueltos en el patio, se encarga de su limpieza, cambio de agua y comida y de ir a verlos de dos a tres veces el día.

La alimentación también cambia cuando se acercan los días de caza, pues deben añadir complementos vitamínicos, más descansos y horas de campeo para ejercitarlos, aunque esto último está restringido.

En la asociación se definen como “defensores del perro” y prestan sus servicios por colaboración. Sin embargo, también existe la rehala comercial, aunque, según asegura Pliego, “la compensación económica nunca llega a superar el gasto que supone el cuidado y mantenimiento de una rehala, que puede alcanzar los 13.000 euros al año”.

Pliego afirma que tener rehalas es una actividad etnológica, heredada y que se puede definir como un hobby y una pasión y asegura que quien comienza en esta actividad “difícilmente la puede dejar”.

La Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, en junio, inició los trámites para declarar la rehala y la montería como Bien de Interés Cultural (BIC). El expediente destaca que tanto la montería como las rehalas son actividades de interés etnológico “con incidencia social, cultural, económica y medioambiental en la mayor parte del espacio geográfico de Andalucía, sobre todo en la zona rural”.

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