Medio Ambiente

La oruga peluda, la plaga que ya anuncia la llegada de la primavera en Córdoba

  • La 'Ocnogyna baetica' es una especie del Mediterráneo inocua para humanos y mascotas

  • A veces se confunde que la procesionaria del pino, que sí provoca reacciones cutáneas

  • Sus nidos eclosionan en zonas de herbáceas anunciando el fin del invierno

Un nido de oruga peluda esta semana en la Campiña de Córdoba. Un nido de oruga peluda esta semana en la Campiña de Córdoba.

Un nido de oruga peluda esta semana en la Campiña de Córdoba. / El Día

Aparecen en los descampados, en cunetas y en solares vacíos. Primero como telas de araña que se agarran a las hierbas y a la vegetación baja, y luego como nidos de gusanos de un llamativo color rojizo que no cesan de moverse. Es la oruga de los prados, peluda o pelúa, como coloquialmente se la conoce (Ocnogyna baetica), y que en estos días de enero empieza a extenderse por la provincia de Córdoba como una plaga. Su expansión suele causar cierta inquietud, aunque la Sociedad de Historia Natural de Córdoba (SCHN) ya hizo un llamamiento a la calma en temporadas pasadas.

"No suponen ningún peligro para las personas ni para las mascotas", aclaran, pues su tacto no es urticante. El temor viene por su parecido con la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), que sí causa reacciones cuténas y problemas a los animales. En realidad, se trata de simples larvas de una mariposa nocturna, la mariposa u oruga de los prados.

Esta especie, propia de las zonas abiertas y esteparias cubiertas de vegetación herbácea del Mediterráneo, destaca precisamente por sus llamativos nidos, parecidos a grandes telas de araña, que se forman con la seda que tejen las orugas recién eclosionadas, explican desde la Sociedad de Historia Natural. Tras la permanencia temporal en estas madrigueras, las orugas empiezan a dispersarse estos días y de forma aislada se alimentan de las plantas herbáceas que encuentran en su camino.

A diferencia de las orugas de procesionaria, que se desplazan en líneas, en contacto unas con otras, en esta especie la dispersión es "de forma anárquica". Así, a pesar de que a simple vista lo hagan en grupos, las orugas están dispersas, "sin conexión entre ellas".

La dispersión ocurre todos los años coincidiendo con la subida de temperaturas de finales de invierno, aunque este año haya sido una excepción por el paso de la borrasca Filomena, por lo que su visión se interpreta como la llegada de la primavera. O, al menos, como un adelanto.

A mediados de marzo, las orugas se entierran y forman un capullo, y de esta forma permanecen durante la primavera y el verano. Cuando llega el otoño, salen los adultos de los capullos para reproducirse e iniciar el ciclo. Los machos, buenos voladores, son de coloración vistosa, y son atraídos por las feromonas que emiten las hembras por la noche. Ellas son ápteras (no tienen alas y no pueden volar) y pueden llegar a poner hasta 400 huevos, según la Sociedad de Historia Natural de Córdoba.

"Las orugas suelen dispersarse hasta 300 metros, lo que implica que no se alejan demasiado y por este motivo se las volverá a ver exactamente en los mismos llanos todos los años", según la SCHN.

La oruga pelúa es una especie polífaga que se alimenta de cualquier vegetal, fundamentalmente hierbas, por lo que sí pueden provocar daños en las huertas y, sobre todo, en las vides. Por eso son tan temidas en los pagos de la Denominación de Origen (DO) Montilla-Moriles, donde este invierno ya se las ha visto aparecer. Un ejemplo: los caminos que bordean al casco urbano de Montilla, donde está tomada la fotografía que acompaña a estas líneas.

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