Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

El volcán

Hace un año veías al mundo lleno de buenos propósitos, pero volvió la economía y giró hacia lo de siempre

La naturaleza siempre vuelve a rugir. Y nos sorprende de nuevo. Ahora es el volcán de La Palma, hace nada era una pandemia mundial, o las recientes riadas. Vivimos de prestado, pero no llegamos nunca a darnos cuenta del todo.

Hago memoria. Hace tan solo un año veías al mundo lleno de buenos propósitos de cambio. Pero volvió la economía y todo giró hacia lo de siempre, hacer dinero por todo norte, que es el norte que nos marca la vida. Dinero, dinero, dinero. Vale. Hace falta, pero hace un año tan solo oíamos a propios y extraños dándose golpes de pecho replanteándose la vida a fondo y dándose cuenta por una vez que esta carrera de ratas en pos del vellocino de oro no llevaba más que a la nada de la que solo nos salvan estos estallidos de la realidad que nos despiertan del sueño.

Los pragmáticos, los posibilistas, los realistas. ¿Dónde se quedan sus certezas cuando ven hasta una iglesia entera engullida por la lava? Hay quien se pone a pensar en si tendría seguro. No veas. Así estamos.

Era yo pesimista respecto al futuro cuando me preguntaban. ¿Cambiaremos?. No. Nunca cambiamos. Como mucho hacemos retoques, nos divorciamos, cambiamos de ciudad o de curro. O le echamos la culpa al gobierno de turno, que luego será otro y luego otro. Será condición humana esta ceguera. Pues tómate unas copas, dirá el otro, y no te amargues la vida. Vale. Tampoco es que estas evidencias sean para tirarse a la lava desesperado. Pero si que te hastía ver cómo no hay manera. Cambios superficiales pero nunca de fondo. Solo este querer que no nos pille a nosotros el virus, la lava, el deshaucio, la ruina, el erte o el cierre o lo que nos venga de malo cuando nos vienen mal dadas.

Hasta se dijo (qué incómoda es la memoria) que la ciudad haría cambios estructurales y se quedaría sin humos, por ejemplo. Bueno. Ha cambiado un alcalde por otro que se quedó con su chiringuito para seguir en algún sitio. Total. ¿A quién le importa la moralidad en lo público?

Ni con todas las plagas de Egipto aprenderemos. Ya lo vio Moises y le daban todos los desánimos. Un abatimiento, una impotencia que regresa cada vez que ves a la naturaleza bramando y a los demás (todos nosotros) tan solo cambiando las cosas de sitio. Para volver siempre a lo mismo postergando ese cambio que siempre querremos cuando nos asomemos a otro abismo.

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