El acento

Juan Carlos López Eisman

Dos obstáculos teóricos

METIDOS como estamos, unos más y otros menos y cada uno a su forma de ver, entender y sentir, en lo que familiarmente llamamos el problema de Cataluña, bueno será dejar por un momento los sentimientos y la acción, u omisión, política para fijarnos en un par de aspectos teóricos o conceptuales que subyacen a todo el laberinto y sirven para evaluar y entender toda la complejidad que encierra el caso. Siempre es fructífero, alguno diría hasta inteligente, hacer un paréntesis en las emociones y los valores y echarle una miaja de reflexión fría y serena. Dos sugerencias.

La primera viene al hilo de Alfred Hirschman, un filósofo y economista de altísimo prestigio, que propuso diferenciar dos tipos de conflictos en una distinción muy citada. Unos, los divisibles, que suelen ser aquellos que tienen que ver con la distribución de algún bien: cuando algo se reparte puede que alguien plantee que no ha sido justo y en ese caso se trata de revisar el procedimiento. Es por tanto un tipo de conflicto de relativa solución porque permite un más y un menos, se presta al compromiso y se trata solo de ajustar el resultado. El otro tipo de conflicto, por el contrario, que llama indivisibles, son los que afectan sobre todo a consideraciones sobre la identidad o el ser de alguien y en ellos no cabe ni ajustamiento, ni el aumento o la diminución. Indivisibles son aquellos que hacen referencia, por ejemplo, a la identidad de una persona, a si se es o no se es y ahí no cabe término medio. En nuestro caso lo que se plantea es si hay contradicción entre ser catalán y español al mismo tiempo y en este tipo de conflictos no cabe solución intermedia porque o se es de una manera o de otra. El que tenemos delante es un claro ejemplo de conflicto indivisible y de ahí la dificultad, podría hablarse de imposibilidad, en su resolución a gusto de todos.

Un segundo problema teórico subyace a este laberinto y es el que en su día se llamó lo del café para todos, el asunto de las competencias, y ahí solo vale un dilema: una vez reconocida, supuestamente (basada, por ejemplo, en la distinción constitucional de regiones y nacionalidades) la singularidad de Cataluña dentro del Estado español, ¿tendría el mismo poder político que las demás? Si no, ¿lo aceptarían los catalanes, las otras nacionalidades? porque en ese caso, para qué tanto lío; y si sí, ¿lo admitirían los demás? Otro conflicto indivisible.

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