Brindis al sol
Alberto González Troyano
Malos tiempos para la Política
Cuenta un sanchista pata negra que ha hablado con el presidente los últimos días, que le ha encontrado sorprendido. Sorprendido y estupefacto, por el hecho de que su No a la guerra no haya tenido tanto éxito como esperaba. Mostraba satisfacción por la acogida de su eslogan en gran parte de la izquierda, pero creía que la adhesión hacia su grito pacifista iba a ser mucho mayor, monumental, tanto dentro como fuera de España. Fuera, han sido más las críticas que las alabanzas; dentro, tiene el apoyo de los irredentos habituales, pero ni de lejos se ha producido el entusiasmo masivo con el que soñaba renacer de sus cenizas. Porque contaba también el sanchista pata negra que en su breve conversación con el presidente advirtió que emocionalmente no atraviesa un momento especialmente glorioso.
Conociendo la vanidad de Sánchez, su consideración de que no ha habido ni habrá mejor presidente y que sus conocimientos de política internacional superan a los de cualquier analista acreditado, o diplomáticos de larga experiencia, se comprende su sorpresa ante un no a la guerra que no ha tenido el eco mundial que daba por supuesto. Al contrario, la reacción a su eslogan ha tenido una repercusión negativa, y la factura la pagarán fundamentalmente los españoles.
La escasez energética general castigará a España más que a otros países, porque serán menos generosos con nosotros los gobiernos que pueden echarnos una mano, empezando por Estados Unidos. Más los aranceles, más la crisis que sufrirán empresas importantes afectadas directamente por la antipatía de Trump hacia todo lo español, crisis empresariales que afectará al empleo. Ursula no se la ha puesto al teléfono; Macron sí, para decirle que se tomara el asunto en serio y enviara una fragata a Chipre, socio de la UE.
Sánchez se ha convertido en personaje irritante para la OTAN y la UE, donde además de Trump se empieza a incrementar el número de dirigentes que no disimulan su hartazgo con un presidente falto de compromiso con sus compañeros y absolutamente insolidario en sus decisiones.
Todo sea que Trump no decida dejar las bases de Morón y Rota desmanteladas –hoy activas pero bajo mínimos por culpa de Sánchez– y no decida darle una alegría a Marruecos instalando bases en un país amigo y de tanta importancia estratégica, o más, que España. Y todo sea también que el Rey de Marruecos, el que sea, no decida aprovechar la coyuntura para reivindicar Ceuta y Melilla con el apoyo político de Estados Unidos, que esa es otra.
Vivimos la mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra mundial, y el presidente español se pelea con un Trump que disfruta alardeando de su poder; además, Sánchez marca distancias con las dos más importantes organizaciones internacionales de las que formamos parte, OTAN y UE. En vez de clamar No a la guerra debería Sánchez buscar amigos que nos salven de una catástrofe.
También te puede interesar
Brindis al sol
Alberto González Troyano
Malos tiempos para la Política
El habitante
Ricardo Vera
No al eslogan
Alto y claro
José Antonio Carrizosa
La sombra de Marruecos
Monticello
Víctor J. Vázquez
La religión oculta
Lo último