No al eslogan

09 de marzo 2026 - 03:06

Oraz, el estupendo personaje secundario de la compleja y muy buena película La Tregua, dice: “Yo no tengo ideología, tengo principios”.

Mi amigo Kevin Lehmann me apuntó, tras mi último Habitante, que no quitaría una coma sobre la opresión que ejerce el régimen iraní, pero también advirtió: “querido, a la pregunta que formulas, buenos o malos, solo cabe dar una respuesta, pero, si la pregunta correcta no es esa, entonces, no”. Kevin acertó, porque mi pregunta pudo ser esa, pero la real es si esto es un un juego geopolítico de intereses, gobernado por la administración Trump, que, por cierto, no admite una identificación automática con el pueblo estadounidense. Y Kevin tiene razón.

El orden está roto: el multilateralismo, fugaz, está, si no muerto, muy herido, luego hay que restaurarlo, y las reglas son contingentes, luego hay que restaurar su necesidad. No me tengo por obtuso. Mi reevaluación, no obstante poder decepcionar a mi amigo, me lleva a mantener mi posición en este asunto, no porque Kevin carezca de razón –eso es lo importante–, sino porque lo urgente nos quemaría de otro modo. Es pragmatismo y no me avergüenza.

También es cuestión de principios. Estoy claramente por la paz, ¿quién no?, y por eso quiero que caiga el régimen iraní (no todos pueden decir lo mismo, por cierto), aunque sepa que hay más similares sin esperar turno porque no conviene, e importan.

Pero no estoy con el eslogan. ¿No a la guerra?, ¡pues claro!; ni al hambre en el mundo, ni a la falta de libertad, ni a pisar el césped de los jardines. Pero esa consigna, escrita en la pizarra por un maestro de cálculo, encantado de verse como némesis sensata de un odioso al mando, tapando sus vergüenzas, no es más cierta en su boca que en la mía. Urde un dilema: ¿con quién estar? Si tengo que elegir entre odiosos, prefiero los míos. Mis odiosos son aquellos que no me deslumbran con consignas ni me joden el día a día.

Abogo por la paz, pero no es gratis. No me engañan las buenas palabras vacías, disfrazadas de compromiso. Los malos, que los hay porque lo son, fuera; pero los odiosos también, que se puede y ojalá pronto. La paz necesita acción, coherencia y liderazgo que no venda como principios lo que es mera conveniencia.

stats