Como ellos digan

10 de junio 2024 - 00:45

Son ellos, los mismos de siempre, los que asomados a sus ventanas vigilan y controlan que vayamos por el camino recto. Sin salirnos de la acera. Por su correspondiente lado, como ellos digan. Al ritmo y dirección adecuadas, ni más lentos ni más despacio de lo que ellos consideran. Son dueños de la verdad absoluta, imposibles de discutir, y mucho menos de contradecir. Faltaría más. Tienen claro como han de ser nuestro comportamiento, nuestro aspecto exterior, nuestras relaciones; tienen claro a quién debemos votar en las elecciones, y por supuesto nuestra orientación sexual. Nada de salirse del camino. Y también, evidente, hacen todo lo posible por controlar nuestras emociones, que han de ser las que ellos digan.

Nada de tener libertad para emocionarte con lo que surja naturalmente de tu interior, no. Todo tiene sus reglas, sus códigos, sus normas, como ellos digan. Por supuesto. Su intolerancia va de lo esencial a lo primario, de lo trascendental a lo superfluo, sin dejar nada a nuestra elección, vaya que no seamos o actuemos como no debamos, como ellos digan. Ni el fútbol, ni eso escapa de su consideración y control. Parece ser que solo puedes admirar y querer a un solo equipo, solo a uno, y por supuesto tiene que ser el de tu ciudad natal. Exclusivamente. O sea, los que han nacido en Córdoba solo pueden ser del Córdoba, los de Huelva solo pueden ser del Recre, los sevillanos tienen más opciones, por ejemplo, que pueden ser del Betis o del Sevilla. En Madrid se multiplican las opciones, afortunados ellos. Y si no eres del equipo de tu ciudad eres un cateto, un hereje y no sé cuántas cosas más. Ese es el nivel, sí, ese es el nivel. Porque, por supuesto, no se puede querer al mismo tiempo al equipo de tu ciudad y a otro equipo, no, eso tampoco vale, porque eso no es como ellos dicen.

Esto me sugiere algunas dudas, bastante básicas. Si has nacido en una aldea o pueblo muy pequeño sin equipo de fútbol, ¿qué sucede? ¿Te puede gustar el fútbol? ¿De cuál equipo debes ser, del más cercano, del de la capital de la provincia? Necesito luz, que me ahogo. En ese caso, ¿se admitiría poder elegir? Lo que ellos digan. O no. Porque ya está bien de tener que soportar (y nunca obedecer, por supuesto) a estos vigilantes de la moral y de las emociones. Que son incontrolables, por otra parte, que es lo contrario a lo que ellos pretenden: tener control. Porque si fueran controlables las tendríamos que denominar y calificar de otra manera, porque serían cualquier cosa menos emociones. Soy seguidor del Real Madrid desde que recuerdo, y lo mismo me sucede con el Córdoba, el primer equipo que vi jugar en un estadio (y ganarle al Barça, eso marca). Durante años fui abonado del equipo de mi ciudad y recuerdo con gran emoción aquellas tardes en el viejo Arcángel, contemplando partidos de Tercera, Segunda B (ese Grupo IV...) y Segunda División. Y admiraba del mismo modo a Mansilla, Mantecón, Valentín, Luna o López Murga que a Juanito, Santillana, Stielike o Gallego. Porque si las emociones son siempre incontrolables, más aún cuando eres un niño y forjas tus obsesiones, aficiones, fobias y filias.

Por eso el pasado fin de semana disfruté con la consecución de la 15 Champions y con la victoria en Ponferrada, del mismo modo, y con la misma intensidad. Igual que se puede querer a más de una persona (si no eres asocial, es lo normal), también se puede sentir a dos equipos por muy diferentes motivos: por origen, por cercanía, por herencia, por recuerdos, por lo que sea, por lo que te dé la gana. Eso, porque forma parte de tu libertad. Porque no hace daño a nadie. Porque no coartas a nadie. En fin… Resulta curioso que muchos de los que reclaman una “libertad” de postureo, cañas, aceitunas y chorradas varias, luego se muestren dictatoriales con otros asuntos. Como ellos digan, ese es el mejor y casi único resumen. Ese es el nivel. La intolerancia, la falta de respeto, la imposición, el pensamiento único y el secuestro de las emociones. Para finalizar, recupero esos versos de Luis García Montero que tan bien explican la pasión futbolera: “No conviene que demos a estas cosas un valor excesivo. Son noventa minutos en un vaso de agua”.

Pero a mí me han quitado muchas veces la sed. Añado: Nadie me va a decir (ni por supuesto imponer) cuál agua es la que más me calma la sed.

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