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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Lo que comen las cabras

Con los libros se prefiere la anorexia. De Tolstói se optará por 'Sonata a Kreutzer' antes que por 'Guerra y paz'

Un libro de doscientas páginas ya empieza a ser un libro gordo, se acerca peligrosamente al sobrepeso. La fiebre de la dieta también se impone en el mundo editorial. Nadie quiere volúmenes metidos en páginas, menos aún con obesidad mórbida, exhibiendo capítulos de más a los que ni la faja publicitaria es capaz de apretar y contener. Frente a ellos, los libros escuálidos imponen su esbeltez en la mesa de las novedades. Canijos pero con mayoría absoluta, lucen más y mejor, hasta con insolencia, y son los que tienen más posibilidades de salir de la librería para acabar en una mesita de noche. Que lleguen a ser leídos, por la mera razón de que ofrezcan menos resistencia física -a los brazos, al sueño-, ya es otra cosa. El desprecio por las lorzas también ha llegado a la literatura. Con los libros, la gente prefiere la anorexia. ¿Hay que leer a Tolstói? Se optará por Sonata a Kreutzer antes que por Guerra y paz. El lector se inclina por los huesos y el pellejo, no por la chicha. Nada de tallas grandes.

El libro extenso necesita más tiempo. Y no se tiene. O no se quiere tener y no se busca. O no nos dejan tenerlo y es imposible encontrarlo. De manera que entre esta tendencia a comer platos librescos más rápidos y frugales y la necesidad que tiene la industria editorial de reducir las raciones, nos encontramos con un recorte de más de veinte páginas por media en cada libro, según ha registrado el ISBN. Sin embargo, ocurre que, más que acabar con los libros potentes, lo que propicia este adelgazamiento es una sobreproducción de comida literaria ligera que acaba, más pronto que tarde, en el contenedor de las sobras. Y muchas veces sin probar.

Y ahí es donde pueden dar con toda esa celulosa las dos cabras del chiste que Alfred Hitchcock le cuenta a François Truffaut en El cine según Hitchcock. Están atiborrándose de rollos de película en la basura de un estudio. Entonces, una le pregunta a la otra:

-¿Qué tal está?

Y su compañera responde:

-No está mal, pero el libro estaba mucho mejor.

No le falta razón a la muy cornuda. Hay en la actualidad demasiada película, pero sobre todo mucha teleserie sobrevalorada por la pamplinada de la crítica y el público, que además de larguísimas son intragables. No extraña que las cabras, aun siendo malo el libro, prefieran el papel al celuloide.

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