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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Tómbola

La política en España hace tiempo que dejó de ser algo sólido con liderazgos y proyectos reconocibles

Lo decía Marisol que, como sabrán los que tenga suficiente edad, no mentía nunca: la vida es una tómbola. Y, ahora mismo, la política en España, una tómbola y una noria al mismo tiempo, por lo que tenemos el país convertido en una ruidosa calle del Infierno. Lo mismo toca ser el chico guapo o la chica guapa de la película y que toda la acción gire en torno a él o a ella como que a las pocas semanas ese mismo rey del mambo se vea convertido en un enfermo terminal, olvidado en la habitación de los desahuciados y sólo vivo gracias a la respiración asistida. Tan pronto se está arriba como abajo, con el premio gordo o con los bolsillos vacíos. Que se lo cuenten, sin ir demasiado lejos, a Juanma Moreno, que pasó en pocas horas de tener redactada en la calle Génova de Madrid su carta de dimisión a ser flamante presidente de la Junta de Andalucía y uno de los dos barones de su partido con peso propio y cuyas opiniones cuentan en la estrategia del PP. O, todo lo contrario, que se lo digan a Susana Díaz, que pasó de ser la gran esperanza de regeneración de la izquierda en España y la favorita de las grandes empresas del Íbex a penar en el Hospital de las Cinco Llagas más pendiente de los difíciles equilibrios internos en su partido y de cómo escapar del terremoto de la sentencia de los ERE que de cualquier otra cosa. Y aunque se podría seguir engordando la lista, detengámonos en Albert Rivera, hasta antes de ayer el niño mimado del centro derecha y del mundo del dinero, y hoy derrotado por sus propios errores y condenado a que su popularidad mediática venga por su condición de novio de Malú.

Todo esto ocurre porque la política en España hace tiempo que dejó de ser algo sólido, con liderazgos consolidados y proyectos reconocibles a medio o largo plazo para pasar a convertirse el algo líquido donde la conveniencia del momento es argumento suficiente para decir una cosa y al día siguiente la contraria. Sólo así se pueden explicar comportamientos como el de Pedro Sánchez, que forzó una repetición electoral para no meter a Podemos en el Gobierno y no depender de los separatistas catalanes en la investidura, y que ahora va a hacer justo eso con un descaro que en tiempos no tan lejanos habría sido imposible. Pero eso ya no le extraña nadie. Ahora todo empieza a ser gaseoso en la tómbola en la que han convertido España. A ver cómo termina esto.

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