EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

¿Sólo Trump dice la verdad?

El "experimento sueco", ¿de verdad pensamos vencer al virus quedándonos sentados en los restaurantes?

Volver a la normalidad en abril es una "ilusión". No podemos permitir que la "cura sea peor que la enfermedad". Terminar la pandemia con 200.000 muertes en Estados Unidos sería "todo un éxito".

Nunca pensé que fuera a escribir bien de Donald Trump. Y sólo hay un poco de cinismo en mis palabras. Reconozco que hemos llegado a un punto de desconcierto e improvisación en la crisis del coronavirus, ¿de verdad tuvimos que escuchar ayer a Pablo Iglesias hablar de la "patria"?, ¿en serio que hemos paralizado todo el país con un decreto maquillado un domingo a las doce de la noche?, que casi prefiero dirigentes kamikazes que nos digan la verdad, incluso por Twitter, que aprendices de estadistas con halos de expertos en la materia.

Más que nada porque la materia se escabulle hasta para los científicos. Estamos en plena plaga vírica, esa epidemia globalmente mortal sobre la que tanto habíamos especulado en la ficción y todavía nos atrevemos a "garantizar" que el curso escolar terminará en Andalucía a mediados de junio según el calendario. Nada será este año como estaba previsto.

China empezaba a relajar las medidas tras una semana sin contagios y ya está dando marcha atrás. ¿Nos extrañamos? Sin una vacuna, un tratamiento y una protección realmente efectivos contra el Covid-19, este capítulo de ciudades vacías que estamos escribiendo por todo el planeta no será más que un parche con que tapar las grietas de nuestro sistema, los agujeros del entramado sanitario y las rendijas de la estructura social. Necesitamos avanzar en todos los frentes, con rapidez y contando con los mejores (científicos no voluntaristas ni chamanes).

Resulta casi cómico: hay países que todavía piensan que pueden batallar obligando a sus ciudadanos a permanecer sentados en los restaurantes, ¡no de pie! (alguien debería tener potestad para sancionar a los artífices del "experimento sueco" como multan si paseamos al perro cien metros más de la cuenta). Resulta desalentador: hemos tenido que encerrarnos todos para darnos cuenta de que el gravísimo problema de la polución éramos todos. Y resultará trágico: hemos decidido bajar la persiana del país, convertir todos los días en domingos lluviosos, para anticipar una salvación que se atisba más dañina que el virus.

Las previsiones más conservadoras ya calculan que las restricciones de la pandemia se traducirán en un millón más de parados sólo en España. ¿Susto o muerte?

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