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Punto de no retorno

El Gobierno se basa en una alianza ideológica frágil, que se sustenta en partidos que sueñan con derrocar el régimen

Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden a nuestros ruegos", decía una frase famosa de Oscar Wilde (está en el segundo acto de Un marido ideal). Lo pensaba el otro día, viendo desde la azotea el panorama de esta ciudad vacía. Recuerdo todas las veces que mi hijo y yo nos quejábamos por la aglomeración de turistas en las calles y por el ruido de los bares y de los cafés. Y de repente, todo eso se ha ido y nos hemos quedado disfrutando de lo que tanto deseábamos: el aire limpio, el silencio ininterrumpido, el melodioso despertar con los pájaros, el final abrupto de la tiranía del despertador… Sí, lo que queríamos por fin ya está aquí. Pero como siempre ocurre, no nos resulta tan agradable ni tan seductor como nos habíamos imaginado.

Para empezar, la amenaza de ruina generalizada es muy real. Sin actividad económica, con las empresas cerradas, con los autónomos comiéndose con patatas la cuota mensual, con el Estado endeudándose aún más para hacer frente a esta emergencia (cuando ya debemos un billón de euros), la realidad económica pronto va a entrar en el terreno de lo apocalíptico. Hay estudios que apuntan a una caída del PIB de un 9%, que son cifras venezolanas. Además, tenemos un Gobierno hecho para la propaganda y el control prodigioso del "relato", pero que ha demostrado muy escasa capacidad de gestión para enfrentarse a una emergencia social y económica. Es evidente que cualquier Gobierno -de derechas o de izquierdas- estaría desbordado por la magnitud de lo que está ocurriendo; eso no lo puede dudar nadie. Pero este Gobierno está construido sobre una alianza ideológica fragilísima, que encima se sostiene con partidos que sueñan secretamente -o más que manifiestamente- con derrocar el régimen e instituir no se sabe muy bien qué (o tirar por su cuenta, tal como pretenden los independentistas vascos y catalanes). Y por si fuera poco, este Gobierno parece empeñado en crear una división insalvable entre la ciudadanía, lanzando a una parte de la sociedad a enfrentarse a dentelladas con la otra. Lo que está ocurriendo estos días en las redes sociales pone los pelos de punta.

En estas condiciones, imaginar un encierro prolongado de varios meses, sin sueldos o con sueldos menguantes y con la población cada vez más angustiada, parece un delirio que puede llevarnos al punto de no retorno.

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