Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

El PSOE de la E

La carrera política de Susana Díaz en el PSOE es una senda de destrozos, un arañazo en el paisaje socialista

La rivalidad entre Susana Díaz y Pedro Sánchez ha sido tan nefasta para el PSOE que está a punto de devorar al propio partido si alguien no sella esta sangría con hormigón armado. Esta batalla, más endogámica que interna, más infantil que adulta, ha requerido de tanta atención que hemos creído que sólo Susana Díaz corre ahora un grave peligro.

¿Y el PSOE? El de España, quiero decir, ese partido superviviente del franquismo, que en 1982 comenzó a poner en jaque a Adolfo Suárez con la victoria de Rafael Escuredo en Andalucía. Durante estos días, hemos ido viendo en el Parlamento hasta qué punto las elecciones andaluzas han levantando la atención en muchos países europeos. No digamos ya en el resto de España, donde el foco mediático está en el sur desde el 2-D.

Y no sólo por la irrupción de Vox, lo relevante es que los ultranacionalistas populistas han aparecido en un feudo histórico del socialismo español. No sólo sale tocado el PSOE-A, sino el partido en su conjunto, que ya no es fuerte en ninguno de sus tres rincones seminales: País Vasco, Cataluña y Andalucía.

A Pedro Sánchez se le habrá hecho un poco más pesada su última visita a Estrasburgo, no es una Luna creciente, sino una estrella sombreada en su hemisferio sur. Quién diría que la definitiva derrota de Susana Díaz iba a traer tales consecuencias para su partido. La dinámica que abrieron Díaz y Sánchez con aquellas primeras primarias en las que fueron juntos es devoradora, terrible, hasta el punto de que la secretaria general del PSOE-A confía ahora, como triste salvación, que el resto de sus compañeros tengan similar suerte el 26 de mayo. El PSOE será una página llena de esquelas, pero algunas serán más grandes que otras.

Susana Díaz no quiso a Rubalcaba; tampoco a Eduardo Madina, no conocía a Pedro Sánchez, pero le sirvió; lo mató, resucitó y ahora ella es la que pierde por segunda vez. Como Juanma Moreno le espetó el pasado miércoles: "¿Y tú me preguntas qué es estabilidad?". Su carrera política es una senda de destrozos que cruza el prado, un arañazo en el paisaje.

Pedro Sánchez habrá vuelto cabizbajo de Francia; sin Andalucía, el PSOE de la E es menos partido, curiosamente ahora que más claro se ha quedado el espectro electoral que va desde el centro a la extrema izquierda, donde los damnificados de las imbecilidades de Pablo Iglesias tratan de salvar sus vidas fuera de Podemos.

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