EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Magaluf, ese sitio

El coronavirus es perverso hasta en esto: crea brechas entre generaciones, algo tan dañino como la pandemia

Los duermevelas pueden producir extraños sueños y pesadillas fugaces. Una cabezada después del almuerzo puede organizarte una historia desquiciada bajo el ventilador de techo. Como en Inception, película en la que Leonardo Di Caprio robaba secretos y claves bancarias tras colarse en el sueño de otros, fue Julia Otero en la radio quien me indujo al íncubo: una noticia sobre desmanes de hordas de gansos británicos en Baleares enturbió mi sueño, hasta el punto de verme rodeado de jóvenes beodos y supervitaminados, vestidos con camisetas y bermudas estrechas, depilados, con músculos tonficados, tatuados, todos con un cuidadísimo estilismo capilar. Un tipo con el pelo más blanco que negro y bastante largo -antes los melenudos eran los inquietantes; ahora es al contrario-, con unas alpargatas de esparto tan de padre de familia, era algo disonante a más no poder, en flagrante fuera de juego. Ni sabría cómo subirse a un coche a dar saltos, ni entendía las canciones que gritaban los mozos. Julia me había radiotransportado a Magaluf. Desperté, y mi corazón latía atónito y disperso (perdone Machado que tome su verso en vano). Di gracias al cielo por estar en mi cuarto. Hubiera preferido ir a vendimiar gratis a Francia a verme una semana en la ciudad del desenfreno estival, apodada por los hooligans Shagaluf (en castellano, Follaluf).

Han vuelto, como el año pasado. El parque temático de la cogorza, el balconing, la bronca, los regueros ácidos en las aceras, el éxtasis en píldoras, el revolcón disuelto en la memoria de la resaca; ese paraíso que todos los años nos muestra las cloacas del turismo -que las tiene, con permiso del PIB- no ha sufrido nada el azote del virus. Ni las decenas de miles de muertos en el país emisor, Reino Unido, y en el receptor, España, han mermado mucho el negocio, que es sobre todo de Abel Matutes, ex ministro de Exteriores de Rajoy y poderoso empresario turístico junto con otros ilustres chuetas baleares. Su empresa Fiesta Hotel Group -ahí lo llevas- ofrece paquetes completos de desfase en la localidad. Cada uno se divierte como quiere, dicen. Pero reconozcamos que muchos jóvenes, y más si están embrutecidos hasta sin colocarse, pasan de los contagios y de los viejos. El turismo vuelve con renovados bríos y con desmemoria de los devastadores meses vividos. Sí, claro, vividos por otros. El coronavirus es perverso hasta en esto: en crear distancias entre generaciones. Algo que se antoja tan dañino como una pandemia. Por cierto, he bicheado una reserva de hotel para el próximo fin de semana en Magaluf. El 90% está agotado.

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