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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Cortázar y la recuperación

El argentino, sin saberlo, ya nos habló de subir en L, en U, en V, o en alguna otra plausible letra rebuscada

Hace una década recibimos un cursillo acelerado o de formato atiborramiento de oca que nos hizo comprender una cosa llamada "prima de riesgo" que, sólo dos años antes, a la mayoría nos hubiera sugerido aquello de "cuanto más primo, más me arrimo". En este nuevo avatar maldito del destino hemos aprendido una lección sobre las descripciones gráficas que los economistas usan para ilustrar las caídas y las salidas en una crisis. La L -miren el sentido de los dos palotes de la letra-, significa caer a plomo, en vertical riguroso, para quedarse abajo, en horizontal, de forma crónica, en un nuevo y deprimido estado de la economía: "a la griega" en la Crisis de 2008, y desde entonces. La U representa también una caída del PIB, quedarse en el fango durante un tiempo -la clave es cuánto tiempo-, para después resurgir vigorosos como las huestes de Ricardo Corazón de León en el renacer de una yerma Inglaterra, cuyos caballos hacían brotar flores con sus cascos al galopar. La V, de victoria y de vendetta contra la crisis, es lo que deseamos: el primer palote supone un desplome oblicuo, grave pero que podría ser peor, y una recuperación también oblicua, pero inmediata y rápida tras tocar suelo la economía, evitando así la pertinaz barriguita de la U. Hay quien predice signos como cuneiformes, que son escaleras con descansillos, subidas y bajadas durante la recuperación.

En sus Instrucciones para subir una escalera, Julio Cortázar abrió sin saberlo nuevos horizontes al alfabeto del renacimiento económico: "...con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a ese plano, para dar paso a una nueva perpendicular (…) conducta que se repite en espiral o línea quebrada hasta alturas sumamente variables". Sostenía en su delicioso juego de rellanos y escalones que las escaleras que se suben de frente, pero después hacia atrás o de costado resultan "particularmente incómodas". También recomendaba mantenerse en la escalada con la cabeza erguida, aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños que vienen, y que la respiración del escalador fuera lenta y regular.

Desde mi ventana, a veces veo flores. En el alto y largo puente que separa el sur de la ciudad donde vivo de las dársenas y, finalmente, del campo, diviso desde hace días camiones y camiones en caravana de hormigas gigantescas. Son brotes verdes, aunque contaminantes: nunca nada fue perfecto. Hace apenas dos semanas, por la noche, sólo se veían las luces azules de los coches de Policía que patrullaban el confinamiento.

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