Carta a la ciudadanía

¿Qué hay de reprobable en que una mujer honesta y trabajadora se especialice en la captación de fondos públicos

Hoy es jornada de reflexión, y tal vez le sorprenda recibir una nueva carta. Pero las circunstancias son tan graves, que me veo una vez más en la obligación de compartir estas reflexiones con usted.

Como ya le dije en mi anterior carta, Begoña y yo sabemos perfectamente por qué nos atacan. Ella es una mujer honesta que reivindica su derecho a trabajar. Tal vez se pregunte usted por qué no habla ella directamente y por qué tengo que hacerlo yo en su lugar. No, no se trata de un caso evidente de mansplaining, como insinúan los fabricantes de bulos, sino que yo mismo me veo en el deber democrático de asumir la defensa de mi esposa maltratada por su condición de mujer trabajadora. ¿Qué hay de malo en que una mujer concienciada decidiera empoderarse? ¿Qué hay de reprobable en que una mujer honesta se especialice en la captación de fondos públicos? ¿Qué mente enferma y totalmente contaminada por el fascismo puede ver algo censurable en esa actividad? Además, mi mujer ha conseguido dirigir una cátedra universitaria sin tener más capacitación que su empeño y su resiliencia. ¿Conoce usted un caso más admirable de superación intelectual? ¿Hay mejor ejemplo que el suyo para todas las mujeres que luchan por hacerse oír en esta sociedad machista donde los hombres condenan a las mujeres al silencio? Le recuerdo que la Cátedra de mi mujer está dedicada a la Transformación Social Competitiva. ¿Y qué es eso, se preguntará usted, tal vez cegado por la propaganda engañosa de la máquina del fango? Se lo explicaré. La Cátedra de Begoña tiene como propósito principal –cito textualmente– “acompañar a las empresas en el diseño e integración de una estrategia de impacto social y medioambiental en su estrategia de negocio, dando como resultado una organización más competitiva y mejor para el planeta”. ¿Ve qué sencillo es? Hasta un fascista podría entenderlo. Le confesaré que en un principio Begoña dudaba sobre el nombre de la cátedra. ¿No sería mejor una Cátedra de Socialización Transformativa Competencial? ¿O una Cátedra de Competitividad Socializadora Transformativa? Pero yo zanjé la cuestión. “No, no. La cátedra será de Transformación Social Competitiva”. Bien, no quiero distraerle más, querido lector y querida lectora. Sólo me gustaría que hoy tuviera presentes estas palabras. Atentamente.

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