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Es la nueva ola de nacionalismos. El británico del Brexit, el de los finlandeses auténticos o el charnego de Rufián. Y acaba de nacer delante de nuestras narices el nacionalismo malagueño. No es broma. En el pleno de esta semana en la Diputación su vicepresidente Francisco Salado, ex alcalde de Rincón, brazo derecho de Elías Bendodo, a su vez brazo derecho de Moreno Bonilla, jefe regional del PP, se ha declarado por seis veces nacionalista malagueño, "en contraposición al nacionalismo sevillano". Así está el patio.

Es cierto que medió provocación. El portavoz socialista, Francisco Conejo, producto genuino de la cantera de Juventudes y número tres del PSOE andaluz, inflama estos debates con discursos populistas. Tres ejemplos. Si Ciudadanos sostiene que no es razonable que cinco instancias se solapen en la promoción turística: ayuntamientos, mancomunidades, diputación, Junta y Gobierno... Conejo les reprocha que están en contra de los servicios públicos. Si el portavoz de C's señala que durante la presidencia del PSOE en la Diputación entraron sin la debida concurrencia, mérito y capacidad personas en una empresa pública, a las que ahora se quiere regularizar... Conejo les responde que den ejemplo de austeridad dejando su escaño. Y si Ciudadanos reprocha que pisos vacíos del ente provincial se alquilen en preferencia a empleados provinciales en vez de servir de viviendas sociales para quien las necesite... Conejo contesta que no está dispuesto a reconocer que los trabajadores públicos sean unos privilegiados. Este es el nivel.

Pues el PP presentó una moción en el pleno del martes, [22 noviembre, está en Youtube], para protestar por las escasas inversiones de la Junta de Andalucía para Málaga en los presupuestos de 2017. La portavoz popular argumentó que Málaga es la provincia que más aporta al crecimiento regional y es la que menos recibe. Ignoro si los dos datos son ciertos, pero Conejo sacó su manual y la acusó de ser una separatista, "¡como los catalanes! Fue entonces cuando el vicepresidente de la Diputación de Málaga entró en el rifirrafe para decir que él y su grupo se declaraban nacionalistas malagueños ante la dejación de funciones del nacionalismo sevillano sobre las necesidades de Málaga (sic).

En resumen, la demagogia populista no es exclusiva de la nueva política, y el cantonalismo español está a flor de piel. Desaparecido el nacionalismo andaluz que representó el PSA/PA, existía el riesgo de que el hueco lo ocupasen partidos localistas. Lo intentó con relativo éxito Juan Enciso en Almería, cuando lo expulsaron del PP. El Partido de Almería sacó un 8% de los votos en las municipales de 2007, seis alcaldías, 61 concejales y dos diputados provinciales. Sólo la policía y la Justicia impidieron su consolidación. El campo está abonado. Un simple pleno de una diputación sirve para ver que sobran privilegios y competencias solapadas y falta sentido común.

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